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Fray Antonio Praena Segura, OP
Antonio Praena Segura es dominico. Nació en 1973 en Purullena, Granada. Actualmente, como una dimensión más de su predicación, se dedica a la enseñanza e investigación teológicas en la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. Allí ha impartido también algún seminario sobre fe y cine contemporáneo.
Ha sido seleccionado en alguna antología poética, como 12 voces al sur y Las afinidades electivas. Ha recibido alguna distinción por su poesía, como el Accésit del Premio de Poesía Iberoamericana Víctor Jara por su obra Humo verde. Ha sido varias veces finalista de premios como el Adonais y el de la Academia Castellana de la Poesía.
En el 2006, su poesía Poemas para mi hermana ha sido reconocida con un Áccesit del premio Adonais. En la actualidad, prepara un nuevo libro.
miércoles, 09 de mayo de 2012
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El poeta y sacerdote Nicaragüense Ernesto Cardenal es el flamante ganador del Premio Reina Sofía de Poesía que concede Patrimonio Nacional y la Universidad de Salamanca en reconocimiento a toda una vida dedicada a la poesía.
La ocasión me recuerda, en otras coordenadas, a la concesión hace unos años del Premio Príncipe de Asturias al dominico Gustavo Gutiérrez, fundador de la teología de la liberación. Y me lo recuerda porque, en los dos casos, nos muestra cómo el mundo de la cultura reconoce la aportación del pensamiento y la obra de personajes a quienes, desde algunos sectores de la Iglesia, se ha desautorizado y minusvalorado.
Quienes me conocen saben que no estoy ni a favor ni en contra de la teología de la liberación, sino receptivo de sus necesarios subrayados y sus urgentes denuncias y llamadas al compromiso real, así como partidario de repensar sus desviaciones ideológicas o pseudo-científicas.
Me permito esta vez hablar sin demasiados matices porque quien quiera entender bien entenderá bien y quien quiera entender mal entenderá mal. Sabemos que algunas veces los argumentos sirven para justificar nuestras previas posturas vitales y nuestra resistencia a dejarnos interpelar por el Evangelio. Me refiero al método utilizado sutilmente muchas veces para, argumentando contra aspectos no sustanciales y discutibles, desautorizar la totalidad y la esencia de un trabajo o una reflexión que es esencialmente urgente, necesaria y mucho más cercana al Evangelio y su verdad que las posturas desde las que se la desautoriza.
Contaré una anécdota. Asistía a los cursos de verano de una universidad. El tema de las ponencias era la teología del siglo XX. Se habían encargado las intervenciones a solventes teólogos. Un bloque del curso estaba dedicado a teólogos destacados del pasado siglo. Un teólogo, una conferencia y un conferenciante diferente. Se preveía que la dedicada a Gustavo Gutiérrez podría generar rechazos. Por ello los responsables del curso se la habían encomendado a un teólogo fuera de toda sospecha de ideologización, de edad y trayectoria más que sólida y de carácter conciliador, afable y divertido, mosén Rovira Belloso –a quien tanto debemos los profesores de Trinidad-. Mosén hizo una exposición equilibrada en la que subrayaba las aportaciones y retos planteados por la teología de la liberación. Su tono había sido el de un abuelete que no quería abrumar con demasiados datos, citas o planteamientos sesudos.
En el momento de las preguntas, un asistente que hoy ocupa un puesto de gran responsabilidad señaló que el ponente había obviado el documento en el que el papa condenaba la teología de la liberación. El talante de Rovira brilló aquí; dejó de lado el tono vago, y de su cansada memoria rescató literalmente el siguiente texto de la Instrucción Libertatis Nuntius:
La llamada de atención contra las graves desviaciones de ciertas «teologías de la liberación» de ninguna manera debe ser interpretada como una aprobación, aun indirecta, dada a quienes contribuyen al mantenimiento de la miseria de los pueblos, a quienes se aprovechan de ella, a quienes se resignan o a quienes deja indiferentes esta miseria.
También nos recordó lo que en teología se entiende por “proposición teológica trascendental” para señalar que numerosos documentos eclesiales sólo señalan las posibilidades de viabilidad o los límites que hacen inviable una proposición sin desestimar que, teniendo en cuenta esas posibilidades “trascendentales”, no puede afirmarse “categorialmente” la inviabilidad de una propuesta.
En claro: que se tome lo hay que tomar y se deje lo que no se puede tomar. Y que no tomarlo, una vez se ha reconocido su necesidad, es una grave falta de responsabilidad teológica y pastoral, así como de teologal caridad.
Mosén nos dejó atónitos.
Y todo esto venía a propósito del reconocimiento civil de la obra poética de Ernesto Cardenal con uno de los premios más importantes de la esfera literaria. Ah: se sabe que este año también ha quedado muy cerca de obtener el Cervantes. Quién sabe.
martes, 01 de mayo de 2012
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Me gusta este tipo de presentaciones que se pueden hacer con estos programas informáticos y una sencilla dosis de creatividad. Llegan bien, son pedagógicas, directas y divertidas. Lo serio no tiene por qué estar reñido con lo divertido. Antes bien, ponernos muy solemnes puede esconder a veces la realidad de no haber captado el profundo mensaje de alegría y sencillez que hay al fondo del Evangelio.
Sigo pensando que uno de los aspectos que más delatan la experiencia de fe y su relación con el mundo en que vivimos es su forma de representación artística y, desgraciadamente, si echamos un vistazo al reciente panorama, encontraremos desagradables sorpresas: vuelven a estar de moda imágenes de Jesús empapadas de almíbar, de afectación. Algunas hasta la cursilería. Ni el siglo 19, con toda su escayola, dio imágenes tan malas.
Al contemplarlas uno siente que prefiere las imágenes del barroco, esos cuadros, conjuntos y tallas que llegaron a expresar profundamente muchos de los misterios de Jesucristo. Pienso en Velázquez, en el Greco; en las esculturas de los Mora granadinos, en Martínez Montañés, en Mena, en Mesa y hasta en Salzillo. Sí, sí, ya sé: son tridentinas, barrocas hasta la médula. Pero, ante las actuales imágenes de Cristos rubios, acaramelados, de piel tersa y labios repintados, pestañas rimeladas y auras sobre fondos “al aerógrafo”, las prefiero. Al menos supieron plasmar en una obra maestra el temblor humano transido de divinidad que se encuentra en los momentos fundamentales de la vida de Jesús. Y el aún refrendo del pueblo, incluso de personas no creyentes, manifiesta que estos maestros supieron representar la humanidad profunda que se encuentra en la divinidad más honda. Esos artistas habían aprendido de Grecia, de Roma, de la calle, de los iconos de Oriente. Los de ahora parece que sólo han practicado con photoshop.
Esas imágenes que hoy en día se reproducen profusamente en postales y pósteres me hablan más de un pietismo individual y fácil, cómodo y alienado, ni humano ni divino. Ni dialogan con la tradición del arte ni con sus nuevos lenguajes. No les encuentro ni entrañas divinas ni tripas humanas.
Pero, tratando de sacar provecho de estas cosas, diré al menos que nos ponen ante los ojos –y nunca mejor dicho- la forma en que a veces nos relacionamos con Jesús e interpretamos el misterio del ser humano a la luz del misterio de Dios.
domingo, 29 de abril de 2012
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Objetivo cumplido. Me había propuesto encerrarme este fin de semana para terminar un libro y la cosa ha ido mejor de lo que esperaba. A diferencia de otras veces en las que nunca tienes la impresión de haber acabado, esta vez, extrañamente, parece que todo ha favorecido e, incluso contra la recomendación de mi prudencia, siento que ya está y que el libro finalmente, él, no yo, manda y dice lo que quiere y él mismo se completa.
Parece una tontería, pero para mí este momento no suele ser fácil. Es el momento de decantar, de elegir con decisión qué se queda y qué no, de esperar que encaje el ritmo con las menos alteraciones posibles para la respiración, de acertar y tener la suficiente determinación para sacrificar lo que tiene que ser sacrificado, de volver a abrir las puertas del momento en que vino un poema, de cerrar esas puertas, de volverse contra uno mismo y exigirse cuentas desde un criterio desapegado al lado más “yoísta”, de reirse de las pequeñas heridas de donde nacieron aquellos versos.
Espero que no suene pedante, pero la exigencia en el arte es una guerra con uno mismo. Especialmente para que la mala influencia que uno es altere lo menos posible el trabajo.
Así es que esta encerrona ha llegado a buen puerto. No ha sido tan traumático. Es, finalmente, un libro mejor porque hay menos de su autor en él. Ninguna parte de mí ha tenido que hacer grandes traiciones a otra. Sin embargo –y eso que no soy nada dado a interpretaciones providencialistas ni a encontrar “signos” extraños en ningún lado- en un momento del medir y del pesar, la palabra 38 y sólo la palabra 38 era reclamada en un verso. Casualmente, al hacer recuento final, son 38 los poemas que han entrado en este poemario. También son 38 los años que tengo. Tonterías.
lunes, 23 de abril de 2012
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Hoy se celebra el día mundial del libro. En España la celebración se hace coincidir con la entrega del Premio Cervantes, el más destacado galardón de las letras hispánicas, que este año ha recaído en el poeta antipoeta Nicanor Parra.
En algunos lugares de nuestra geografía existe la costumbre de regalar rosas y libros por el día de hoy. No sé yo si la crisis mermará la venta de libros. En todo caso tenemos la fortuna de poseer una de las redes de bibliotecas más importantes del mundo y deberíamos aprovecharla. Porque leer es también una forma de no sucumbir a la crisis. Leer es hablar con otros y hasta en la historia de las religiones la centralidad del libro y de los libros sagrados nos recuerda que leer es también hablar con Dios, dejar que él nos hable y hasta dejarnos leer por Dios.
Sí. Dejar que Dios nos lea, porque es bueno recordar que, como se ha dicho a propósito de la Biblia, en ella no sólo leemos sobre Dios sino sobre el hombre, sobre nosotros mismos, tal como Dios nos lee. Nunca será suficientemente recordado que, al menos en las grandes religiones del libro, el conocimiento de Dios (leamos esto también como un genitivo subjetivo: el conocimiento que Dios tiene de sí mismo y de nosotros y nos quiere compartir) se confía a lo que leemos en un libro.
Independientemente de nuestras creencias o increencias, no debería pasar desapercibido el respaldo sagrado que con este acto se da a la lectura y a los libros. Al menos en la tradición dominica este hecho no ha pasado ni puede pasar nunca desapercibido. Los libros son lo más valioso que puede haber en un convento dominico. Ese afán por buscar una verdad siempre abierta nos lleva a valorar cada libro, todo tipo de libros. Y hasta –como por ejemplo hacía Fray Luis de Granada- hemos acuñado la metáfora del libro para hablar de la creación y mirar así el mundo, la belleza y perfección del cosmos, la articulación de la realidad, como un gran relato: el gran libro de Dios escrito en el cosmos.
Comparto este video de animación a la lectura. Aunque al final aparece la publicidad de una editorial, creo que vale la pena por su originalidad y su formato.
martes, 17 de abril de 2012
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Durante los días de Semana Santa escribí unos post que, por unas razones u otras, no tuve ocasión de colgar. Lo hago en estos días.
Los amigos de Jesús en Jueves Santo
No quiero reducir el contenido del misterio de la institución de la Eucaristía a una simple cena con amigos. Pero no quiero olvidar que el misterio más importante que celebramos los cristianos transcurre y se instituye en el marco de una cena de Pascua que Jesús ha deseado “ardientemente” celebrar con sus amigos.
Desde mi humilde opinión, una de las grandezas de los sacramentos cristianos reside en que integran en sí el contenido humano, mundano y material de la vida convirtiéndolo en sacramento, don de Dios, sin perder nunca su dimensión humana, mundana y material. Con ello las dimensiones de la vida humana -el pan, el agua... la amistad-, lejos de quedar reducidas o anuladas, quedan engrandecidas asumidas al misterio sacramental en el que el mismo Cristo nos da su gracia plena.
Y así, el marco de la Última Cena es una comida Pascual de Jesús con sus amigos. Quiero subrayar lo de “sus amigos”.
Jesús sabe que la mayoría de los discípulos no han captado aún el calado de su mensaje, signos y misión. Pero son sus amigos. Sabe que uno de ellos anda trajinando para traicionarlo y venderlo. Pero son sus amigos. Conoce, de andar noche y día juntos, los debates que se traen en torno a quién es el más importante entre ellos. Pero son sus amigos. No se le escapa la cobardía del líder. Da igual: son sus amigos. Lo van a dejar sol en el momento de la violencia, la injusticia y la muerte, pero son sus amigos.
Creo que esta realidad no es despreciable a la hora de captar la profundidad del gesto de lavar los pies por parte de Jesús a los discípulos y de dejarles su presencia entera en los signos del pan y el vino. Tanto más profundo es el amor cuanto menos espera retribución o agradecimiento. Es más libre y generoso.
jueves, 29 de marzo de 2012
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Creo en el compromiso del poeta con los problemas de este mundo. Por más que a veces sea necesaria la distancia para poder ver con una cierta perspectiva, para poder aportar una mirada diferente, para encontrar otros caminos, no creo en la reclusión del poeta en una torre de marfil: además de ser imposible -porque la materia del poeta es el lenguaje y el lenguaje es algo recibido de los otros y fuera del mundo ya no es lenguaje- me parece un gesto suicida de extrema ingratitud. Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis. Implicadlo, complicadlo, como implicó y complicó su vida la Palabra fontal de todas las palabras.
Creo también que ese compromiso ha de realizarse en plena libertad. No creo que la libertad del artista sea superior a la de cualquier otro ser humano, pero sí reclamo para él el ejercicio de su propio don –como reivindico el ejercicio pleno del don de aquel que se dedica a curar, a reparar coches, a programar ordenadores…- tal y como ha sido recibido. Es decir: anticipándose por vías propias –las vías del arte no son las del pensamiento, ni las de la ciencia, ni las de la economía...- a los acontecimientos del mundo del que forma parte, al que debe servir y en el que ha de respetar y fomentar las libertadas de los otros en el marco del bien común.
En este sentido creo que una buena parte de la función del poeta es denunciar el abuso de las palabras en el marco de la comunidad humana. El poeta no es guardián de la palabra sino siervo de ella.
Hoy me implico con la palabra humildad. Creo que palabra y realidad, significado y significante “humildad” son demasiadas veces maltratados y abusados.
No son más humildes quienes caminan con el cuello doblado para colarse en la vida de la gente. No es humilde tampoco quien rechaza el diálogo en terreno adverso. No puede la palabra humildad convertirse en instrumento político: arma de doble filo, acaba cortando la seda del guante y dejando a la vista la mano de hierro que se esconde detrás. De no ser cierta, la palabra humildad vuelve contra el no humilde las afinidades que le granjeó. No se presta la humildad a campañas publicitarias. No es la humildad una renuncia a los talentos recibidos.
jueves, 22 de marzo de 2012
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Este blog no es personal. Nació para abrir una ventana al mundo de la cultura desde la que asomarse con los ojos de la fe (y viceversa). Pero permitidme hoy narrar uno de mis últimos viajes, a Dublín, ciudad literaria donde las haya.
Acudí la semana pasada invitado por el Instituto Cervantes a realizar una lectura de poemas. Era un viaje relámpago y no había tiempo para el turismo. Tampoco hacía falta, porque la ciudad la conocía bastante bien de cuando viví en ella un intenso mes de julio. Cada día, al salir de la academia de inglés, visitaba un lugar diferente.
Así es que no llevaba más planes que realizar el trabajo –y devoción- para el que había acudido. Y es, sin embargo, en esas circustancias cuando las cosas más te sorprenden. Lo cuento. Asomé mi nariz al patio del Trinity College y vi que había una exposición sobre el libro de Kells. En ella se presentaban otros libros de la misma época, no tan famosos pero igual de interesantes y bellos, y se explicaba cómo la cultura clásica se conservó y transmitió a lo largo de toda la Alta Edad Media en los monasterios Irlandeses desde donde, tras una época muy oscura, pasó de nuevo a la Europa continental.
Al acabar mi lectura alguien pidió que recitara algún poema más. De repente recordé que Francis Bacon había nacido en Irlanda y que, ya que murió en Madrid, ciudad a la que solía acudir porque era un enamorado de la pintura española así como un obsesionado con Velázquez, sería una bonita ocasión para leer el poema “Mi vida según Bacon”, que escribí apuradamente sobre el folleto de la retrospectiva que el Prado le dedicó hace unos años.
Tras la lectura, como era de rigor, unas Guiness en el pub de enfrente. Allí alguien me dijo: "¿Sabes que el estudio de Bacon está aquí, en Dublín?" Otra de las sorpresas con las que no contaba, más aún cuando comprobé que la Galería Municipal de Dublín se encontraba a pocos metros del lugar en donde me hospedaba.
Incumplí mi promesa de nunca más ser un mitómano y madrugué a apurar allí las pocas horas restantes antes de tomar el avión de vuelta a España. Y cometí un delito: estaban abriendo el museo. Los vigilantes se andaban colocando sin demasiada prisa por las salas. En el lugar reservado a Bacon -donde se había colocado su estudio traído pieza por pieza desde Londres y digitalizado al milímetro en esa fiebre de endiosamiento del arte que caracteriza a nuestro tiempo- estaba yo solito. Así es que tomé la cámara prestada que llevaba e hice algunas fotos –sin flash, eso sí: mi delito no deteriorará el patrimonio artístico dublinés-.
En el suelo del caótico estudio hay láminas de Velázquez manchadas de pintura. Hay un gran espejo redondo como una pupila. En él se miraba mientras pintaba. Hay dolor en Bacon. Su pintura grita. Él pintaba mirando a Velázquez y a sí mismo en una otra como pupila inmensa. Yo escribí un poema mirándolo a él. Y no sé por qué cuento todo esto. Bueno sí: el arte comparte con la vida el hecho de ser continua referencia a otra cosa. Nos miramos mirando a aquellos que antes miraron a otros. Y ay de quien cierra los ojos y cree alcanzarse contemplándose a sí mismo. Mirar es ya trascender, aunque sea al misterio del dolor.
PD: como en estos viajes solitarios uno no tiene frente a sí los ojos de nadie en quien mirarse, yo me miré en el espejo que hay al otro lado de la pared del espejo de Bacon. La escena es duchampiana. Y ocurre lo que ocurre: cuando uno se mira en solitario sale borroso. No la pongo, pero está en Facebook.
domingo, 11 de marzo de 2012
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No es frecuente encontrar en jóvenes poetas una palabra libre de complejos, prejuicios y miedos a lo políticamente incorrecto al abordar la figura de Cristo.
Javier Gato, un joven poeta que se declara abiertamente católico, mira desde una perspectiva poética la palabra descarnada sobre la crucifixión que encontramos en Blanca Varela quien, a su vez, aborda ecfráticamente la obra pictórica de Francis Bacon.
Ante el cuadro Crucifixión de Bacon, Varela escribe el poema Ternera acosada por tábanos:
podría describirla
¿tenía nariz ojos boca oídos?
¿tenía pies cabeza?
¿tenía extremidades?
sólo recuerdo al animal más tierno
llevando a cuestas
como otra piel
aquel halo de sucia luz
voraces aladas
sedientas bestezuelas
infamantes ángeles zumbadores
la perseguían
era la tierra ajena y la carne de nadie
tras la legaña
me deslumbró el milagro mortecino
la víspera el instinto la mirada
el sol nonato
¿era una niña un animal una idea?
ah señor
qué horrible dolor en los ojos
qué agua amarga en la boca
de aquel intolerable mediodía
en que más rápida más lenta
más antigua y oscura que la muerte
a mi lado
coronada de moscas
pasó la vida.
Y ante el poema de Varela y el cuadro de Bacon comenta Javier:
Las preguntas iniciales constituyen un ubi sunt?: pregunta por órganos del animal que aluden a los sentidos (“nariz ojos boca oídos”). El cadáver es de ternera y no de vaca: la ternera al morir en plena infancia ha interrumpido el orden natural de la vida. Los pies y la cabeza sobre los que pregunta si faltan remiten también a la violencia: la decapitación y mutilación de los pies son un atentado brutal y simbólico contra la identidad del individuo. (…) En este poema encuentra la poeta al verdadero Cristo, a la carne torturada que “lleva a cuestas” a los tábanos. El objeto que intenta describir y no puede (porque la muerte no puede describirse) está implícito en el poema (…). El cadáver, desprovisto de los órganos de los sentidos y de pies y cabeza, ya es “carne de nadie” y “tierra ajena” porque ha perdido la identidad y es totalmente anónimo. La contemplación del cuadro le produce empatía, temor, compasión y fervor (“ah señor”): siente la amargura en la boca como los ascetas y la carne muerta de la ternera es glorificada y santificada, pues los tábanos son los ángeles que la coronan. La representación de la carne muerta evoca a la vez el paso de la vida: se trata de una postrimería en que reflexiona sobre la inestabilidad y fugacidad de la existencia.
Traigo esta imagen, este poema y el comentario de Gato -que a mí me recuerda a los cantos del Siervo Doliente de Isaías- porque creo que el arte sigue encontrando en la imagen del crucificado un lugar en el que las inquietudes todas del artista, los dolores todos del ser humano, se abren e invitan a detenernos y a enfrentarnos al misterio del dolor, de la violencia y de la muerte.
Sin ello, sin atreverse a mirar esta realidad sobre la cual tantas veces la cultura nos invita a pasar de largo, quedaría nuestra existencia privada de calado y de hondura. No en vano creo que quizá esa es una de las razones por las que buena parte del arte y de la poesía contemporánea carece de calado, hondura, misterio, pasión… Y, además. no dejan huella.
Felicito a Javier Gato por su ausencia de complejos, por su valiente libertad y por su coraje para ser y declararse cristiano sin renunciar a ser un artista de su siglo.
jueves, 08 de marzo de 2012
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Ocurre que a veces encuentras un autor y te dices: ¿cómo no lo había descubierto antes? Permitid que parezca un ignorante, pero he llegado hace poco la música de Arvo Pärt y tengo la impresión de que estaba ahí, esperándome, conteniendo algo de mí fuera de mí que aguardaba a ser encontrado por mí mismo.
Arvo Pärt es un compositor estonio que ha transitado por varias de las diferentes corrientes musicales del siglo 20 hasta desarrollar un lenguaje musical propio gracias al cual ha alcanzado bastante popularidad, convirtiéndose su música en objeto de la atención no sólo de medios especializados sino también del gran público.
Lo que me llama la atención es que Arvo Pärt ha hallado ese estilo característico y su propia madurez creativa al encontrarse con la fe cristiana. Varias de las corrientes musicales en las que había militado se habían convertido en un callejón sin salida para su trabajo, hasta el punto de llevarlo a una crisis creativa que escondía, en el fondo, una crisis existencial. Reconciliado con su dimensión religiosa, ha desplegado la libertad y la inspiración para decir musicalmente lo que antes pujaba por ser dicho pero fenecía ahogado en los rígidos principios –que en el fondo esconden dogmas ideológicos- de las diferentes escuelas por las que había peregrinado.
Con esto quiero subrayar el hecho de que, incluso para un poeta, un compositor, un director de cine ateo o agnóstico, es enriquecedor acercarse a las fuentes del arte cristiano por la sencilla y profunda razón de que ellas siempre van de la mano de las cuestiones fundamentales de la existencia.
Si yo fuera artista, independientemente de tener o no fe -la cual es un don misterioso, la mayor revelación que puede redimensionar una existencia, el regalo más incalculable, cosa que sólo se percibe cuando se experimenta-, trataría también de abrevar en las fuentes artísticas que han manado de esta fe a lo largo de la historia por la fértil razón de que me conducirán a las cuestiones más humanas y me regalarán un torrente de creatividad que, a su vez, me acercará a la sed del corazón de todo hombre, crea o no crea.
Y, para muestra, dos simples clics.
sábado, 03 de marzo de 2012
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Dedicado a Bea, que se angustió con Melancolía
Mi cuñada Rose ha vuelto este fin de semana. Ella y su hermana han salido temprano de compras. Les gustan los zapatos. Cada vez que se reúnen los suelen comprar compulsivamente. Van y vienen al coche con bolsas de zapatos. Tienen zapatos de todos los modelos, de todos los materiales y colores, para todas las ocasiones.
También me compran a mí un par de pares. A su gusto, claro. Los tengo de ante rojo para combinar con chinos, oxford para vaqueros, bicolores años treinta para blazer... Infinidad de zapatos.
Han vuelto a mediodía cargadas de bolsas. En la radio han dicho que ha comenzado la cuenta atrás y han descrito cómo será el desenlace. Está previsto que el planeta Melancolía colisionará con la tierra aproximadamente por la parte pacífica de Indonesia. Pero el impacto de la colisión no dañará a nadie ya que todos en esa zona de la Tierra habrán muerto unas horas antes debido al vacío atmosférico que la cercanía de Melancolía ocasionará en el cielo de ese lugar del mundo. El resto del planeta notará ese vacío unos minutos después, pero tampoco notaremos los efectos de la colisión debido a que también habremos muerto por asfixia unos minutos antes.
Es más que probable que los animales adviertan por adelantado los efectos. Por eso acabar con sus vidas es una decisión ética recomendable, según la radio. En apenas cinco o seis horas no quedará nada de la tierra. Las últimas imágenes de Melancolía aproximándose son muy hermosas, han comentado. Se lo digo a Rose y a mi esposa mientras se prueban y me muestran los zapatos que han comprado esta vez: ¡están tan entusiasmadas! Se vuelven como niñas con los zapatos.
También le he dicho a mi esposa que el jardinero viene a las tres a arreglar el césped. Cobra muy cara la hora, pero esta vez no ha parecido importarle. Rose tiene previsto regresar a la costa esta misma noche. Siempre toma el mismo avión.