Logo dominicosdominicos

Blog El atril

Fray Antonio Praena Segura, OP

de Fray Antonio Praena Segura, OP
Sobre el autor


Filtrando por: 2011 quitar filtro

10
Oct
2011
Filosofía para masas
12 comentarios


Aparte del parecido del nombre del filósofo con el de la marca en cuestión, ¿porqué Aristóteles con adidas? ¿Por la comodidad de su pensamiento y su realismo cognoscitivo tan pegado a la pista?

 

¿Hegel con Honda por aquello de la imparable carrera de la Historia, se ponga por delante quien se ponga? Y Heidegger, ¿con Hyundai por lo de la apertura a eso del horizonte del ser, tan del gusto oriental, oye, tan desasidamente leve y alternativo a la onto-"tecnología" occidental? Lo de Nietzsche con Nike estaba claro: esa imagen feroz contra los límites establecidos, ese superhombre propulsado por fosforescentes Nike-Air al olimpo: ...si hay dioses, ¿por que no puedo ser uno de ellos? Lo de Rousseau con la Renault estaba claro teniendo en cuenta la ascendencia franco-helvética de este buen hombre. Pero lo de Wittgenstein con Wilkinson, ¿cuestión de ser un caballero (para con la verdad, claro)?

 

En todo caso estoy en total desacuerdo con lo de Descartes y Decathlon: ¿un señor que ve el mundo y a sus paisanos desde la ventana de su gabinete, sin moverse de su cogitans ego, puede ser el fichaje estrella de una cadena de artículos deportivos? No sé, podían haber puesto a Camus, que fue futbolista.

 

 

 

Ir al artículo

6
Oct
2011
Para que luego digan
3 comentarios

 

 

Un poeta social, místico y cotidiano gana el Premio Nobel de Literatura 2011. Para que luego digan que la poesía social ha muerto. Para que luego digan que la poesía mística no cuenta. Para encontrar el fondo de lo cotidiano más allá de la fácil retórica o antiretórica.

 

Como decía Valente que alguien le dijo, nunca comercies con la poesía. Como recomienda un maestro a los jóvenes vates, búscate un trabajo que te deje vivir sin tener que subsistir de la palabra. Así tus versos serán libres.

 

Y es que, si existe un territorio fuera de territorios, un margen al resplandor más allá de los márgenes; un alegato de independencia para no estar ni que te encuentren donde te buscan los que te buscan mal, para servir mejor a todos desde nadie, incluso desde fuera de ti mismo, para la pura gratuidad más allá de toda retribución, para cumplir el más hermoso voto de castidad, el que devuelve amor a cambio de sus estragos…, está la poesía.

 


Pero, si alguna vez
hasta la libertad es tu negocio,
ponte de nuevo en el camino;
descálzate las botas, cíñete la cintura
y exíliate a la tierra
que nadie ha visto aún.

 

Anónimo impopular

 

Yo tengo ganas de que se lo den a Adonis -mírenlo en este video: compromiso contra complaciente palabrería-, pero lo de Tranströmer también me ha gustado -palabra contra parálisis... de todo-.

 

 

 

Ir al artículo

3
Oct
2011
Miniar tu Facebook
4 comentarios


Leía ayer un artículo de Pérez Reverte en el que, a propósito de su visión de un joven leyendo, dejaba un comentario sobre el futuro del libro. No cree que el libro impreso esté amenazado por las nuevas tecnologías, los ciberlibros, los i-pad y demás nuevas formas de edición.

 

 

Nos gusta sentir en nuestras manos el peso del papel, su tacto; tactar el tiempo, volver a los libros para constatar el paso de los años por las páginas leídas, por los párrafos subrayados. Retornar a aquel que fuimos para reconocer al que seremos.

 

Y añado más. Un libro se presta, se comparte; se palpa, huele a nosotros -mal o bien-. Puede estar, en su individualidad y andadura irrepetible, entre dos manos, uniendo. Nos gusta tangir en volumen y materia algo que ha calado hasta nuestro interior de forma inmaterial.

 

Un libro impreso es al lenguaje lo que a la amistad la presencia y la figura; al pensamiento lo que a una relación el cuerpo y la piel.

 

Y además creo que las nuevas tecnologías y las redes sociales favorecen la lectura y la escritura. Al menos mucho más que recibir de un televisor, sin interacción posible, lo que emita. Mis amigos más canis y mis amigas más yolis ahora leen algo en internet. Antes no leían nada.

 

 

¿No componemos en un chat un diálogo teatral efímero? ¿No realizamos en Facebook un ensayo de edición a través de la palabra escrita, de la imagen y del sonido? ¿No narramos la novela de nuestra vida, aunque sea en una ficción cuya irealidad a nosotros mismos se nos escapa? ¿No ejercen de comentadores, de ilustradores y de minuaturistas quienes escriben, anotan o se atreven a manchar nuestro muro? ¿No nos ha descubierto a un autor una cita vagando por la galaxia interactiva? ¿No es ensayo de interpretación sobre ensayo de interpretación que otros han hecho lo que en cadenas de palabra encontramos -y a lo que nos añadimos- en blogs y en mensajes escritos por aquellos a quienes de otra forma nunca habríamos leído, aquellos que por otro medio quizá nunca habrían enviado un grito suyo o un susurro al cibernético mar de todas las soledades por si alguien, algún día, lo encuentra?

 

Ir al artículo

30
Sep
2011
La herida que llora y salva
1 comentarios


Escribo a la mañana siguiente de ver El árbol de la vida de Terrence Malick. Llevaba más de un año esperándola y, después de tanta espera, quería que fuese un momento especial, con compañía especial –gracias Yolanda y Mª José-. 

 


Así es que aún estoy en estado de gracia –o de insomnio-. No había leído nada sobre ella porque la quería ver en estado virginal y porque mi afición a Malick es ya lo suficientemente grande como para alimentar el fuego. Tras verla he leído el post de Sixto –vecino de blog- y de Moisés –el año pasado compartimos seminario de cine: tú expusiste magistralmente La delgada línea roja- y observo que la escena que más me ha pillado ha pillado igualmente a otros. Es esta:

 

 

 


El origen del Universo tiene forma de vagina y de herida –como en La herida de Cristo/ Arma Christi (anónimo francés) del Salterio de Bonne de Luxemburgo (1345) que ilustra La mirada interior. Escritoras místicas y visionarias en la Edad Media(editorial Siruela) que me regalaron Ana y Javier-. Y, mientras suena el Lacrimosa, las estrellas se deslizan como lágrimas en la pantalla. Y es que, en el fondo, madre, herida, origen nuestro, lágrimas de dolorosa y placenta sideral ya estaban en el surgimiento de todo. Redimiéndonos para que encontremos el camino.

 

Pero ya volveré sobre El árbol de la vida. Porque –¡providencia!- me acaba de llegar esta noticia de muerte, amor y redención: después del terremoto de Japón, cuando los de rescate buscaban supervivientes entre las ruinas de la casa de una mujer, vieron su cuerpo. Les pareció extraña su postura: estaba sobre sus rodillas e inclinada hacia adelante, con el rostro hacia el suelo. El peso de la casa había quebrado su espalda y su cuello.

 

El jefe del equipo de rescate pulsó sus manos para ver si la mujer aún estaba con vida. Pero la mujer había muerto. Él y su equipo salieron de las ruinas de la casa para proseguir su trabajo. Por alguna razón, alguien sintió necesidad de regresar. Puso sus manos bajo el cuerpo sin vida. ¡Un Niño. Hay un niño aquí!. Encontraron un niño envuelto bajo el cuerpo de la madre. Había un mensaje de texto en el móvil de la joven: “Si vives, tienes que recordar que te amo”.

 


Ni tan siquiera sé si la historia es verdadera –más bien dudo-. Pero es que entró en mi correo mientras sonaba el Lacrimosa. Y yo soy un chico fácil...

 

...de lágrima.

 

 

Ir al artículo

23
Sep
2011
De hojas y hombres
6 comentarios

 

 

Comienzo este otoño con Homero:

 

Las hojas y los hombres son del mismo linaje.

 

-versión Luis Alberto de Cuenca, o, si quieren, versión tradicional y contextualizada:

 

Como el linaje de las hojas, tal es también el de los hombres.
De las hojas, unas tira a tierra el viento, y otras el bosque
hace brotar cuando florece, al llegar la sazón de la primavera.
Así el linaje de los hombres, uno brota y otro se desvanece.

Ilíada VI

 

Porque ha pasado un verano más y las hojas de los árboles por el suelo nos recuerdan que la vida fluye y algo muere para que sigamos viviendo.

 

Pisando con sus botas militares las secas hojas se dio cuenta de que no solo hojas y hombres, sino también hombres e historia, son del mismo linaje. Con sus botas militares, también la historia apisona nuestros cuerpo en su avance. Y, aunque esta idea le pareció fatalmente hegeliana, algo de verdad había en ella.

 

Y aquí estamos. Un otoño más viejos, con ese rictus que la madurez nos deja y nos hace más guapos (todavía).

 

Al fin y al cabo, la esperanza cristiana también aporta algo a los otoños, los nuestros, los de cada uno. Es una fuerza sed contra que nos evita tomarnos demasiado en serio estos pensamientos dialécticos, otoñales, hegelianos… para saber que nada es cierto cuando es triste. Los teólogos lo llaman reserva escatológica. A las claras: nada se pierde, demasiado, mientras tanto… todavía.

 

Ir al artículo

17
Sep
2011
El público
7 comentarios


Me envía mi vecino de blog, Martín, unas páginas que ha considerado de mi interés. Se trata de unos párrafos del libro La estrella de la redención, de Franz Rosenzweig, en los que se aborda la relación de la obra de arte con el público:

 

 

“¿Quién tiende, pues, el puente entre la obra y el autor?... ¿Quién es entonces el que tiende el puente por el que la obra se traslada desde su aislamiento desamparado a un espacioso hogar humano del que ya no puede ser arrancada y en donde coincide con muchos semejantes suyos que allí viven juntos perdurablemente? Este lugar en que las obras fundan una existencia ancha, viva y perdurable en lo bello (…) es el espectador.”

 

Una obra de arte, sea el artista consciente, lo pretenda o no, es un acto de comunicación y no hay comunicación sin receptor. Por eso se expone un cuadro o se publica un libro:

 

“Sólo al espectador le habla. Y sin el espectador carecería de efectos duraderos en la realidad. Produciendo lienzos pintados, piedras esculpidas y hojas escritas no es como pasa verdaderamente el arte a la vida real… Para pasar a la realidad debe el arte recrear hombres”.

 

Coincido con la experiencia que Rosenzweig constata. Durante 4 años se me ha ido cuajando un poemario y ya siento la necesidad de desprenderme de él. Tengo dos ofertas de publicación por parte de instituciones públicas. Pero, buscando llegar a más lectores, quizá intente buscar alguna editorial con cierta distribución. De todas formas ya sé lo que me espera, pues, respondiendo a mi pregunta sobre cómo mejorar el libro tras su paso el pasado año por un famoso premio, me decía la miembro de un jurado: “mira, desengáñate, se puede hablar de todo, de Buda de Mahoma y de Lao Tse, pero de Cristo ni se te ocurra. Yo lo publicaba sin cambiar una coma, pero si lo vas a enviar a algún premio más, disimula lo que eres, porque, además, los ánimos están crispados”.

 

Lo paradójico es que el libro no es religioso. Habla del amor en todas sus vertientes con un lenguaje completamente contemporáneo, cercano a voces que no serían del agrado de quien espere “algo religioso”.

 

De ser cierta la observación que me hacían, la aspiración comunicativa que durante 4 años se ha concentrado en este libro tendría que frustrarse… o traicionarse.

 

Sin embargo estoy feliz en esta situación. Algún crítico y algún poeta de los que más admiro se han mostrado entusiasmados con el libro.

 

Ahora he de asumir la decisión que sin querer ya ha sido tomada dentro de mí. Y, lo mejor, durante estos años he pasado una vez más por lo que dice Rosenzweig:

 

 


“Si bien es cierto que uno puede ser hombre sin hacer poesía, solamente puede llegar a ser hombre si hubo una vez en que se dedicó a hacerla”.


Ir al artículo

13
Sep
2011
Oh, mia patria, si bella e perduta!
9 comentarios

 

El pasado 12 de marzo Italia festejaba el 150 aniversario de su creación y en esta ocasión se representó en Roma la ópera Nabucco, de Giuseppe Verdi, dirigida por el maestro Ricardo Muti.



Nabucco evoca el episodio de la esclavitud de los judíos en Babilonia y el famoso canto Va pensiero es el canto del coro de esclavos oprimidos. En Italia este canto es un símbolo de la búsqueda de la libertad.



Antes de la representación, Gianni Alemanno, alcalde Roma, subió al escenario para pronunciar un discurso en el que denunciaba los recortes del presupuesto de cultura que estaba haciendo el Gobierno, a pesar de que Alemanno es miembro del partido gobernante y había sido ministro de Berlusconi. Esta intervención del alcalde en presencia de Berlusconi, que asistía a la representación, produjo un efecto inesperado.



Ricardo Muti declaró al Times: "La ópera se desarrolló normalmente hasta que llegamos al famoso canto Va pensiero. Inmediatamente sentí que el público se ponía en tensión. Hay cosas que no se pueden describir, pero que uno las siente. Era el silencio del público el que se hacía sentir hasta entonces, pero cuando empezó el Va pensiero el silencio se llenó de verdadero fervor. Se podía sentir la reacción del público ante el lamento de los esclavos que cantan: Oh patria mía, tan bella y tan perdida. Cuando el coro llegaba a su fin, el público empezó a pedir un bis, mientras gritaba "Viva Italia" y "Viva Verdi".

 

"Yo no quería sólo hacer un bis. Tenía que haber una intención especial para hacerlo" - dijo Muti -. En un gesto teatral, Muti se dio la vuelta, miró al público y a Berlusconi a la vez y se oyó que alguien entre el público gritó: "Larga vida a Italia!". Muti dijo entonces:



"Sí, estoy de acuerdo: "Larga vida a Italia", pero yo ya no tengo 30 años, he vivido ya mi vida como italiano y he recorrido mucho mundo. Hoy siento vergüenza de lo que sucede en mi país. Accedo, pues, a vuestra petición de un bis del "Va Pensiero". No es sólo por la dicha patriótica que siento, sino porque esta noche, cuando dirigía al Coro que cantó "Ay mi país, bello y perdido", pensé que si seguimos así vamos a matar la cultura sobre la cual se construyó la historia de Italia. En tal caso, nuestra patria, estaría de verdad "bella y perdida".



Muchos aplausos, incluidos los de los artistas en escena. Muti prosiguió.



"Yo he callado durante muchos años. Ahora deberíamos darle sentido a este canto. Les propongo que se unan al coro y que cantemos todos el "Va pensiero".



Toda la ópera de Roma se levantó. Y el coro también. Fue un momento mágico. Esa noche no fue solamente una representación de Nabucco.



En el enlace siguiente se puede vivir ese momento de emoción.

 

 

Ir al artículo

9
Sep
2011
La gravedad y la manzana
4 comentarios

 


Los días de verano son propicios para releer libros que nos habían dejado un buen sabor de boca. Lo he hecho con La gravedad y la manzana, un poemario de Beatriz Villacañas por el que consiguen abrirse una ventana hasta nosotros el corazón, le belleza, la inocencia, la sabiduría, la lucidez de la pasión, la gravedad de la verdad, la gravidez del alma.

 

 

Nos abren su luz no sólo para que la disfrutemos, sino para transformarnos y llevar nuestro más profundo a un grado de mayor conciencia que, paradójicamente, acrecienta en nosotros la experiencia y la sed del misterio.

 

En efecto, para Beatriz Villacañas la poesía es conocimiento revelado, un conocimiento que va más allá de lo exclusivamente racional, que es al mismo tiempo idea y emoción. La poesía -nos dice Beatriz- no se dosifica en etapas de aprendizaje: se revela toda entera, es epifanía. La poesía no explica el mundo, da fe de su misterio. La más hermosa paradoja es que, cuando la palabra se acerca al misterio, se puede producir un destello de conocimiento, la epifanía que nos muestra que todo lo revelado proviene de un secreto original.

 

Alcanzada por ese destello es como puede ser, en un mismo acto, revolucionaria y poeta:

 

 

MANIFIESTO REVOLUCIONARIO

 

Devolver a las palabras
la verdad que alguna vez tuvieron.
Caiga
quien
caiga.

 

MANIFIESTO POÉTICO

 

Devolver a las palabras
la verdad que alguna vez tuvieron.
Caiga
quien
caiga.

 

 

Por lo tanto, Villacañas ya no le tiene miedo a adentrarse por el camino de las afirmaciones absolutas, pues sabe y nos hace experimentar que estas, cuando son palabra verdadera, no hacen sino abrirnos más a un horizonte que nos abrirá más a un horizonte que, a su vez…:

 

Mientras la vida acosa, fructifica.
Sabiduría es llegar a un acuerdo con la propia angustia.

 


Villacañas nos pone en la vida como eternos novicios:

 


Novicio franciscano,
joven monje
que se asoma al umbral y ve la muerte
sonriéndole al fin
como su madre.

 

 

…quizá porque es la muerte transustanciación para aquellos que han sabido dejarse amar:

 

(…) Llegará el tiempo, el instante,
en que este cuerpo nuestro se marche de nosotros,
y, así,
nos convirtamos
en lágrimas de aquellos que nos aman.

 

 


Agradezco a Beatriz el regalo que nos hace con este libro único en belleza, en fondo y en misterio. Y a todos ustedes se lo recomiendo encarecidamente.

 

 

 

 

Ir al artículo

5
Sep
2011
Finales de agosto, principios de septiembre
1 comentarios

Algunas narraciones, especialmente algunos guiones cinematográficos, contienen finales intermedios. La historia que se narra parece terminar y, en un momento dado, parece que asistimos al desenlace de una trama o al punto en que algo se explica y cobra sentido. Es algo así como un punto de fuga que nos hace comprender aspectos que hasta ese momento resultaban misteriosos o permanecían como elementos inconexos. Pero no son más que falsos finales o finales requeridos en orden a intensificar el verdadero desenlace.

 

 

El avance de la trama, si está bien contada y el alto riesgo de seguir esa senda no va a dar en el fracaso, nos mostrará que hay "algo más" que integra ese falso final y esa comprensión que hasta el momento nos parecía –o no- medianamente convincente. Este elemento dará a la obra mayor profundidad, la redefinirá incluso en cuanto a género si es preciso.

 

En la vida ocurre algo así. Los finales suelen ser parciales, interinos, porque y mientras la vida continúa. Y, para colmo, nuestra historia es una historia imbricada en otras. Y, además, forma parte de una totalidad.

 

Pienso en ello mientras preparo un curso de escatología. Sin duda el momento de nuestro nacimiento es un punto de fuga necesario para comprendernos. Pero el punto final, el de nuestra muerte, no es más que un punto entre puntos suspensivos.

 

Me di cuenta recientemente de que en mi poesía está presente esta realidad al tener que explicar ante un grupo de oyentes porqué en mis libros el último poema suele titularse “prólogo”. El final es un principio que abre nuevamente el libro. El final relee el principio y abre nuevos sentidos. El principio, además, sólo es percibido como tal desde una cierta conciencia de final. Comenzamos cuando, quizá, hemos llegado al final de algo, a un final intermedio del que desconocemos todo hasta que consigue abrirse paso a través de la escritura o cualquier otra forma de comunicación.

 

Este video de Sigur Ros –la proximidad del otoño me pone muy Sigur Ros- me lo ha recordado. En cierto modo ha servido de final intermedio a una serie de pasos que estaban ahí también inconexos, raros, casuales… aunque no tanto.


Ir al artículo

2
Sep
2011
Volver
3 comentarios

 

 


Józef Baran ha explicado en qué consiste para él la diferencia entre lo intelectual y lo espiritual en el ámbito de lo poético expresando, a la vez, su fe en un principio ordenador del mundo. Ha clasificado a los poetas en dos tipos: los brujos y los magos. Según él, los primeros transforman el mundo en un cruel relato sobre el absurdo de la existencia y aterrorizan a sus lectores con casi cualquier cosa. Los segundos, en cambio, convierten el mundo en una totalidad llena de sentido y dejan un espacio a la esperanza creadora.

 

Baran expresa en primera persona esa especie de vida múltiple que, si es cierta en cada hombre, lo es más en el poeta: cada amanecer/ me subo en seis trenes al mismo tiempo/ y me marcho en seis direcciones distintas.

 


Pienso en ello estos días de vuelta a la rutina porque tengo la impresión de encontrarlo todo y a mí mismo no en el punto en que lo dejé sino bastante más atrás. Y no sé si son seis exactamente los trenes en que viajo, pero lo cierto es que transcurro en varios lugares diferentes y en múltiples vidas extrañas entre sí.

 

El reencuentro con personas a quienes quiero. La vuelta a los paisajes de mi infancia, los de siempre, los que llevo en la sangre, convive con el descubrimiento de nuevos lugares. La constatación del paso del tiempo en los rostros que no contemplaba desde no sé cuando se superpone a los ojos cuyas miradas han madurado en direcciones que no me habría atrevido a imaginar. Los cuerpos que han crecido y los cuerpos que han menguado. Darme cuenta de cuántas cosas he olvidado y cuántas cosas que no eran importantes han pasado a serlo. Descubrir que son ya caminos cegados las que pensaba eran las avenidas de mi biografía…

 

Ando a la espera del momento en que los mundos diferentes en que he estado y aún me encuentro estos días confluyan en un horizonte de sentido y, a ser posible, se hagan palabra más o menos pronunciable. Desearía ser un mago como el descrito por Józef Baran. Pero eso sólo se recibe como don.

 

De momento, estoy aquí: esto es volver. Y no tengo la frente marchita. De momento.


 

Ir al artículo

Posteriores Anteriores


Suscripción

Suscribirse por RSS

últimos artículos

Archivo