El atrilhttp://elatril.dominicos.org/Este blog trata diversos temas de la relación arte-religión. Su autor es profesor en Teología y ha publicado varios libros de poesía.es-esCopyright 2018 Orden de Predicadores. Todos los derechos reservados.Thu, 05 Jul 2018 00:00:00 +020020Verbos por dentelladashttp://elatril.dominicos.org/articulos/verbos-por-dentelladas/<p>Se&ntilde;alaba Heidegger que el elemento perdurable del pensamiento es el camino. Y que los caminos del pensamiento llevan oculto consigo el misterio de que podamos andar por ellos tanto hacia adelante como hacia atr&aacute;s, de tal modo que &ldquo;incluso el camino hacia atr&aacute;s sea el primero que nos conduzca hacia adelante&rdquo;.</p> <p>Ese camino traza para nosotros Noelia Ill&aacute;n en &ldquo;Verbos por dentelladas&rdquo; (2&ordf; ed., Lastura 2018). Desde la primera cita, de Virgilio, a la &uacute;ltima, de Eliot, este libro no cesa de hacer nuestras las palabras que otros se tatuaron en la piel.</p> <p>Porque cultura es una forma de estar insertos en otros, en otros que ya no est&aacute;n y en otros que han de venir, no hay un solo poema de este libro que no dialogue con las voces de los muertos, de los vivos o de los futuribles.</p> <p>No todos los libros se arrojan a la vida -en su sentido m&aacute;s corporal, pasional y encendido- y a la inteligencia -en su sentido m&aacute;s clarividente- de la misma manera y en proporciones que mutuamente se potencian. Noelia s&iacute; lo hace.</p> <p>&ldquo;Verbos por dentelladas&rdquo; pone los ojos sobre un trayecto posmoderno de nuestra historia colectiva mediante el recurso de hacerla acertadamente personal. Pero lo hace ya desde cierta distancia: los viajes, las drogas, la moto azul, ese sumidero que no deja de dar vueltas y que nos recuerda la espiral sin destino fijo, sin sentido teleol&oacute;gico, que anunciara Nietzsche; todos estos elementos sacados a dentelladas de la vida y de los libros (que en Noelia son la misma cosa), llegan a ser poema, precisamente porque Noelia ve desde la distancia.</p> <p>Noelia es el ser bueno que ha acogido en su coraz&oacute;n las vidas de las hermanas y de los seres cuya historia, no siendo directamente parte de la historia de la poeta, ha llegado a la vida de la poeta. En cierto modo, Noelia es post-postmoderna. Ha encontrado una puerta de salida en el amor y en la literatura. Una lucidez destilada en la ebriedad de sentirse viva. Por eso puede hablar mimetiz&aacute;ndose con el lugar donde a&uacute;n no se ha encontrado la puerta de salida. Ella ya est&aacute; en el umbral camino a otra parte.</p> <p>De Ovidio a Katy Parra pasando por Juan Antonio Gonz&aacute;lez Iglesias (no citado expresamente pero presente en la forma y el fondo), la luz no se ha perdido. Estoica y nov&iacute;sima, Noelia Ill&aacute;n recibe la llamada y le da el <em>fiat</em> en este libro. Porque este libro es un s&iacute;, una puerta de emergencia que se abre.</p> <p>&ldquo;Verbos por dentelladas&rdquo; no se dirige a los sentimientos en un tiempo que hace caja con los sentimientos. Su autora apela a la inteligencia, a la cultura, a la raz&oacute;n que ha vertebrado occidente. Viceverso y fascinante, no debemos perdernos este libro: hoy que tanto se habla de las zonas de seguridad que, sin embargo, son zonas muertas y mort&iacute;feras, estas p&aacute;ginas despliegan para nosotros un paraca&iacute;das con el que saltar. Porque en el riesgo hay salvaci&oacute;n.&nbsp;</p>Fray Antonio Praena Segura, OPThu, 05 Jul 2018 00:00:00 +0200http://elatril.dominicos.org/articulos/verbos-por-dentelladas/Te lo voy a decir de otra manerahttp://elatril.dominicos.org/articulos/te-lo-voy-decir-de-otra-manera/<p style="text-align: right;"><strong>La chica de amarillo</strong></p> <p style="text-align: right;"><a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Domingo_Aguilar">Juan Domingo Aguilar.</a></p> <p style="text-align: right;"><a href="http://www.esdrujula.es/libro/la-chica-de-amarillo/">Edt. Esdr&uacute;jula. 2018</a>&nbsp;</p> <p style="text-align: right;">Pr&oacute;logo de Antonio Praena&nbsp;</p> <p>&nbsp;</p> <p>... quiz&aacute; por eso &ldquo;La chica de amarillo&rdquo; llam&oacute; la atenci&oacute;n de la editorial Esdr&uacute;jula y mi atenci&oacute;n misma. Antes de conocer la identidad de su autor, discut&iacute;amos si se trataba de un joven joven o de un viejo poeta haci&eacute;ndose pasar por joven. Despu&eacute;s abrimos la plica y supimos de su persona. Juan Domingo Aguilar nos pareci&oacute; un verdadero descubrimiento. La directora de la editorial lo vio claro: y<span style="font-size: 1rem;">&nbsp;encima era muy guapo:</span><span style="font-size: 1rem;">&nbsp;"este t&iacute;o va a pegar fuerte".</span></p> <p>Y es que &ldquo;La chica de amarillo&rdquo; cae en la cuenta de que amar no es lo que nos han contado ni lo que nosotros so&ntilde;&aacute;bamos.</p> <p>Da igual si este poemario ha pasado por la experiencia del cantante que escrib&iacute;a de amor hasta que conoci&oacute; el amor o no. Porque esa es la grandeza de la literatura: nos introduce en nuevas experiencias desde la literatura misma y nos deja vivir nuevas vidas que no caben en las lindes del tiempo en que duramos. Lo que importa es que Juan Domingo ha levantado un libro verdadero; y de la imposibilidad de amar ha hecho virtud po&eacute;tica y estilo propio.</p> <p>Una voz le habla a su voz desde otras voces. No encontraremos un poeta que proyecta sobre el papel excrecencias sentimentales. Hay una forma de saberse y saber el mundo que habitamos que no precisa convertir a los oyentes en pantalla de nosotros mismos. Tampoco se trata de convertir un poemario en el centro comercial donde se ofertan emociones.</p> <p>Estudiar, trabajar, enamorarse, compartir piso, adoptar un perro. Renunciar a cosas. Pensar una vida. Organizar las vacaciones. Estudiar, trabajar, enamorarse otra vez; volver al perro. &ldquo;&iquest;De verdad quieres acabar as&iacute;? Juan Domingo no nos cuenta lo que vive. Ya ha descubierto que la poes&iacute;a no va de eso.</p> <p>En Juan Domingo se escucha la voz de una generaci&oacute;n que empieza a descubrir la mentira de esta forma plana de estar en que nos han educado. Se trata del desenga&ntilde;o, pues no tenemos las riendas de nada, empezando por nuestros sentimientos.</p> <p>Organizar las semanas en funci&oacute;n de los cambios de humor. Una generaci&oacute;n sin absoluto, una generaci&oacute;n en despedida. &ldquo;Dice que madurar es aprender a despedirse.&rdquo; Quiz&aacute; tenga que ver con la muerte, con alguna visita al tanatorio.</p> <p>Este libro nos pone ante el hecho de que todos van a la salida y vuelven. A tanatorios y bibliotecas nadie quiere ir, pero siempre est&aacute;n llenos. Juan Domingo, en todo caso, se nos revela poeta porque parece no importarle mucho la poes&iacute;a y s&iacute; ese no s&eacute; qu&eacute; que es al final lo que queda porque es desde el principio lo que nos ha llevado.</p> <p>Y, entretanto, parece que lo &uacute;nico seguro es el exceso de sufrimiento, su desproporcionada magnitud frente a la desproporcionada estupidez del poeta y sus cosas.</p> <p>Te lo voy a decir bien clarito, la vida nos lo dice bien clarito: mira eres tonto y no tienes ni idea de los golpes maquillados, de todos los vestidos que hay en la basura, de todas las mujeres que esta noche no volver&aacute;n a su casa, de todos los maricones represaliados o ahorcados en Qatar, de todos los cuerpos de los ni&ntilde;os que yacen en las playas de Turqu&iacute;a, de todas las Europas no alcanzadas, de todos los orificios de bala que se suman en las casas familiares de Gaza Alepo Nom Pen Yuba.</p> <p>Te lo voy a decir, est&uacute;pida poes&iacute;a, para que dejes de hacer el rid&iacute;culo. Eso escucharemos en estas p&aacute;ginas.</p> <p>El nacimiento de una voz es siempre un soplo de esperanza. Si esa voz es diferente, la esperanza, entonces, es aut&eacute;ntica. Pues es connatural a la esperanza la diferencia. Y me alegra por ello darle la bienvenida a Juan Domingo Aguilar y su chica de amarillo.</p>Fray Antonio Praena Segura, OPMon, 25 Jun 2018 00:00:00 +0200http://elatril.dominicos.org/articulos/te-lo-voy-decir-de-otra-manera/Los ritmos rojos: un cuento tristehttp://elatril.dominicos.org/articulos/los-ritmos-rojos-un-cuento-triste/<p>Tras muchos a&ntilde;os dedicado a la b&uacute;squeda de lo mejor entre las nuevas voces, las voces ya consagradas y las voces extranjeras para ofrec&eacute;rnoslas con las mejores garant&iacute;as de edici&oacute;n, Jes&uacute;s Mun&aacute;rriz se ha ganado con creces el derecho a hacer una excepci&oacute;n y publicar un libro suyo en el sello por &eacute;l creado y llevado a lo m&aacute;s alto, la <a href="http://www.hiperion.com/index.php/libreria/poesia-hiperion">Editorial Hiperi&oacute;n</a>.</p> <p>El ritmo de haikus del t&iacute;tulo, &ldquo;Los ritmos rojos / del siglo en que nac&iacute;. / Un cuento triste&rdquo;, es un recurso que contribuye a acentuar, por contraste, las sombras de las que este poemario da cuenta. Porque de haikus nada: ni contemplaci&oacute;n de la naturaleza, ni cambio de estaciones, ni ausencia de sujeto, ni aire zen. Este poemario es, en efecto, un cuento triste, el relato de quien da cuenta del desencanto ante los ideales de la Revoluci&oacute;n Rusa precisamente en el a&ntilde;o de la celebraci&oacute;n del centenario de esta, 2017.</p> <p>Seg&uacute;n el mismo autor declara, &ldquo;el triunfo de los revolucionarios rusos en 1917 cambi&oacute; el curso de la historia y condicion&oacute; de una u otra forma las vidas de cuantos nacimos en el siglo XX, al igual que su fracaso y sus consecuencias condicionan tambi&eacute;n a su manera lo que sucede en el XXI. Las vidas de los humanos nunca escapan a su circunstancia. Ni la poes&iacute;a, si no quiere tintinear en el vac&iacute;o, debe hacerlo.&rdquo;</p> <p>En efecto, el primer verso de este poemario es &ldquo;Mil novecientos diecisiete&rdquo;. El &uacute;ltimo poema se refiere a &ldquo;Jes&uacute;s de Nazaret, aquel jud&iacute;o / que andaba por la vida con lo puesto / dijo que siempre habr&aacute; pobres y ricos / y arre&oacute; a los banqueros zurriagazos.&rdquo; En el medio, una aut&eacute;ntica cr&oacute;nica de lo ocurrido en este siglo, con versos claros, a veces premeditadamente prosaicos, que buscan agilidad ante todo, pero que no pierden la intensidad, una elegancia incluso adusta basada en la depuraci&oacute;n y en la claridad.</p> <p>Rusia, Budapest, Berl&iacute;n, M&uacute;nich, Tur&iacute;n&hellip;: los escenarios de la obra. CHEKA, GPU, OGPU, NKVD, KGB&hellip;: las siglas de la trama. Y, c&oacute;mo no, los nombres de los poetas, los seres, en nada especiales entre millones de seres m&aacute;s, para los que esta trama fue tragedia:</p> <p style="padding-left: 70px;">&ldquo;Antes que nadie, Blok, acorralado</p> <p style="padding-left: 70px;"><span style="font-size: 1rem;">por sus propios versos.</span></p> <p style="padding-left: 70px;">Yesenin luego, suicidado, Jl&eacute;bnikov</p> <p style="padding-left: 70px;">gangrenado en el frente, Mandelshtam</p> <p style="padding-left: 70px;">aniquilado en el gulag, el entusiasta</p> <p style="padding-left: 70px;">Vlad&iacute;mir Mayakovski, suicidado,</p> <p style="padding-left: 70px;">la vacilante Marina Tsvietaieva</p> <p style="padding-left: 70px;">suicidada tambi&eacute;n, y sus controladores</p> <p style="padding-left: 70px;">y acusadores Lev Trotsky y Anatoli Lunatcharski</p> <p style="padding-left: 70px;">asesinados a su vez&hellip;&rdquo;</p> <p>Munarriz mantiene un tono racional y fr&iacute;o, una clara opci&oacute;n por el car&aacute;cter reflexivo de la poes&iacute;a, una reflexi&oacute;n pegada a la historia y a los nombres propios de esta, especialmente cuando la tentaci&oacute;n del sentimentalismo, la afectaci&oacute;n y el escapismo est&aacute;n al orden del d&iacute;a en la poes&iacute;a.</p> <p>Un cuento triste, s&iacute;, pero l&uacute;cidamente comprometido. Sincero al dar cuenta de la decepci&oacute;n. Y, aunque no es f&aacute;cil atisbar esperanza en este poemario, no puede haber futuro sin confrontaci&oacute;n sincera con el presente y el pasado que hasta aqu&iacute; nos ha tra&iacute;do.</p> <p>A uno, que aparte de camarada poeta no deja de ser te&oacute;logo y est&aacute; por tanto obligado a ejercer la reflexi&oacute;n cr&iacute;tica sobre todo aquello que habla de Dios, no deja de llamarle la atenci&oacute;n que el poema ep&iacute;logo finalice d&aacute;ndole la raz&oacute;n al Nazareno. Me pregunto, seguro de que a Mun&aacute;rriz no le ha faltado nunca sinceridad y valor, qu&eacute; traer&aacute; el &ldquo;Continuar&aacute;&rdquo; del Colof&oacute;n. No se pierdan estas p&aacute;ginas.</p> <p>&nbsp;</p>Fray Antonio Praena Segura, OPFri, 22 Jun 2018 00:00:00 +0200http://elatril.dominicos.org/articulos/los-ritmos-rojos-un-cuento-triste/El tiempo es un león de montañahttp://elatril.dominicos.org/articulos/el-tiempo-es-un-leon-de-montana/<p>&ldquo;El tiempo es un le&oacute;n de monta&ntilde;a&rdquo; (Ed. Visor), un libro conquistado a la experiencia y a s&iacute; misma, es el &uacute;ltimo poemario de Trinidad Gan. Por &eacute;l obtuvo el XX Premio de Poes&iacute;a Generaci&oacute;n del 27.</p> <p>Creo que es &eacute;sta una obra de inspiraci&oacute;n cubista. De un modo que guarda similitud con el cubismo, en &ldquo;El tiempo es un le&oacute;n de Monta&ntilde;a&rdquo; desaparece la perspectiva &uacute;nica y son tratados los temas desde una composici&oacute;n de &ldquo;perspectiva m&uacute;ltiple&rdquo;.</p> <p>En estos poemas podemos adentrarnos, al mismo tiempo y en el mismo plano, desde perspectivas diversas. Sin embargo, al contrario de lo que ocurr&iacute;a en la pintura, donde se buscaba suprimir la sensaci&oacute;n de profundidad, la implicaci&oacute;n de la experiencia y del sentimiento, que Trinidad s&iacute; incorpora, nos va a otorgar profundidad y emoci&oacute;n.</p> <p>El sujeto po&eacute;tico es, a la vez, quien mira y es mirado. La persona cuya voz nos habla comparece ante el lector y, a la vez, se distancia de la poeta retratada. Es sujeto y es objeto. Es ella y otra, muchas otras. Es su fiera y la presa que su fiera devora.</p> <p>La poeta convive con ella misma en el pasado. Trata de advertir a la que fue sobre el futuro que le espera, prevenir lo inevitable. Pero lo inevitable es ella, la suma -y algo m&aacute;s- de todos los tiempos, ciudades, asfaltos, rellanos y escaleras que la han tra&iacute;do hasta aqu&iacute;. Este libro es un puzle roto, un espejo roto en otros tantos espejos -poemas- rotos y cuyo &uacute;nico fondo estable es la poes&iacute;a misma.</p> <p>Viaje, tiempo, perspectivas, memoria, sue&ntilde;o, son, al fin y al cabo, formas de parafrasear la vida. Trinidad ha vivido la suya, una vida hecha de muchas vidas, y ha hecho del azar su propio juego, y de los muchos rostros posibles su propio rostro. Este libro muestra que en la vida llega un momento de atajarle el camino al camino, de salirle al camino al camino mismo.</p> <p>Por ello la poeta sale del cuarto gris donde en entregas anteriores la encontr&aacute;bamos, para romper paredes, desalojar la ceniza acumulada y quedarse s&oacute;lo con el fuego, que es, al fin y al cabo, lo que importa, lo que arde, lo que era poes&iacute;a en tantos poemas. Es un libro sin miedo, o, quiz&aacute;, un libro que mira a los ojos del miedo como quien mira a los ojos de la fiera, del le&oacute;n, del tiempo, de s&iacute; misma.</p> <p>El mismo tiempo que deshilacha nuestro tejido existencial es el que teje nuestra verdad, pues nuestra verdad es temporal, es en el tiempo, es tiempo. Por eso la poeta que se enfrenta aqu&iacute; a su furia, a su estrago, es la misma que ha de reparar los da&ntilde;os, rehacer el orden, volver a poner en pie las cosas que el le&oacute;n ha arrasado para, luego, decirlo, dec&iacute;rselo, dec&iacute;rnoslo.</p> <p>Quiz&aacute; por eso cobra una especial relevancia en estos poemas la metapoes&iacute;a. Si a esto le sumamos que estamos ante un libro de madurez y de balance, nos damos cuenta de que a Trinidad lo mejor que le queda, despu&eacute;s de decir adi&oacute;s a las cosas que no eran sino un lastre, es el lenguaje mismo.</p> <p>Para los apache y walapai de Arizona, el le&oacute;n de monta&ntilde;a (o puma) fue precursor de la muerte. Precursor de la muerte: ten&iacute;amos que llegar aqu&iacute; y tem&iacute;amos llegar aqu&iacute;, pero estaba anunciado desde el principio. Que sea precursor de la muerte un animal tan bello como el le&oacute;n de monta&ntilde;a nos habla, en realidad, de la belleza de la vida y de la furia del instante y de la potencia del presente.</p> <p>Creo que en este libro Trinidad llega a un acuerdo consigo misma, a un pacto con su verdad, a un compromiso con su futuro. Y ese pacto se firma en verso, un verso definido con esa belleza que tienen los seres salvajes cuando est&aacute;n en calma, en reposo.</p>Fray Antonio Praena Segura, OPTue, 12 Jun 2018 00:00:00 +0200http://elatril.dominicos.org/articulos/el-tiempo-es-un-leon-de-montana/El derecho a odiarhttp://elatril.dominicos.org/articulos/el-derecho-odiar/<p>Pues no, no le reconozco derechos al odio. Una cosa es reconocer que odiamos, que podemos sentir odio, que a veces lo mejor sea reconocerlo si de verdad queremos superarlo, y otra admitir impasiblemente que el odio tenga carta de legitimidad, que sea uno de los derechos que nos otorgamos a nosotros mismos.</p> <p>Porque la fuente del derecho no es el capricho autoindulgente, sino la dignidad de la persona concebida en su verdadero ser, que es relacional. &ldquo;El otro&rdquo; forma parte de m&iacute;. Odiando, me rebajo a m&iacute; mismo. &iquest;Y a qu&eacute; viene esto?</p> <p>El anonimato de las redes sociales, cierto periodismo que algunos, con raz&oacute;n, denominan &ldquo;de cloacas&rdquo;. Cierta telebasura que hace omnipresentes en los medios a personajes absurdos y fr&iacute;volos que venden su vacuidad a precio de oro por plat&oacute;s televisivos en los que se aplaude el lenguaje soez, el insulto y la descalificaci&oacute;n gratuita. La falaz equiparaci&oacute;n de la sinceridad con la mala educaci&oacute;n. La intenci&oacute;n de hacernos creer que es libertad de expresi&oacute;n o derecho a la informaci&oacute;n lo que en realidad es un modo de hacer dinero f&aacute;cil mediante un amarillismo especialmente dise&ntilde;ado para las audiencias m&aacute;s vulnerables, las de aquellas vidas cuya aventura m&aacute;s apasionante es proyectar sobre rid&iacute;culos famosos, famosos por nada interesante, su propio aburrimiento o su propia frustraci&oacute;n. El espect&aacute;culo de tertulianas maquilladas como puertas que lo mismo lanzan hip&oacute;tesis sobre el asesino, que se convierten en especialistas en derecho, o en psic&oacute;logas, o en fil&oacute;sofas sociales y chupan c&aacute;mara tratando de mantener el pico de audiencia seg&uacute;n les vayan indicando por el pinganillo que suban o bajen el tono mientras el video morboso se repite y se repite en bucle&hellip; A esto me refiero.</p> <p>Hace a&ntilde;os se pusieron de moda los estudios que analizaban hasta qu&eacute; punto las convenciones sociales influ&iacute;an en nuestras convicciones morales. Simplificando, se pon&iacute;a de relieve c&oacute;mo el hecho de ser aceptados, de acomodar nuestros valores morales a lo aceptable o a lo correcto socialmente hablando, nos pod&iacute;a llevar a mantener posiciones morales &ldquo;convencionales&rdquo;, incluso cuando en nuestro fuero interno o privado no coincidi&eacute;semos exactamente con aquello que en nuestro comportamiento externo dej&aacute;bamos entrever. Es decir, el contexto social hac&iacute;a de &ldquo;molde&rdquo; moral. Y no era lo mejor, pero al menos ayudaba a &ldquo;contener&rdquo; lo peor. Cuando el muro de contenci&oacute;n social se corrompe, &iquest;qu&eacute; m&aacute;s da lo moralmente bueno, si en la anarqu&iacute;a del anonimato podemos vomitar contra los dem&aacute;s nuestro malestar consciente o inconsciente?</p> <p>Dec&iacute;a San Agust&iacute;n que, cuando un hombre se eleva, todos nos elevamos. Pues bien: cuando un hombre se degrada, entre el aplauso y el regocijo, todos nos degradamos.</p> <p>Reivindico una &eacute;tica de los medios. De lo contrario, lo que se deteriora es la convivencia.</p>Fray Antonio Praena Segura, OPTue, 22 May 2018 00:00:00 +0200http://elatril.dominicos.org/articulos/el-derecho-odiar/He visto el Amorhttp://elatril.dominicos.org/articulos/he-visto-el-amor/<p>Ya lo dice Bj&ouml;rk en esa m&iacute;tica escena de &ldquo;Bailar en la oscuridad&rdquo;, cuando, descubierta su grave falta de vista, preguntada por el hombre que la ama si le da igual, si no piensa hacer nada para evitar una ceguera inminente, ella responde: &ldquo;Ya lo he visto todo. He visto la oscuridad. He visto una peque&ntilde;a chispa.&rdquo;</p> <p>Es la escena del tren en marcha sobre el que Selma (Bj&ouml;rk) danza. Ya ha decidido en su interior que el dinero ahorrado durante toda su vida est&aacute; destinado a operar a su hijo para evitar que sufra la misma enfermedad por la que ella es ya pr&aacute;cticamente una invidente.</p> <p>&ldquo;&iquest;No te importa perderte la gran muralla China, el Empire State, la mano de tu nieto acariciando tu pelo?&rdquo;. Y ella responde: &ldquo;He visto lo que eleg&iacute;. He visto lo que necesit&eacute;. Y eso es suficiente. Desear m&aacute;s ser&iacute;a avaro. He visto lo que era y s&eacute; lo que ser&eacute;&rdquo;.</p> <p>Si a esto le unimos el mensaje sacrificial de la pel&iacute;cula (es un paralelo a la vida Cristo), y esa jarra de agua fr&iacute;a que nos dice que muchas veces la injusticia y la mentira triunfan pero que no pasa nada, porque el bien, la entrega y la bondad no pueden ser comparadas con ninguna otra cosa y justifican nuestra vida entera, podremos llegar a sentir la felicidad incluso en las circustancias m&aacute;s adversas.</p> <p>Ese es el milagro de la desconcertante pel&iacute;cula: que todo salga mal pero que todo est&eacute; bien. Porque lo m&aacute;s importante es lo que el coraz&oacute;n ha visto, lo cual es una forma de entregarse que el mismo coraz&oacute;n tiene.</p> <p>Hay momentos en la vida que nos hacen volver la mirada hacia atr&aacute;s y en los que, si echamos tambi&eacute;n la vista hacia adelante, nos parece que todo ha sucedido como si nada hubiera sucedido. Porque lo importante es invisible a los ojos y s&oacute;lo permanece lo que ha visto el alma.</p> <p>Quiz&aacute;s es este uno de esos momentos.&nbsp;</p> <p><span style="font-size: 1rem;">Un par&eacute;ntesis me obliga a detenerme mientras perge&ntilde;o otras palabras, las que habr&eacute; de pronunciar en gratitud al... (bueno, esto da igual). En el par&eacute;ntesis se abre un claro y en ese claro recuerdo que, hace apenas unos a&ntilde;os, s&oacute;lo deseaba llegar a los 40 con un pu&ntilde;ado de poemas que, como agua en las manos, tuvieran m&aacute;s o menos sentido. La vida ha sido generosa, con avaricia generosa m&aacute;s all&aacute; de lo siquiera imaginado. Y en el par&eacute;ntesis se escucha una voz que, no sin severidad y contundencia, me dice: &ldquo;todo eso es nada, no lo olvides, porque s&oacute;lo cuenta lo que tu coraz&oacute;n ha visto.&rdquo;</span></p> <p>Entonces el contador se pone a cero. Con la diferencia de que ahora es una cuenta atr&aacute;s.</p>Fray Antonio Praena Segura, OPTue, 15 May 2018 00:00:00 +0200http://elatril.dominicos.org/articulos/he-visto-el-amor/Serán las madres las que digan: bastahttp://elatril.dominicos.org/articulos/seran-las-madres-las-que-digan-basta/<p>Ha habido sobre exposici&oacute;n medi&aacute;tica y algunas cadenas de televisi&oacute;n han traspasado los l&iacute;mites de la &eacute;tica period&iacute;stica convirtiendo el tr&aacute;gico suceso en un espect&aacute;culo sobre el que se vert&iacute;an todo tipo de bulos, comentarios banales, informaciones falsas y detalles morbosos que inmoralmente buscaban audiencia.</p> <p>Por ello, lo importante es quedarnos con la altura moral de Patricia, la madre del peque&ntilde;o Gabriel, con su grandeza de esp&iacute;ritu al pedir que tras el dram&aacute;tico asunto no quede sentimiento alguno de rencor, venganza u odio, pues los hechos demuestran la generosidad de la gente, la capacidad de entrega solidaria y desinteresada para ayudar: hay m&aacute;s personas buenas, inmensamente m&aacute;s e inmensamente m&aacute;s buenas, y, por lo tanto, no hay que darle al mal y sus agentes el protagonismo que no merecen.</p> <p>Todo el dolor de esta madre se convierte en un mensaje en el que la apuesta por el bien y la necesaria actuaci&oacute;n de la justicia encuentran su lugar propio sin detrimento la una de la otra.</p> <p>La rabia, por m&aacute;s comprensible que sea, no puede ofuscar la recta raz&oacute;n, la mirada clarividente, especialmente a la vista de esta ola de solidaridad y ayuda que ha movilizado a miles de personas. Y es la mirada de esta madre, Patricia, la mirada de la parte m&aacute;s afectada de todas, la que nos deslumbra con su serenidad de fondo y con esa sabidur&iacute;a del coraz&oacute;n que va m&aacute;s all&aacute; del dolor.</p> <p>Quiz&aacute; sea oportuno este poema de <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/%C3%81ngela_Figuera_Aymerich">&Aacute;ngela Figuera</a>. Tambi&eacute;n ella perdi&oacute; un hijo. Parece que estos versos llegan como roc&iacute;o al alma en estos d&iacute;as. &iexcl;Ah!: y dejemos las redes sembradas de girasoles, como Patricia ha pedido.</p> <p style="padding-left: 40px;">&nbsp;</p> <p style="padding-left: 40px;">Ser&aacute;n las madres las que digan: basta.<br />Esas mujeres que acarrean siglos<br />de laboreo d&oacute;cil, de paciencia,<br />igual que vacas mansas y seguras<br />que tristemente alumbran y consienten<br />con un mugido largo y quejumbroso<br />el robo y sacrificio de su cr&iacute;a.<br />&nbsp;<br /><br />Ser&aacute;n las madres todas rehusando<br />ceder sus vientres al trabajo in&uacute;til<br />de concebir tan s&oacute;lo hacia la fosa.<br />De dar fruto a la vida cuando saben<br />que no ha de madurar entre sus ramas.<br />No m&aacute;s parir abeles y ca&iacute;nes.<br />Ninguna querr&aacute; dar pasto sumiso<br />al odio que supura incoercible<br />desde los cuatro puntos cardinales.<br />&nbsp;<br /><br />Cuando el amor con su rotundo mando<br />nos pone actividad en las entra&ntilde;as<br />y una secreta pleamar gozosa<br />nos rompe la esbeltez de la cintura,<br />sabemos y aceptamos para el hijo<br />un &aacute;spero destino de herramienta,<br />un p&eacute;ndulo del j&uacute;bilo a la l&aacute;grima.<br />Que as&iacute; la vida trenza sus caminos<br />en plenitud de d&iacute;as y de pasos<br />hacia la muerte l&iacute;cita y aut&eacute;ntica,<br />no al golpe anticipado de la ira.<br />&nbsp;<br /><br />&iquest;Por qu&eacute; lograr espigas que maduren<br />para una siega de ametralladoras?<br />&iquest;Por qu&eacute; llenar prisiones y cuarteles?<br />&iquest;Por qu&eacute; suministrar carne con nervios<br />al agrio espino de alambradas,<br />bocas al hambre, sombras al espanto?<br />&iquest;Es necesario continuar un mundo<br />en que la sangre m&aacute;s fragante y pura<br />no vale lo que un litro de petr&oacute;leo,<br />y el oro pesa m&aacute;s que la belleza,<br />y un coraz&oacute;n, un p&aacute;jaro, una rosa<br />no tienen la importancia del uranio?<br />&nbsp;<br /><br />&Aacute;ngela Figuera Aymerich. &ldquo;Rebeli&oacute;n&rdquo; (<em>El grito in&uacute;til</em>, 1952)</p>Fray Antonio Praena Segura, OPWed, 14 Mar 2018 00:00:00 +0100http://elatril.dominicos.org/articulos/seran-las-madres-las-que-digan-basta/Era viernes y ella se llamaba Rosariohttp://elatril.dominicos.org/articulos/era-viernes-y-ella-se-llamaba-rosario/<p>&nbsp;</p> <p>Uno no puede entenderlo. Lees cada d&iacute;a el Evangelio, piensas que est&aacute; claro. La relaci&oacute;n de Jes&uacute;s con las mujeres, sus gestos prof&eacute;ticos, liberadores. Su forma de complicarse la vida hasta una muerte instigada por los maestros de la ley, por los autorizados int&eacute;rpretes de un dios que tiene poco del Dios vivo.</p> <p>Escuchas el testimonio de una monja que trabaja ayudando a mujeres a salir de la prostituci&oacute;n, su relato de chicas apaleadas hasta el "coma" literal, encerradas y violadas durante semanas. Tu coraz&oacute;n tiembla. Pero luego alguien viene a decirte que entre las reivindicaciones se esconden elementos ideol&oacute;gicos que son fruto del demonio. Vamos, lo que el mismo Jes&uacute;s hab&iacute;a profetizado: filtrar un mosquito para tragarse el camello. Y te dan ganas de tirar la toalla, porque parece que no ha servido de nada. Que a&uacute;n queda mucho por sufrir hasta que el coraz&oacute;n se nos despierte, hasta aprender a amar.</p> <p>Pero al final, pues no, que de sufrir has de hacerlo del lado de las v&iacute;ctimas, porque es lo que tiene sentido. Y porque es lo que Dios mismo hizo, por m&aacute;s que nuestra ego&iacute;sta y culpable sordera insista en ignorarlo. O, lo que es peor, tergiversarlo.</p> <p>Cum spe, sine metu: &iexcl;feliz d&iacute;a de la dona!&nbsp;</p> <p style="padding-left: 20px;"><em>ERA VIERNES Y ELLA SE LLAMABA ROSARIO</em></p> <p class="clearfix" style="padding-left: 30px;">Sus dos hijas estaban jugando con la Barbie en la sala de estar.<br />Alicia, la vecina del tercero, follando como loca con un senegal&eacute;s. <br />Las dos viejas de abajo <br />atentas a un programa de la tele. <br />Sus padres en la playa, <br />disfrutando del sol en Benidorm. <br />El bebi&oacute; una cerveza <br />antes de sugerirle <br />que pensara dos veces lo de aquella denuncia. <br />Ella estaba callada, en postura fetal, <br />entre la lavadora y el sill&oacute;n, <br />en el suelo, tirada, <br />esperando su turno, <br />rodeada de sangre y de miedo.</p> <h5 style="padding-left: 30px;">&nbsp;</h5> <p style="padding-left: 40px; text-align: right;"><strong>Katy Parra</strong></p> <h5>&nbsp;</h5> <h5>&nbsp;</h5> <h5>&nbsp;</h5>Fray Antonio Praena Segura, OPThu, 08 Mar 2018 00:00:00 +0100http://elatril.dominicos.org/articulos/era-viernes-y-ella-se-llamaba-rosario/"Accidente"http://elatril.dominicos.org/articulos/accidente/<p>[Como anunci&aacute;bamos en el art&iacute;culo anterior, continuamos compartiendo la presentaci&oacute;n de los Adon&aacute;is 2016 que celebramos recientemente con la presencia de los tres autores.]&nbsp;</p> <p><strong>&ldquo;Accidente&rdquo;,</strong> de Camino Rom&aacute;n&nbsp;</p> <p>&ldquo;Accidente&rdquo;, de Camino Rom&aacute;n, nos demuestra que se puede escribir una poes&iacute;a joven, fresca y contempor&aacute;nea que, a la vez y sin detrimento, busca nuevos cauces de calidad.</p> <p>Nacida en Veguellina de &Oacute;rbigo (Le&oacute;n) en 1981, Camino es licenciada en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca. Se dedica a la ense&ntilde;anza art&iacute;stica, a la vez que elabora su propia obra pict&oacute;rica habiendo participado en diversas exposiciones. La &uacute;ltima de ellas, &ldquo;Todo est&aacute; mal&rdquo;, en 2016. Traemos este dato porque explica en parte su poes&iacute;a: el arte contempor&aacute;neo exige un discurso cada vez m&aacute;s elaborado (adivinamos en ello los ensayos est&eacute;ticos de Danto) y, en esa circunstancia, la pintura llevo a Camino a la poes&iacute;a.</p> <p>Tras un poemario online, &ldquo;&lt;3&lt;3" en 2014, cuenta con otro libro en papel: "Una foto de un lugar que visitaste" (Ediciones Ochoacostado, 2016). &ldquo;Accidente&rdquo;, acc&eacute;sit de Adon&aacute;is, nos sorprende desde el primer instante por la originalidad de su lenguaje y por una imaginer&iacute;a que, inmediatamente, nos traslada a otros registros art&iacute;sticos y nos anima a la aventura de ensanchar nuestra relaci&oacute;n con el lenguaje a lo largo de un sostenido ejercicio de imprevisibilidad que, lejos de abrumarnos con rarezas, muestra precisamente c&oacute;mo la creatividad, cuando es exigente, conecta con asuntos universales a trav&eacute;s de lo m&aacute;s cotidiano; con cuestiones &uacute;ltimas sin tener que ponerse trascendentales; con el fondo del coraz&oacute;n sin tener que pasar por la grandilocuencia.</p> <p>Hay dos voces en &ldquo;Accidente&rdquo; y ese es el gran hallazgo de Camino Rom&aacute;n. Por un lado, est&aacute; la voz que discurre por el color, la espontaneidad, el ritmo y los destellos de la vida contempor&aacute;nea. Es una voz que parece y es divertida, sencilla, pop y agradablemente superficial. Pero, inmediatamente, esa facilidad no puede contener una sensaci&oacute;n de amenaza, una intuici&oacute;n de zarpazo agazapado en la digitalidad. Es entonces cuando se abre su otra voz, la que nos habla, en realidad, de la humana soledad, del desamor, de la incomunicaci&oacute;n, de la sustituci&oacute;n del espacio real por el espacio virtual.</p> <p>El logro y la aportaci&oacute;n de este libro es, precisamente, su capacidad para articular sincr&oacute;nicamente los dos registros y para atraparnos donde menos parec&iacute;a, pues, en el mismo divertimento, nos da un golpe de terror o de gracia, como en esos tiovivos de feria donde el brillo acharolado de los caballos y los mu&ntilde;ecos encierra, a la vez, un espanto sin posibilidad de discontinuidad.</p> <p>Camino conoce la est&eacute;tica del mundo virtual y c&oacute;mo, en la luminosidad de sus pantallas, el espacio real ha sido sustituido por el espacio virtual, la vida por su videojuego, la persona por su avatar. Y claro, al final hasta el llanto importa con tal de que sea rentable. Lo que haya detr&aacute;s, que cada uno se lo coma a solas.</p> <p>&iquest;Por qu&eacute;, en el mundo m&aacute;s intercomunicado entre los mundos pensables, estamos, finalmente, tan solos? Porque estamos solos &ldquo;como los &aacute;rboles que siempre est&aacute;n solos / libertad lo llamamos a veces / para reconocernos aunque nadie nos reconozca.&rdquo;</p> <p>El presente poemario es un testimonio precoz de esa generaci&oacute;n que comienza a descubrir la trampa de las redes, la viscosidad de una pantalla de plasma en la que, al fondo, estamos atrapados, pues sus respuestas s&oacute;lo sirven para una vida virtualmente fallida.</p> <p>Parece la generaci&oacute;n que descubre que su libertad se ha reducido a una aplicaci&oacute;n para Android y que hay muchos perfiles falsos en las redes. La que descubre c&oacute;mo el arte ha renunciado a los dogmatismos para caer paralizada ante el dogma absoluto de un yo absoluto recluido en el yo virtual de verse a s&iacute; mismo vivir y, sin embargo, no sentirse vivo.</p> <p>Camino ha escrito para nosotros el libro de una generaci&oacute;n que comienza a preguntarse &ldquo;Y despu&eacute;s, &iquest;qu&eacute;?&rdquo;.</p> <p>&ldquo;Accidente&rdquo; es un libro que aspira a molestar a alguien. Porque, al final, aspira, -lo confirma ella- al amor.</p> <p>El valor de nuestra artista consiste en adentrarse en estas cuestiones &uacute;ltimas sin plantearlas como cuestiones &uacute;ltimas. Ni siquiera como cuestiones. Su aportaci&oacute;n consiste en deslizarse y deslizarnos por una est&eacute;tica pixelada con sus mismas armas, como si nada, como quien ha aceptado el juego para inocular en el videojuego el virus que un d&iacute;a habr&aacute; de bloquearlo.</p> <p>Si en la desprogramaci&oacute;n de este universo estar&aacute; impl&iacute;cita tambi&eacute;n nuestra propia aniquilaci&oacute;n, es algo que la poes&iacute;a y la obra pict&oacute;rica de Camino Rom&aacute;n no dejar&aacute; de contarnos en su momento. Estamos avisados.</p>Fray Antonio Praena Segura, OPThu, 27 Jul 2017 00:00:00 +0200http://elatril.dominicos.org/articulos/accidente/El recelo del aguahttp://elatril.dominicos.org/articulos/el-recelo-del-agua/<p>[Como anunci&aacute;bamos en el art&iacute;culo anterior, continuamos compartiendo la presentaci&oacute;n de los Adon&aacute;is 2016 que celebramos recientemente con la presencia de los tres autores.]</p> <p><em><strong>El recelo del agua</strong>,</em> de Bibiana Collado</p> <p>En esa extra&ntilde;a relaci&oacute;n entre poeta y lector, hay veces en que tenemos la sensaci&oacute;n de que el poema no reposa ni en el uno ni en el otro, sino en ambos y en ninguno. Por ejemplo, cuando asistimos al acto de su autonom&iacute;a, una autonom&iacute;a que se sostiene en su verdad, su verdad po&eacute;tica. Entonces el lector tiene que decirle a la poeta que lo siente, pero que es poeta lo quiera o no lo quiera, que es poeta pese a que esto le va a doler siempre.</p> <p>Algo as&iacute; sucede al leer &ldquo;El recelo del agua&rdquo;, de Bibiana Collado. Poemas en alto grado de poema que imponen su soberan&iacute;a y abren un espacio que nos deslumbra y nos duele. Asistimos a ese extra&ntilde;o fen&oacute;meno que s&oacute;lo puede ocurrir en lo po&eacute;tico mediante el cual el dolor alumbra algo hermoso y la hermosura nos duele.</p> <p>Nacida en Burriana en 1985, licenciada en Filolog&iacute;a Hisp&aacute;nica, Master en Estudios Hisp&aacute;nicos avanzados, Bibiana Collado no es nueva en el panorama &eacute;dito de la poes&iacute;a espa&ntilde;ola. Aunque ya antes nos hab&iacute;a entregado &ldquo;Poemas sueltos&rdquo; (Premio Voces Nuevas y Premio Universitat de Val&egrave;ncia) y &ldquo;Como si nunca antes&rdquo; (Premio Arcipreste de Hita), tenemos ahora la certeza, sin embargo, de que va a quedarse, porque se ha abierto en ella una vibraci&oacute;n aut&oacute;noma que no podemos nombrar de otro modo que emocionar la inteligencia.</p> <p>En efecto, &ldquo;El recelo del agua&rdquo; es uno de esos libros que tiene vida propia. Habla incluso cuando lo hemos cerrado. Activa en el tiempo un temblor que no puede ser ignorado porque su estruendo sordo brota de una forma de amar personal y de familia, &iacute;ntima y social, que ya exist&iacute;a antes, pero que ahora se ha desgajado del miedo de las cosas que se mascaban en voz baja.</p> <p>&ldquo;El recelo del agua&rdquo; tiene voz de mujer. Y con esto decimos que una larga estirpe de mujeres nos sale al encuentro en sus poemas. Mujeres que no fueron a la escuela, mujeres que guardaban un ajuar por si acaso, mujeres que cuidan a mujeres, mujeres que con catorce a&ntilde;os trabajan 12 horas remachando bolsos en una f&aacute;brica, mujeres que extienden juntas las s&aacute;banas sobre una cama para la enfermedad futura, mujeres que se consuelan mutuamente y, mutuamente, a la vez se culpan sin poderlo decir, mujeres que bajaron del cerro, mujeres que tienen una cicatriz de quemadura muy antigua, mujeres que son hijas de su madre y madre de su hija y despu&eacute;s madre de su madre y luego hijas de sus hijas. Mujeres que comulgaron con un traje amarillo en una foto de habitaci&oacute;n sin ventana de la que se han borrado los padres pobres y las chozas pobres y luego asisten a la comuni&oacute;n de la hija del patr&oacute;n en mesa aparte. Mujeres con 15 minutos de descanso y un termo de caf&eacute; para apilar c&iacute;tricos junto a mujeres cuatrocientas en una nave industrial y manos astilladas de escarcha y madrugada. Mujeres que fueron maestras de franc&eacute;s y que no fueron maestras de franc&eacute;s.</p> <p>Bibiana se ha valido en este libro de una t&eacute;cnica que tiene el buen gusto de pasar desapercibida formalmente y mediante la cual ha superpuesto tiempos, lugares, biograf&iacute;as. Las realidades cobran as&iacute; perspectiva y llegan a nosotros como verdad. Pero a la vez, esa verdad se materializa en verdad social y cultural, porque Collado superpone tambi&eacute;n estratos de cultura. Cultura no es un a&ntilde;adido a la vida sino una dimensi&oacute;n m&aacute;s de ella. Por ello, mujeres del sustrato b&iacute;blico, mujeres de las letras, como Santa Teresa o sor Juana, y mujeres con Alzheimer y olvido, conviven con mujeres de las f&aacute;bricas porque sus diferentes dimensiones con Alzheimer y sin olvido lo son de una misma historia que es la de ellas y es la nuestra, aunque nos hiera aceptarlo.</p> <p>El arte de Bibiana cobra, finalmente, una dimensi&oacute;n que convierte &eacute;ste en un libro irrenunciable cuando tambi&eacute;n irrumpe -y no s&eacute; hasta qu&eacute; punto es consciente de ello- en el espacio sagrado; y, as&iacute;, por ejemplo, celebra una eucarist&iacute;a en el mismo acto en que una mujer parte el pan para otra y acerca una copa a otra mujer: Y Bibiana no s&oacute;lo hace comulgar dos espacios sem&aacute;nticos que alimentan alma y cuerpo, sino que hasta a&uacute;na dos mundos sonoros, el de la an&aacute;fora consecratoria -donde s&oacute;lo la voz de hombres se escucha, seg&uacute;n la tradici&oacute;n cat&oacute;lica- y el de la forma en que ella dispone sus versos: (&ldquo;se acerca, parte el pan / y se lo da diciendo:/ Coma madre, que apenas / ha probado bocado. / Despu&eacute;s le llena la copa / y se la da diciendo: / Beba usted despacito, / no se vaya a atragantar.&rdquo;).</p> <p>Algo similar ocurre en el poema &ldquo;El beso de Judas&rdquo;, que concita tambi&eacute;n el plano de la pintura tray&eacute;ndonos a los ojos una obra de Caravaggio: parece que hasta el miedo de Dios es mejor captado desde los ojos de una mujer.</p> <p>&ldquo;El recelo del agua&rdquo; es un libro estremecedor. Cat&aacute;rquico y anticat&aacute;rquico, pues, a la vez que trasmuta en su propio poema el miedo de los de abajo a no saber nunca lo suficiente, a que se nos note la pobreza que llevamos en los huesos, como en un acto de justica y superaci&oacute;n, a la vez, digo, y en el mismo exorcismo verbal, lo deja para siempre temblando, imposible ya de ignorar, como tiembla el agua en un pozo que a&uacute;n est&aacute; vivo y mana y del que no podemos curarnos.</p>Fray Antonio Praena Segura, OPSun, 23 Jul 2017 00:00:00 +0200http://elatril.dominicos.org/articulos/el-recelo-del-agua/La lucha por el vuelohttp://elatril.dominicos.org/articulos/la-lucha-por-el-vuelo/<p class="clearfix">[En los sucesivos d&iacute;as, publicaremos en este blog los extractos de la triple presentaci&oacute;n de los ganadores de Adon&aacute;is 2016, en la que estuvieron presentes los autores]</p> <p class="clearfix">Adon&aacute;is sigue siendo Adon&aacute;is. Y no es necesario recurrir s&oacute;lo a las glorias pasadas, a los nombres de quienes, desde sus inicios en la m&iacute;tica colecci&oacute;n (bien ganadores, bien acc&eacute;sit), han alcanzado la condici&oacute;n de cl&aacute;sicos contempor&aacute;neos: Jos&eacute; Hierro, Claudio Rodr&iacute;guez, Jos&eacute; &Aacute;ngel Valente, Caballero Bonald, Jos&eacute; Agust&iacute;n Goytisolo, &Aacute;ngel Gonz&aacute;lez, Julia Uceda, Blanca Andreu. Podemos tambi&eacute;n acudir a las ediciones m&aacute;s recientes para encontrar en Adon&aacute;is algunos de los nombres de los poetas j&oacute;venes o de generaci&oacute;n intermedia cuyo recorrido posterior podemos ya mencionar como relevante: Joaqu&iacute;n P&eacute;rez Azaustre, Javier Vela, Antonio Aguilar, Raquel Lanseros, Juan Meseguer, Jorge Gal&aacute;n, Francisco Onieva, Rub&eacute;n Mart&iacute;n D&iacute;az, Constantino Molina, Nilton Santiago... Seguro que la necesidad de brevedad hace injusticia a nombres significativos.</p> <p style="text-align: left;"><br /> A esta lista se suman ahora los nombres de Sergio Navarro, Bibiana Collado y Camino Rom&aacute;n. Y no es cuesti&oacute;n de vanidad o triunfalismo. Es algo m&aacute;s: inscribirse en esta estela no significa ser mejor que nadie, pero s&iacute; apostar por la excelencia con una ambici&oacute;n que interpreto como necesidad de enlazarnos a una tradici&oacute;n y un patrimonio para ser no en solitario, sino en plural; no en ego&iacute;smo, sino en gratitud; no en soliloquio, sino en di&aacute;logo con quienes nos han hablado y aportado. Estar en Adon&aacute;is es ser parte de un cuerpo vivo.&nbsp;</p> <p style="text-align: left;"><br /> <strong>&ldquo;La lucha por el Vuelo&rdquo;, de Sergio Navarro</strong>&nbsp;</p> <p style="text-align: left;">&ldquo;La lucha por el vuelo&rdquo;, de Sergio Navarro, recupera para nosotros la vibraci&oacute;n de un Adon&aacute;is cl&aacute;sico. Nacido en Marbella en 1992, doble Grado en Filolog&iacute;a Hisp&aacute;nica y Comunicaci&oacute;n Audiovisual, Sergio hab&iacute;a publicado en 2015 el poemario &ldquo;Telara&ntilde;as&rdquo;.&nbsp;</p> <p style="text-align: left;">Con el presente libro nos adentra en un peregrinaje por la naturaleza, un recorrido que se inicia en la invencible, ignota vastedad del abismo, desde el que una sonda hace llegar noticias de una soledad c&oacute;smica desconocida, para continuar despu&eacute;s por una naturaleza m&aacute;s terral pero igualmente ajena a lo humano, indiferente a la conciencia que trata de penetrar su misterio.&nbsp;</p> <p style="text-align: left;">Este viaje, sin embargo, halla en la poes&iacute;a un radar con el que proseguir hasta, y en sus sucesivas partes, adentrarnos y adentrar en nosotros el sacrosanto misterio que aguarda en cuanto vive.&nbsp;</p> <p style="text-align: left;">Ser&aacute;n una musicalidad sostenida y unos encabalgamientos que suspenden proverbialmente la respiraci&oacute;n sobre un abismo vertiginoso -coherente reflejo formal de la lucha por el vuelo y la voluntad de habitar este espacio- los que imanten nuestra querencia de altura para, finalmente, introducirnos en ese espacio m&iacute;stico que, sin embargo y parad&oacute;jicamente, nos aguardaba en lo m&aacute;s humano, pues la m&aacute;s salvaje potencia natural revela ahora su condici&oacute;n de empuje a fin de que cosmos y coraz&oacute;n sean, comunionalmente, uno. (&ldquo;que el hogar verdadero al que volver / es la tierra del hombre, quien anhela / el cielo mientras reza en el camino&rdquo;).&nbsp;</p> <p style="text-align: left;">En el poemario ganador del Adon&aacute;is 2016, Sergio se entrega, se abre, se arraiga, se desarraiga, crece, se empeque&ntilde;ece, anhela, vuela, cae, se levanta, choca, atraviesa.&nbsp;</p> <p style="text-align: left;">Porque no, no es cuesti&oacute;n de facilitar las cosas o limar asperezas. Ya dec&iacute;a Plat&oacute;n que son dif&iacute;ciles las cosas bellas. Por ello Navarro nos har&aacute; atravesar, especialmente en la secci&oacute;n II, a trav&eacute;s de la experiencia del fracaso y la muerte. &iquest;Qu&eacute; sentido tienen la ca&iacute;da y la muerte, si somos vuelo?&nbsp;</p> <p style="text-align: left;">Sergio -no de forma filos&oacute;fica, pues es otra muy distinta su/la raz&oacute;n po&eacute;tica- aborda ahora uno de los grandes misterios de la vida. Morir, fracasar, no pueden responderse. S&oacute;lo dejan entrever un misterio m&aacute;s hondo, ese que nos dice que la lucha por el vuelo (eso somos: lucha por el vuelo) es, en el fondo, un aleteo por entrar a la luz, al calor, al espacio humanado.&nbsp;</p> <p style="text-align: left;">Cosas as&iacute; s&oacute;lo se pueden expresar y comprender en el poema, pues el poema comprende sin comprender y dice sin decir. El poema cumple as&iacute; su vocaci&oacute;n de introducirnos en el misterio, de una forma vedada a otra l&oacute;gica, para desvelar velando. Ser -vivir- y escritura se dan forma mutuamente.</p> <p style="text-align: left;">Por eso, a trav&eacute;s de esta secci&oacute;n, Navarro operar&aacute; tambi&eacute;n cierto cambio de registro, pasando del &aacute;mbito m&aacute;s natural al urbano, constatando que, junto a las fiebres m&aacute;s espirituales, la vida nos conduce al lugar donde habitan tantos hombres de nuestro tiempo, pues toda m&iacute;stica no es m&iacute;stica verdadera hasta que no se encarna, hasta que no penetra el coraz&oacute;n concreto de lo humano concreto all&iacute; donde concreta y personalmente se encuentra.&nbsp;</p> <p style="text-align: left;">A trav&eacute;s de esa grieta abierta en el aire podremos continuar. La muerte se revela madre porque ahora comprendemos que Dios es la Madre que ya nos ha alumbrado una vez y que nos alumbrar&aacute; definitivamente un d&iacute;a. Mas, mientras tanto y para el vuelo, tenemos el amor, un amor alejado de t&oacute;picos rom&aacute;nticos y artificios ret&oacute;ricos, pues se trata del amor de quienes, sencillamente, juegan sobre la hierba bajo la luz de sol, el amor del ni&ntilde;o adormilado sobre los hombros del padre que fuertemente lo sujeta. Entonces s&iacute;, entonces todo el libro revela su naturaleza de don que hace temblar de sentido nuestros tu&eacute;tanos.&nbsp;</p> <p style="text-align: left;">El poemario se encamina, finalmente, a dar por bueno lo ya vivido, a dar por suficiente lo simple. Quien este camino ha recorrido, comienza a ser poeta verdadero. Porque la bondad es difusiva de s&iacute;. En efecto: ser poeta consiste, en ese punto del libro, en entregarse. Y si no, nada. Esta final armoniosa comuni&oacute;n de cosmos y existencia da, como fruto, pan de luz y de penumbra lentamente amasado.&nbsp;</p> <p style="text-align: left;">La palabra madurez viene a nuestra mente leyendo a Sergio y brota en nosotros una reconciliaci&oacute;n con la vida. Sergio a&uacute;na metaf&iacute;sica del existir y escritura, cultura y moral, porque tambi&eacute;n escuchamos en &eacute;l a los maestros y los maestros cobran sentido en &eacute;l convirti&eacute;ndose en sabidur&iacute;a para la vida y para el hoy. Su culturalismo es cuerpo vivo y no vac&iacute;a erudici&oacute;n.&nbsp;</p> <p style="text-align: left;">Finalmente, la ambici&oacute;n de sentido y de altura -se trata de vuelo, no lo olvidemos- de este poemario nos hace recordar tambi&eacute;n a Alberto Magno cuando se&ntilde;alaba como una de las cualidades del verdadero arte la &ldquo;grandeza&rdquo;, ese af&aacute;n por hacer algo, no grandioso, sino grande, generoso, a la altura de la condici&oacute;n humana, a la altura de la historia, a la altura de la altura que queremos alcanzar porque, en el fondo, y Sergio Navarro lo sabe, somos vuelo y ansias de azul.</p> <p>&nbsp;</p>Fray Antonio Praena Segura, OPSat, 15 Jul 2017 00:00:00 +0200http://elatril.dominicos.org/articulos/la-lucha-por-el-vuelo/Stefan Zweig, adios a Europahttp://elatril.dominicos.org/articulos/stefan-zweig-adios-europa/<p>Lo peligroso es que, al final de la pel&iacute;cula, te preguntas si en realidad no est&aacute; sucediendo ahora.</p> <p>En pleno ascenso del nacionalsocialismo, el escritor austr&iacute;aco Stefan Zweig, el m&aacute;s le&iacute;do autor en lengua alemana de ese momento -s&oacute;lo detr&aacute;s de Thomas Mann-, acaba de llegar a Brasil para iniciar una serie de lecturas y conferencias por toda Am&eacute;rica Latina. Ya no volver&aacute; m&aacute;s a Europa.</p> <p>Su obra ha sido prohibida en Alemania. Numerosos artistas y escritores tambi&eacute;n jud&iacute;os, como Zweig, abandonan el viejo continente ante lo que ya parece irremediable. El holocausto est&aacute; a punto de ocurrir; la Segunda Guerra Mundial ser&aacute; el desenlace de todo.</p> <p>Pero el aclamado escritor no quiere tomar parte. Aun cuando lo presionan para que denuncie lo que est&aacute; sucediendo en su propia tierra, toda vez que &eacute;l parece a salvo a tantos miles de kil&oacute;metros, se resiste abiertamente a denunciarlo. No cree que ello haga un bien a sus propios compatriotas -dice. Como escritor, la misi&oacute;n de su arte es diferente -dice.</p> <p>Son, sin embargo, cada vez m&aacute;s las gestiones que tiene que realizar ante embajadas y consulados de toda Am&eacute;rica ante la petici&oacute;n de decenas, centenas de artistas que huyen desesperados, que buscan escapar de la persecuci&oacute;n o la muerte. No puede escribir. Todo su tiempo lo emplea intentando ayudar. La realidad le abre los ojos: &iquest;qu&eacute; importancia tiene mi obra comparada con esto? -dice.</p> <p>La austera, racional, casi fr&iacute;a pel&iacute;cula, refleja la idea de para&iacute;so que muchos escritores proyectaron sobre el hospitalario Brasil de ese momento. Un lugar donde pueden vivir los hombres y mujeres de distintas razas, religiones, ideas -dice.</p> <p>Pero su coraz&oacute;n vive anclado en la angustia, en la desesperaci&oacute;n, en el miedo. Su juda&iacute;smo le ofrece una esperanza contra toda esperanza. Pero, en el fondo, no tiene fe. Conocido es el desenlace de esta pel&iacute;cula absolutamente pegada a los hechos hist&oacute;ricos: &eacute;l y su esposa -no estamos destripando la cinta- se suicidan en 1942.</p> <blockquote class="clearfix"> <p class="clearfix">Y entonces, eso; te preguntas qu&eacute; fue de Europa. Qu&eacute; delgada l&iacute;nea separa lo que parece inconcebible, lo que una vez sucedi&oacute;, de lo que est&aacute; ocurriendo ahora. Lo que parece superado, de lo vuelve a asomar en tantos brotes de racismo, intolerancia, populismo y desenraizamiento intelectual.</p> </blockquote> <p>La ausencia de pasi&oacute;n narrativa confiere a esta pel&iacute;cula de Maria Schrader un calado espec&iacute;fico que, sin perder su verdad, se habr&iacute;a confundido con la mera emoci&oacute;n o la inmediata indignaci&oacute;n. El discurso panfletario es un arma de doble filo.</p> <p>La primera escena es un largo, largu&iacute;simo plano est&aacute;tico en torno a una enorme mesa repleta de flores. Es el recibimiento en el Nuevo Mundo. La &uacute;ltima escena es, cinematogr&aacute;ficamente, memorable, antol&oacute;gica; tan sumamente inteligente como simple. De nuevo un largo plano a c&aacute;mara anclada. El sencillo uso de un espejo posibilita narrar lo que es mejor descubrir tan s&oacute;lo en su reflejo. Alguien reza en hebreo. Las &uacute;ltimas palabras -las pronuncia un personaje menor que secundario: negra, mujer, criada- son un &ldquo;Padre nuestro&rdquo;. A la directora le basta para preguntarnos qu&eacute; fue de Europa.</p> <div class="youtube" style="width: 350; height: 300;"><object data="https://www.youtube.com/v/blP0GgVGfqA" type="application/x-shockwave-flash" height="300" width="350"><param name="movie" value="https://www.youtube.com/v/blP0GgVGfqA" /><param name="wmode" value="transparent" /></object></div>Fray Antonio Praena Segura, OPSun, 21 May 2017 00:00:00 +0200http://elatril.dominicos.org/articulos/stefan-zweig-adios-europa/del hombre / que observa lo que no comprende y se estremecehttp://elatril.dominicos.org/articulos/del-hombre-que-observa-lo-que-no-comprende-y-se-es/<p>Es un riesgo abordar algunos temas en poes&iacute;a. Lo dif&iacute;cil ante ellos es resistirse a la atracci&oacute;n de ciertos polos, como pueden ser el sentimentalismo, el subjetivismo, la emotividad como reclamo, los lugares comunes. Hay que poseer el don de la mesura, ese equilibrio que mantiene a raya el p&aacute;lpito inmediato pero, a su vez, no ahoga en la frialdad de la inteligencia la pujanza de las cosas verdaderamente sentidas. Dificil&iacute;simo, vamos.</p> <p>&ldquo;V&eacute;rtices&rdquo;, de Francisco Onieva (Visor 2016) es un poemario impecable y ejemplar en ese sentido. &iquest;C&oacute;mo ir m&aacute;s all&aacute; en estas cosas de la emoci&oacute;n sin sucumbir al confesionalismo sensiblero que aquello que tiene que ver con la propia biograf&iacute;a parece demandar alg&uacute;n tipo de lector? Perd&oacute;n, que a&uacute;n no lo he dicho y sin decirlo estos comentarios no se entienden: &ldquo;V&eacute;rtices&rdquo; aborda, como poco, la paternidad del poeta.</p> <p>Las hijas se convierten en patria: <i>Sois la &uacute;nica patria / en la que vale la pena creer</i>, leemos en un poema titulado &ldquo;Blanca y Marta&rdquo;, y que no necesita m&aacute;s de dos versos para estar pleno.</p> <p>Ya aqu&iacute; hay un elemento fundamental. El poeta est&aacute; separado de s&iacute;. No mira su rostro. No le importa su imagen. Si algo queda de un &ldquo;yo&rdquo;, es su fuga. Si hay primera persona, lo es desubjetivada, mediada a trav&eacute;s de quien ha salido de s&iacute; y se contempla desde los ojos de sus ni&ntilde;as -esto no es s&oacute;lo un retru&eacute;cano-, o desde los propios ojos, no ya despose&iacute;dos, sino luminosamente ofrendados, plenificados de don.</p> <p>Es esa plenitud de saberse en el t&uacute; del otro la que madura tambi&eacute;n a nuestro autor, pues llega, de alg&uacute;n modo, a la experiencia de lo inefable, la que no puede ser transcrita, sino s&oacute;lo testimoniada. Los poemas son una forma de mirar con los ojos cerrados, la manera de eternizar la dicha. <i>No pienso en transformar la armon&iacute;a en palabras. / Tampoco creo que sea posible.</i></p> <p>Luego s&oacute;lo hay que dejar que la poes&iacute;a cumpla su destino. Y eso hace con el lector: la verdad vital que estos poemas nos regalan, lejos de apegarnos al ego, a la subjetividad excrecida, por medio de un ejercicio de plena madurez, ascesis y vigilancia intelectual del autor, nos mantiene en el espacio tensionalmente abierto entre la voz pronunciada/escuchada y el referente vital ofrecido/recibido. Este &uacute;ltimo es as&iacute; trasmutado en referente literario universalizable.</p> <p>Seg&uacute;n el DRAE, "v&eacute;rtice" es el "punto en que concurren los dos lados de un &aacute;ngulo".Dos realidades configuran ese v&eacute;rtice. Pero si pasamos al plano de le tridimensionalidad, como parece recoger el mismo DRAE en su segunda acepci&oacute;n, tendremos que "v&eacute;rtice" tambi&eacute;n es "punto donde concurren tres o m&aacute;s planos".Tres son ahora los elementos que entran en la constituci&oacute;n del mismo.</p> <p>Los poemas de este libro se constituyen como verdaderos v&eacute;rtices en la concurrencia de las vidas, las del padre con las de sus hijas. Pero no s&oacute;lo la vida, encarnada ya en poema, es fruto del encuentro, de la confluencia libre con el otro o las otras. V&eacute;rtice es, igualmente, ese lugar donde se funde certidumbre e incertidumbre, lo decible y lo indecible. Y as&iacute; -lo que hace de este un poemario absolutamente especial-, la escritura misma concurre en una dimensi&oacute;n ya tridimensional.</p> <p>Porque estamos ante una obra que redimensiona, sin complicar ni oscurecer los diferentes planos de lectura, el hecho mismo del acto po&eacute;tico. Metaliteratura, metapo&eacute;tica, Onieva nos hace asistir a la dif&iacute;cilmente plasmable confluencia de ser, ser-en-otro y ser-escrito, constitutivos mismos del acto creador. Tres vidas en una sola escritura o tres escrituras en una sola vida. El padre engendra, pero el padre es engendrado como padre por y en el ser del otro, y, ambos, son en cuanto que acto de ser escrito.</p> <p>Parece complejo, pero es sencillo. Parece sencillo, pero es complejo. Pocas veces una metaf&iacute;sica (de la paternidad, de la creaci&oacute;n) tan elevada alcanza una claridad tan meridiana:<i> La hibridaci&oacute;n de tiempo y luces / habilita un paisaje que me exige cuentas. / Lo simplifico. </i></p> <p>Lo m&aacute;s hermoso de este hermoso libro es que estas consideraciones pueden ser pasadas por alto perfectamente para quien prefiera prescindir de ellas, porque es cualidad de toda verdadera obra de arte hablar desde s&iacute; misma ajena a sus an&aacute;lisis. El arte s&oacute;lo por el arte se conoce, el poema s&oacute;lo por el poema se justifica: <i>Os llamo con las palabras del hombre / que observa lo que no comprende y se estremece.</i></p> <p>Y, de este modo, lo que tiembla, lo que est&aacute; profundamente emocionada, no es una dimensi&oacute;n sentimental del individuo, sino la inteligencia toda transversal del entero autor y del lector entero.</p> <p>Cuando la emoci&oacute;n es inteligente, la inteligencia ya es toda ella emoci&oacute;n. Lo cual conlleva ausencia de artificio, trucos, efectismo: <i>Hoy vuelvo a mi habitaci&oacute;n primera. / Todo parece estar en el lugar de siempre. / Incluso yo. / Por fin escribo de m&iacute; sin disfraces. / Es una inexplicable paz de fuego encendido.</i></p> <p>S&oacute;lo queda dejar constancia de una cosa. Que este milagro (el que ocurre dentro del libro y el que el libro significa para nosotros, sus lectores), este asombro de ser sin ser, se desvanezca un d&iacute;a. Pues si la madurez y la paternidad ha llevado a Francisco Onieva a regalarnos estos poemas, tambi&eacute;n la madurez nos lleva a atisbar, cada vez m&aacute;s escueta y terrible, la certeza de la muerte: <i>Y me da miedo mi alegr&iacute;a.</i></p> <p>No importa. Esto es ya eterno: <i>La l&aacute;mpara apagada a&uacute;n conserva el mundo.</i></p> <p>Tambi&eacute;n contra la muerte nace la poes&iacute;a: <i>Amarte es la resurrecci&oacute;n de un hombre / que agradece los dones recibidos / &mdash;no s&eacute; muy bien a qui&eacute;n&mdash; / porque vivir es una invitaci&oacute;n, / y no un cr&eacute;dito hipotecario.</i></p> <p>Bienaventurado el don que Francisco Onieva ha recibido. Correspondan al Creador de todos los dones leyendo este poemario.&nbsp;</p>Fray Antonio Praena Segura, OPTue, 16 May 2017 00:00:00 +0200http://elatril.dominicos.org/articulos/del-hombre-que-observa-lo-que-no-comprende-y-se-es/Obreros de la palabrahttp://elatril.dominicos.org/articulos/obreros-de-la-palabra/<p>Esta entrada nace de un comentario que, con ocasi&oacute;n del d&iacute;a del trabajador, he hecho en Facebook y que ha provocado una animada conversaci&oacute;n.</p> <p>&iquest;Debe cobrar un poeta, como obrero de la palabra, por leer sus poemas? En mi caso, es algo que contradice mis principios. Pero entiendo que yo, en mi voto de pobreza y sin tener un salario propio ni siquiera para comprar y "poseer" los libros que me gustar&iacute;a, disfruto del regalo impagable de tener un plato de comida todos los d&iacute;as. Porque nuestros bienes, para mucho o para poco, son en com&uacute;n. Es una elecci&oacute;n personal y, por lo tanto, no puedo contradecir ni juzgar a quien no&nbsp;ha hecho mi misma -rara- elecci&oacute;n.</p> <p>Ello me lleva a pensar que alguien entregado a la escritura y que no disfrute del regalo de los bienes compartidos por una comunidad conventual -que es mi caso- s&iacute; deber&iacute;a recibir su salario, por m&aacute;s que la poes&iacute;a sea un don.&nbsp;</p> <p>Otra consideraci&oacute;n distinta me merece que poetas cuya obra no ha tenido a&uacute;n m&aacute;s trascendencia que la de ser una moda exijan 1.000 euros para hacer una lectura de 45 minutos.</p> <p><a href="https://www.facebook.com/antonio.praena">En el debate de redes</a>, hay quien ha recordado esa distinci&oacute;n entre precio y valor. Hay quien, como autor, se&ntilde;ala que, si hablamos estrictamente de la poes&iacute;a, es totalmente leg&iacute;timo que&nbsp;un poeta cobre por leer: est&aacute; ofreciendo algo valioso. Que sea inmaterial no reduce su valor.</p> <p>El mismo Jos&eacute; Mart&iacute;n Vayas, quien fue bastantes a&ntilde;os responsable del <a href="http://www.juntadeandalucia.es/cultura/caletras/opencms/es/portal">CAL (Centro Andaluz de las Letras)</a> nos ha recordado que el trabajo de un autor literario, incluidos los eventos como las lecturas p&uacute;blicas, deb&iacute;an ser remuneradas: &ldquo;otra cosa son los actos que promocionan la presentaci&oacute;n de un libro y buscan una mayor venta del mismo. En mi etapa como responsable del CAL as&iacute; lo establec&iacute;&rdquo;.</p> <p>Por otro lado, un lector nos ha hecho notar que, &ldquo;frente a la cultura del <em>gratis total</em> hay que exigir una remuneraci&oacute;n, aunque sea simb&oacute;lica, cada vez que se publica, que se leen poemas, que se realiza alguna actividad literaria. De lo contrario, solamente se contribuye a que la figura del poeta se desvalorice cada vez m&aacute;s ante la sociedad en general. Quien produce bienes culturales (como la poes&iacute;a) tiene tanto derecho a participar de la econom&iacute;a como los dem&aacute;s, sencillamente porque no vive del aire.&rdquo;</p>Fray Antonio Praena Segura, OPMon, 01 May 2017 00:00:00 +0200http://elatril.dominicos.org/articulos/obreros-de-la-palabra/La vida enormehttp://elatril.dominicos.org/articulos/la-vida-enorme/<p>Hay rarezas que nacen de la deliberaci&oacute;n. Otras son, en cambio, rarezas resultantes de una manera diferente de relacionarnos con el mundo. Ning&uacute;n juicio est&eacute;tico merecen a priori. Pero las segundas nos dejan unas ganas de saber m&aacute;s all&aacute; del propio saber po&eacute;tico, pues, aunque en su ficci&oacute;n la relaci&oacute;n con la vida no ha de ser necesaria, tambi&eacute;n en su ficci&oacute;n la relaci&oacute;n extra&ntilde;a con la vida puede ser una elecci&oacute;n consciente.</p> <p>Creo que &ldquo;La vida enorme&rdquo; (T&eacute;menos Ediciones, 2017), de Xavier Rodr&iacute;guez Ruera, nos trae una rareza vitalmente aceptada. Y, aunque el contenido transcurra sobre materia literaria -un culturalismo sin pretensi&oacute;n y apariencia de tal,- es la textura de su gram&aacute;tica la portadora de autobiograf&iacute;a. Consciente o no de ello, esa es ya una aportaci&oacute;n de este poemario.</p> <p>Esta belleza rara es un servicio que nos hace Rodr&iacute;guez Ruera frente a un panorama donde abunda la belleza del Photoshop, tambi&eacute;n los poemas Photoshop.</p> <p>&ldquo;Los poemas los escribe un yo al borde de la alienaci&oacute;n que lucha por integrarse en el mundo&rdquo;, se sinceraba el autor en un wasap con el epiloguista, Carlos Robles Lucena, quien consiente en la indiscreci&oacute;n de compartirlo con los lectores y se refiere a la voz de Xavier como una l&iacute;rica de la reinserci&oacute;n emocional.</p> <p>Y as&iacute;, este &ldquo;La vida enorme&rdquo; traza un camino de vuelta, el de alguien que ha estado al borde del abismo y, desde all&iacute;, trenza con los versos una terap&eacute;utica soga tendida al muelle de la realidad. En ese muelle asoma Barcelona como ciudad madre, una Barcelona a veces hist&oacute;rica y m&aacute;gica, otras desmitificadamente extraradial.</p> <p>Desde la infancia de la primera parte a la &uacute;ltima secci&oacute;n, habitada por una Ofelia Yonki y gentes que deambulan por el metro, atravesaremos la insolaci&oacute;n, la desolaci&oacute;n, la templanza marcada por la voz de Valente y una serie de estampas literarias en las que lo anecd&oacute;tico se convierte en el punto de fuga.</p> <p>Tanto en los versos m&aacute;s cenicientos como en los m&aacute;s atemperados, Rodr&iacute;guez Ruera habla como hablan los ojos vivos de los peces muertos.</p> <p>Este es un libro verdegr&iacute;s, como el mar algunas veces que no son recuerdo. Est&aacute;n en boca de uno de sus personajes, pero estos versos bien podr&iacute;an aplicarse el mismo yo entrecomillado del poeta: &ldquo;Me gustan los libros complicados,/ las canciones sencillas, las mujeres/ con ojeras y los hombres/ que miran a los ojos al estrechar la mano.&rdquo;</p> <p>Su forma de encabalgar es un eco del laberinto de lagunas calles, quiz&aacute; las m&aacute;s interesantes, las que un d&iacute;a desembocaron en la enormidad de una vida, la vida, para la que algunos poetas -me incluyo- no estamos preparados. &ldquo;La vida enorme&rdquo; dice eso: que la vida es enorme, que nos queda grande como vida, y que aceptar su llamada po&eacute;tica tambi&eacute;n nos queda grande. S&oacute;lo que algunos, de tanto caerse y levantarse en la trinchera de la comunicaci&oacute;n y la incomunicaci&oacute;n (pues ambas cosas son cosa de la poes&iacute;a), consiguen, como Xavier, al menos recoger en la p&aacute;gina la sombra de esta hipertrofia de sentido y sinsentido.</p> <pre style="padding-left: 30px;">&ldquo;Qu&eacute; vida m&aacute;s jodida. (Canta<br />un p&aacute;jaro).<br />Qu&eacute; vida m&aacute;s hermosa:<br />pero brilla una estrella.&rdquo;</pre> <p>&nbsp;</p>Fray Antonio Praena Segura, OPSat, 29 Apr 2017 00:00:00 +0200http://elatril.dominicos.org/articulos/la-vida-enorme/