El atrilhttp://elatril.dominicos.org/Este blog trata diversos temas de la relación arte-religión. Su autor es profesor en Teología y ha publicado varios libros de poesía.es-esCopyright 2017 Orden de Predicadores. Todos los derechos reservados.Thu, 27 Jul 2017 00:00:00 +020020"Accidente"http://elatril.dominicos.org/articulos/accidente/<p>[Como anunci&aacute;bamos en el art&iacute;culo anterior, continuamos compartiendo la presentaci&oacute;n de los Adon&aacute;is 2016 que celebramos recientemente con la presencia de los tres autores.]&nbsp;</p> <p><strong>&ldquo;Accidente&rdquo;,</strong> de Camino Rom&aacute;n&nbsp;</p> <p>&ldquo;Accidente&rdquo;, de Camino Rom&aacute;n, nos demuestra que se puede escribir una poes&iacute;a joven, fresca y contempor&aacute;nea que, a la vez y sin detrimento, busca nuevos cauces de calidad.</p> <p>Nacida en Veguellina de &Oacute;rbigo (Le&oacute;n) en 1981, Camino es licenciada en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca. Se dedica a la ense&ntilde;anza art&iacute;stica, a la vez que elabora su propia obra pict&oacute;rica habiendo participado en diversas exposiciones. La &uacute;ltima de ellas, &ldquo;Todo est&aacute; mal&rdquo;, en 2016. Traemos este dato porque explica en parte su poes&iacute;a: el arte contempor&aacute;neo exige un discurso cada vez m&aacute;s elaborado (adivinamos en ello los ensayos est&eacute;ticos de Danto) y, en esa circunstancia, la pintura llevo a Camino a la poes&iacute;a.</p> <p>Tras un poemario online, &ldquo;&lt;3&lt;3" en 2014, cuenta con otro libro en papel: "Una foto de un lugar que visitaste" (Ediciones Ochoacostado, 2016). &ldquo;Accidente&rdquo;, acc&eacute;sit de Adon&aacute;is, nos sorprende desde el primer instante por la originalidad de su lenguaje y por una imaginer&iacute;a que, inmediatamente, nos traslada a otros registros art&iacute;sticos y nos anima a la aventura de ensanchar nuestra relaci&oacute;n con el lenguaje a lo largo de un sostenido ejercicio de imprevisibilidad que, lejos de abrumarnos con rarezas, muestra precisamente c&oacute;mo la creatividad, cuando es exigente, conecta con asuntos universales a trav&eacute;s de lo m&aacute;s cotidiano; con cuestiones &uacute;ltimas sin tener que ponerse trascendentales; con el fondo del coraz&oacute;n sin tener que pasar por la grandilocuencia.</p> <p>Hay dos voces en &ldquo;Accidente&rdquo; y ese es el gran hallazgo de Camino Rom&aacute;n. Por un lado, est&aacute; la voz que discurre por el color, la espontaneidad, el ritmo y los destellos de la vida contempor&aacute;nea. Es una voz que parece y es divertida, sencilla, pop y agradablemente superficial. Pero, inmediatamente, esa facilidad no puede contener una sensaci&oacute;n de amenaza, una intuici&oacute;n de zarpazo agazapado en la digitalidad. Es entonces cuando se abre su otra voz, la que nos habla, en realidad, de la humana soledad, del desamor, de la incomunicaci&oacute;n, de la sustituci&oacute;n del espacio real por el espacio virtual.</p> <p>El logro y la aportaci&oacute;n de este libro es, precisamente, su capacidad para articular sincr&oacute;nicamente los dos registros y para atraparnos donde menos parec&iacute;a, pues, en el mismo divertimento, nos da un golpe de terror o de gracia, como en esos tiovivos de feria donde el brillo acharolado de los caballos y los mu&ntilde;ecos encierra, a la vez, un espanto sin posibilidad de discontinuidad.</p> <p>Camino conoce la est&eacute;tica del mundo virtual y c&oacute;mo, en la luminosidad de sus pantallas, el espacio real ha sido sustituido por el espacio virtual, la vida por su videojuego, la persona por su avatar. Y claro, al final hasta el llanto importa con tal de que sea rentable. Lo que haya detr&aacute;s, que cada uno se lo coma a solas.</p> <p>&iquest;Por qu&eacute;, en el mundo m&aacute;s intercomunicado entre los mundos pensables, estamos, finalmente, tan solos? Porque estamos solos &ldquo;como los &aacute;rboles que siempre est&aacute;n solos / libertad lo llamamos a veces / para reconocernos aunque nadie nos reconozca.&rdquo;</p> <p>El presente poemario es un testimonio precoz de esa generaci&oacute;n que comienza a descubrir la trampa de las redes, la viscosidad de una pantalla de plasma en la que, al fondo, estamos atrapados, pues sus respuestas s&oacute;lo sirven para una vida virtualmente fallida.</p> <p>Parece la generaci&oacute;n que descubre que su libertad se ha reducido a una aplicaci&oacute;n para Android y que hay muchos perfiles falsos en las redes. La que descubre c&oacute;mo el arte ha renunciado a los dogmatismos para caer paralizada ante el dogma absoluto de un yo absoluto recluido en el yo virtual de verse a s&iacute; mismo vivir y, sin embargo, no sentirse vivo.</p> <p>Camino ha escrito para nosotros el libro de una generaci&oacute;n que comienza a preguntarse &ldquo;Y despu&eacute;s, &iquest;qu&eacute;?&rdquo;.</p> <p>&ldquo;Accidente&rdquo; es un libro que aspira a molestar a alguien. Porque, al final, aspira, -lo confirma ella- al amor.</p> <p>El valor de nuestra artista consiste en adentrarse en estas cuestiones &uacute;ltimas sin plantearlas como cuestiones &uacute;ltimas. Ni siquiera como cuestiones. Su aportaci&oacute;n consiste en deslizarse y deslizarnos por una est&eacute;tica pixelada con sus mismas armas, como si nada, como quien ha aceptado el juego para inocular en el videojuego el virus que un d&iacute;a habr&aacute; de bloquearlo.</p> <p>Si en la desprogramaci&oacute;n de este universo estar&aacute; impl&iacute;cita tambi&eacute;n nuestra propia aniquilaci&oacute;n, es algo que la poes&iacute;a y la obra pict&oacute;rica de Camino Rom&aacute;n no dejar&aacute; de contarnos en su momento. Estamos avisados.</p>Fray Antonio Praena Segura, OPThu, 27 Jul 2017 00:00:00 +0200http://elatril.dominicos.org/articulos/accidente/El recelo del aguahttp://elatril.dominicos.org/articulos/el-recelo-del-agua/<p>[Como anunci&aacute;bamos en el art&iacute;culo anterior, continuamos compartiendo la presentaci&oacute;n de los Adon&aacute;is 2016 que celebramos recientemente con la presencia de los tres autores.]</p> <p><em><strong>El recelo del agua</strong>,</em> de Bibiana Collado</p> <p>En esa extra&ntilde;a relaci&oacute;n entre poeta y lector, hay veces en que tenemos la sensaci&oacute;n de que el poema no reposa ni en el uno ni en el otro, sino en ambos y en ninguno. Por ejemplo, cuando asistimos al acto de su autonom&iacute;a, una autonom&iacute;a que se sostiene en su verdad, su verdad po&eacute;tica. Entonces el lector tiene que decirle a la poeta que lo siente, pero que es poeta lo quiera o no lo quiera, que es poeta pese a que esto le va a doler siempre.</p> <p>Algo as&iacute; sucede al leer &ldquo;El recelo del agua&rdquo;, de Bibiana Collado. Poemas en alto grado de poema que imponen su soberan&iacute;a y abren un espacio que nos deslumbra y nos duele. Asistimos a ese extra&ntilde;o fen&oacute;meno que s&oacute;lo puede ocurrir en lo po&eacute;tico mediante el cual el dolor alumbra algo hermoso y la hermosura nos duele.</p> <p>Nacida en Burriana en 1985, licenciada en Filolog&iacute;a Hisp&aacute;nica, Master en Estudios Hisp&aacute;nicos avanzados, Bibiana Collado no es nueva en el panorama &eacute;dito de la poes&iacute;a espa&ntilde;ola. Aunque ya antes nos hab&iacute;a entregado &ldquo;Poemas sueltos&rdquo; (Premio Voces Nuevas y Premio Universitat de Val&egrave;ncia) y &ldquo;Como si nunca antes&rdquo; (Premio Arcipreste de Hita), tenemos ahora la certeza, sin embargo, de que va a quedarse, porque se ha abierto en ella una vibraci&oacute;n aut&oacute;noma que no podemos nombrar de otro modo que emocionar la inteligencia.</p> <p>En efecto, &ldquo;El recelo del agua&rdquo; es uno de esos libros que tiene vida propia. Habla incluso cuando lo hemos cerrado. Activa en el tiempo un temblor que no puede ser ignorado porque su estruendo sordo brota de una forma de amar personal y de familia, &iacute;ntima y social, que ya exist&iacute;a antes, pero que ahora se ha desgajado del miedo de las cosas que se mascaban en voz baja.</p> <p>&ldquo;El recelo del agua&rdquo; tiene voz de mujer. Y con esto decimos que una larga estirpe de mujeres nos sale al encuentro en sus poemas. Mujeres que no fueron a la escuela, mujeres que guardaban un ajuar por si acaso, mujeres que cuidan a mujeres, mujeres que con catorce a&ntilde;os trabajan 12 horas remachando bolsos en una f&aacute;brica, mujeres que extienden juntas las s&aacute;banas sobre una cama para la enfermedad futura, mujeres que se consuelan mutuamente y, mutuamente, a la vez se culpan sin poderlo decir, mujeres que bajaron del cerro, mujeres que tienen una cicatriz de quemadura muy antigua, mujeres que son hijas de su madre y madre de su hija y despu&eacute;s madre de su madre y luego hijas de sus hijas. Mujeres que comulgaron con un traje amarillo en una foto de habitaci&oacute;n sin ventana de la que se han borrado los padres pobres y las chozas pobres y luego asisten a la comuni&oacute;n de la hija del patr&oacute;n en mesa aparte. Mujeres con 15 minutos de descanso y un termo de caf&eacute; para apilar c&iacute;tricos junto a mujeres cuatrocientas en una nave industrial y manos astilladas de escarcha y madrugada. Mujeres que fueron maestras de franc&eacute;s y que no fueron maestras de franc&eacute;s.</p> <p>Bibiana se ha valido en este libro de una t&eacute;cnica que tiene el buen gusto de pasar desapercibida formalmente y mediante la cual ha superpuesto tiempos, lugares, biograf&iacute;as. Las realidades cobran as&iacute; perspectiva y llegan a nosotros como verdad. Pero a la vez, esa verdad se materializa en verdad social y cultural, porque Collado superpone tambi&eacute;n estratos de cultura. Cultura no es un a&ntilde;adido a la vida sino una dimensi&oacute;n m&aacute;s de ella. Por ello, mujeres del sustrato b&iacute;blico, mujeres de las letras, como Santa Teresa o sor Juana, y mujeres con Alzheimer y olvido, conviven con mujeres de las f&aacute;bricas porque sus diferentes dimensiones con Alzheimer y sin olvido lo son de una misma historia que es la de ellas y es la nuestra, aunque nos hiera aceptarlo.</p> <p>El arte de Bibiana cobra, finalmente, una dimensi&oacute;n que convierte &eacute;ste en un libro irrenunciable cuando tambi&eacute;n irrumpe -y no s&eacute; hasta qu&eacute; punto es consciente de ello- en el espacio sagrado; y, as&iacute;, por ejemplo, celebra una eucarist&iacute;a en el mismo acto en que una mujer parte el pan para otra y acerca una copa a otra mujer: Y Bibiana no s&oacute;lo hace comulgar dos espacios sem&aacute;nticos que alimentan alma y cuerpo, sino que hasta a&uacute;na dos mundos sonoros, el de la an&aacute;fora consecratoria -donde s&oacute;lo la voz de hombres se escucha, seg&uacute;n la tradici&oacute;n cat&oacute;lica- y el de la forma en que ella dispone sus versos: (&ldquo;se acerca, parte el pan / y se lo da diciendo:/ Coma madre, que apenas / ha probado bocado. / Despu&eacute;s le llena la copa / y se la da diciendo: / Beba usted despacito, / no se vaya a atragantar.&rdquo;).</p> <p>Algo similar ocurre en el poema &ldquo;El beso de Judas&rdquo;, que concita tambi&eacute;n el plano de la pintura tray&eacute;ndonos a los ojos una obra de Caravaggio: parece que hasta el miedo de Dios es mejor captado desde los ojos de una mujer.</p> <p>&ldquo;El recelo del agua&rdquo; es un libro estremecedor. Cat&aacute;rquico y anticat&aacute;rquico, pues, a la vez que trasmuta en su propio poema el miedo de los de abajo a no saber nunca lo suficiente, a que se nos note la pobreza que llevamos en los huesos, como en un acto de justica y superaci&oacute;n, a la vez, digo, y en el mismo exorcismo verbal, lo deja para siempre temblando, imposible ya de ignorar, como tiembla el agua en un pozo que a&uacute;n est&aacute; vivo y mana y del que no podemos curarnos.</p>Fray Antonio Praena Segura, OPSun, 23 Jul 2017 00:00:00 +0200http://elatril.dominicos.org/articulos/el-recelo-del-agua/La lucha por el vuelohttp://elatril.dominicos.org/articulos/la-lucha-por-el-vuelo/<p class="clearfix">[En los sucesivos d&iacute;as, publicaremos en este blog los extractos de la triple presentaci&oacute;n de los ganadores de Adon&aacute;is 2016, en la que estuvieron presentes los autores]</p> <p class="clearfix">Adon&aacute;is sigue siendo Adon&aacute;is. Y no es necesario recurrir s&oacute;lo a las glorias pasadas, a los nombres de quienes, desde sus inicios en la m&iacute;tica colecci&oacute;n (bien ganadores, bien acc&eacute;sit), han alcanzado la condici&oacute;n de cl&aacute;sicos contempor&aacute;neos: Jos&eacute; Hierro, Claudio Rodr&iacute;guez, Jos&eacute; &Aacute;ngel Valente, Caballero Bonald, Jos&eacute; Agust&iacute;n Goytisolo, &Aacute;ngel Gonz&aacute;lez, Julia Uceda, Blanca Andreu. Podemos tambi&eacute;n acudir a las ediciones m&aacute;s recientes para encontrar en Adon&aacute;is algunos de los nombres de los poetas j&oacute;venes o de generaci&oacute;n intermedia cuyo recorrido posterior podemos ya mencionar como relevante: Joaqu&iacute;n P&eacute;rez Azaustre, Javier Vela, Antonio Aguilar, Raquel Lanseros, Juan Meseguer, Jorge Gal&aacute;n, Francisco Onieva, Rub&eacute;n Mart&iacute;n D&iacute;az, Constantino Molina, Nilton Santiago... Seguro que la necesidad de brevedad hace injusticia a nombres significativos.</p> <p style="text-align: left;"><br /> A esta lista se suman ahora los nombres de Sergio Navarro, Bibiana Collado y Camino Rom&aacute;n. Y no es cuesti&oacute;n de vanidad o triunfalismo. Es algo m&aacute;s: inscribirse en esta estela no significa ser mejor que nadie, pero s&iacute; apostar por la excelencia con una ambici&oacute;n que interpreto como necesidad de enlazarnos a una tradici&oacute;n y un patrimonio para ser no en solitario, sino en plural; no en ego&iacute;smo, sino en gratitud; no en soliloquio, sino en di&aacute;logo con quienes nos han hablado y aportado. Estar en Adon&aacute;is es ser parte de un cuerpo vivo.&nbsp;</p> <p style="text-align: left;"><br /> <strong>&ldquo;La lucha por el Vuelo&rdquo;, de Sergio Navarro</strong>&nbsp;</p> <p style="text-align: left;">&ldquo;La lucha por el vuelo&rdquo;, de Sergio Navarro, recupera para nosotros la vibraci&oacute;n de un Adon&aacute;is cl&aacute;sico. Nacido en Marbella en 1992, doble Grado en Filolog&iacute;a Hisp&aacute;nica y Comunicaci&oacute;n Audiovisual, Sergio hab&iacute;a publicado en 2015 el poemario &ldquo;Telara&ntilde;as&rdquo;.&nbsp;</p> <p style="text-align: left;">Con el presente libro nos adentra en un peregrinaje por la naturaleza, un recorrido que se inicia en la invencible, ignota vastedad del abismo, desde el que una sonda hace llegar noticias de una soledad c&oacute;smica desconocida, para continuar despu&eacute;s por una naturaleza m&aacute;s terral pero igualmente ajena a lo humano, indiferente a la conciencia que trata de penetrar su misterio.&nbsp;</p> <p style="text-align: left;">Este viaje, sin embargo, halla en la poes&iacute;a un radar con el que proseguir hasta, y en sus sucesivas partes, adentrarnos y adentrar en nosotros el sacrosanto misterio que aguarda en cuanto vive.&nbsp;</p> <p style="text-align: left;">Ser&aacute;n una musicalidad sostenida y unos encabalgamientos que suspenden proverbialmente la respiraci&oacute;n sobre un abismo vertiginoso -coherente reflejo formal de la lucha por el vuelo y la voluntad de habitar este espacio- los que imanten nuestra querencia de altura para, finalmente, introducirnos en ese espacio m&iacute;stico que, sin embargo y parad&oacute;jicamente, nos aguardaba en lo m&aacute;s humano, pues la m&aacute;s salvaje potencia natural revela ahora su condici&oacute;n de empuje a fin de que cosmos y coraz&oacute;n sean, comunionalmente, uno. (&ldquo;que el hogar verdadero al que volver / es la tierra del hombre, quien anhela / el cielo mientras reza en el camino&rdquo;).&nbsp;</p> <p style="text-align: left;">En el poemario ganador del Adon&aacute;is 2016, Sergio se entrega, se abre, se arraiga, se desarraiga, crece, se empeque&ntilde;ece, anhela, vuela, cae, se levanta, choca, atraviesa.&nbsp;</p> <p style="text-align: left;">Porque no, no es cuesti&oacute;n de facilitar las cosas o limar asperezas. Ya dec&iacute;a Plat&oacute;n que son dif&iacute;ciles las cosas bellas. Por ello Navarro nos har&aacute; atravesar, especialmente en la secci&oacute;n II, a trav&eacute;s de la experiencia del fracaso y la muerte. &iquest;Qu&eacute; sentido tienen la ca&iacute;da y la muerte, si somos vuelo?&nbsp;</p> <p style="text-align: left;">Sergio -no de forma filos&oacute;fica, pues es otra muy distinta su/la raz&oacute;n po&eacute;tica- aborda ahora uno de los grandes misterios de la vida. Morir, fracasar, no pueden responderse. S&oacute;lo dejan entrever un misterio m&aacute;s hondo, ese que nos dice que la lucha por el vuelo (eso somos: lucha por el vuelo) es, en el fondo, un aleteo por entrar a la luz, al calor, al espacio humanado.&nbsp;</p> <p style="text-align: left;">Cosas as&iacute; s&oacute;lo se pueden expresar y comprender en el poema, pues el poema comprende sin comprender y dice sin decir. El poema cumple as&iacute; su vocaci&oacute;n de introducirnos en el misterio, de una forma vedada a otra l&oacute;gica, para desvelar velando. Ser -vivir- y escritura se dan forma mutuamente.</p> <p style="text-align: left;">Por eso, a trav&eacute;s de esta secci&oacute;n, Navarro operar&aacute; tambi&eacute;n cierto cambio de registro, pasando del &aacute;mbito m&aacute;s natural al urbano, constatando que, junto a las fiebres m&aacute;s espirituales, la vida nos conduce al lugar donde habitan tantos hombres de nuestro tiempo, pues toda m&iacute;stica no es m&iacute;stica verdadera hasta que no se encarna, hasta que no penetra el coraz&oacute;n concreto de lo humano concreto all&iacute; donde concreta y personalmente se encuentra.&nbsp;</p> <p style="text-align: left;">A trav&eacute;s de esa grieta abierta en el aire podremos continuar. La muerte se revela madre porque ahora comprendemos que Dios es la Madre que ya nos ha alumbrado una vez y que nos alumbrar&aacute; definitivamente un d&iacute;a. Mas, mientras tanto y para el vuelo, tenemos el amor, un amor alejado de t&oacute;picos rom&aacute;nticos y artificios ret&oacute;ricos, pues se trata del amor de quienes, sencillamente, juegan sobre la hierba bajo la luz de sol, el amor del ni&ntilde;o adormilado sobre los hombros del padre que fuertemente lo sujeta. Entonces s&iacute;, entonces todo el libro revela su naturaleza de don que hace temblar de sentido nuestros tu&eacute;tanos.&nbsp;</p> <p style="text-align: left;">El poemario se encamina, finalmente, a dar por bueno lo ya vivido, a dar por suficiente lo simple. Quien este camino ha recorrido, comienza a ser poeta verdadero. Porque la bondad es difusiva de s&iacute;. En efecto: ser poeta consiste, en ese punto del libro, en entregarse. Y si no, nada. Esta final armoniosa comuni&oacute;n de cosmos y existencia da, como fruto, pan de luz y de penumbra lentamente amasado.&nbsp;</p> <p style="text-align: left;">La palabra madurez viene a nuestra mente leyendo a Sergio y brota en nosotros una reconciliaci&oacute;n con la vida. Sergio a&uacute;na metaf&iacute;sica del existir y escritura, cultura y moral, porque tambi&eacute;n escuchamos en &eacute;l a los maestros y los maestros cobran sentido en &eacute;l convirti&eacute;ndose en sabidur&iacute;a para la vida y para el hoy. Su culturalismo es cuerpo vivo y no vac&iacute;a erudici&oacute;n.&nbsp;</p> <p style="text-align: left;">Finalmente, la ambici&oacute;n de sentido y de altura -se trata de vuelo, no lo olvidemos- de este poemario nos hace recordar tambi&eacute;n a Alberto Magno cuando se&ntilde;alaba como una de las cualidades del verdadero arte la &ldquo;grandeza&rdquo;, ese af&aacute;n por hacer algo, no grandioso, sino grande, generoso, a la altura de la condici&oacute;n humana, a la altura de la historia, a la altura de la altura que queremos alcanzar porque, en el fondo, y Sergio Navarro lo sabe, somos vuelo y ansias de azul.</p> <p>&nbsp;</p>Fray Antonio Praena Segura, OPSat, 15 Jul 2017 00:00:00 +0200http://elatril.dominicos.org/articulos/la-lucha-por-el-vuelo/Stefan Zweig, adios a Europahttp://elatril.dominicos.org/articulos/stefan-zweig-adios-europa/<p>Lo peligroso es que, al final de la pel&iacute;cula, te preguntas si en realidad no est&aacute; sucediendo ahora.</p> <p>En pleno ascenso del nacionalsocialismo, el escritor austr&iacute;aco Stefan Zweig, el m&aacute;s le&iacute;do autor en lengua alemana de ese momento -s&oacute;lo detr&aacute;s de Thomas Mann-, acaba de llegar a Brasil para iniciar una serie de lecturas y conferencias por toda Am&eacute;rica Latina. Ya no volver&aacute; m&aacute;s a Europa.</p> <p>Su obra ha sido prohibida en Alemania. Numerosos artistas y escritores tambi&eacute;n jud&iacute;os, como Zweig, abandonan el viejo continente ante lo que ya parece irremediable. El holocausto est&aacute; a punto de ocurrir; la Segunda Guerra Mundial ser&aacute; el desenlace de todo.</p> <p>Pero el aclamado escritor no quiere tomar parte. Aun cuando lo presionan para que denuncie lo que est&aacute; sucediendo en su propia tierra, toda vez que &eacute;l parece a salvo a tantos miles de kil&oacute;metros, se resiste abiertamente a denunciarlo. No cree que ello haga un bien a sus propios compatriotas -dice. Como escritor, la misi&oacute;n de su arte es diferente -dice.</p> <p>Son, sin embargo, cada vez m&aacute;s las gestiones que tiene que realizar ante embajadas y consulados de toda Am&eacute;rica ante la petici&oacute;n de decenas, centenas de artistas que huyen desesperados, que buscan escapar de la persecuci&oacute;n o la muerte. No puede escribir. Todo su tiempo lo emplea intentando ayudar. La realidad le abre los ojos: &iquest;qu&eacute; importancia tiene mi obra comparada con esto? -dice.</p> <p>La austera, racional, casi fr&iacute;a pel&iacute;cula, refleja la idea de para&iacute;so que muchos escritores proyectaron sobre el hospitalario Brasil de ese momento. Un lugar donde pueden vivir los hombres y mujeres de distintas razas, religiones, ideas -dice.</p> <p>Pero su coraz&oacute;n vive anclado en la angustia, en la desesperaci&oacute;n, en el miedo. Su juda&iacute;smo le ofrece una esperanza contra toda esperanza. Pero, en el fondo, no tiene fe. Conocido es el desenlace de esta pel&iacute;cula absolutamente pegada a los hechos hist&oacute;ricos: &eacute;l y su esposa -no estamos destripando la cinta- se suicidan en 1942.</p> <blockquote class="clearfix"> <p class="clearfix">Y entonces, eso; te preguntas qu&eacute; fue de Europa. Qu&eacute; delgada l&iacute;nea separa lo que parece inconcebible, lo que una vez sucedi&oacute;, de lo que est&aacute; ocurriendo ahora. Lo que parece superado, de lo vuelve a asomar en tantos brotes de racismo, intolerancia, populismo y desenraizamiento intelectual.</p> </blockquote> <p>La ausencia de pasi&oacute;n narrativa confiere a esta pel&iacute;cula de Maria Schrader un calado espec&iacute;fico que, sin perder su verdad, se habr&iacute;a confundido con la mera emoci&oacute;n o la inmediata indignaci&oacute;n. El discurso panfletario es un arma de doble filo.</p> <p>La primera escena es un largo, largu&iacute;simo plano est&aacute;tico en torno a una enorme mesa repleta de flores. Es el recibimiento en el Nuevo Mundo. La &uacute;ltima escena es, cinematogr&aacute;ficamente, memorable, antol&oacute;gica; tan sumamente inteligente como simple. De nuevo un largo plano a c&aacute;mara anclada. El sencillo uso de un espejo posibilita narrar lo que es mejor descubrir tan s&oacute;lo en su reflejo. Alguien reza en hebreo. Las &uacute;ltimas palabras -las pronuncia un personaje menor que secundario: negra, mujer, criada- son un &ldquo;Padre nuestro&rdquo;. A la directora le basta para preguntarnos qu&eacute; fue de Europa.</p> <div class="youtube" style="width: 350; height: 300;"><object data="https://www.youtube.com/v/blP0GgVGfqA" type="application/x-shockwave-flash" height="300" width="350"><param name="movie" value="https://www.youtube.com/v/blP0GgVGfqA" /><param name="wmode" value="transparent" /></object></div>Fray Antonio Praena Segura, OPSun, 21 May 2017 00:00:00 +0200http://elatril.dominicos.org/articulos/stefan-zweig-adios-europa/del hombre / que observa lo que no comprende y se estremecehttp://elatril.dominicos.org/articulos/del-hombre-que-observa-lo-que-no-comprende-y-se-es/<p>Es un riesgo abordar algunos temas en poes&iacute;a. Lo dif&iacute;cil ante ellos es resistirse a la atracci&oacute;n de ciertos polos, como pueden ser el sentimentalismo, el subjetivismo, la emotividad como reclamo, los lugares comunes. Hay que poseer el don de la mesura, ese equilibrio que mantiene a raya el p&aacute;lpito inmediato pero, a su vez, no ahoga en la frialdad de la inteligencia la pujanza de las cosas verdaderamente sentidas. Dificil&iacute;simo, vamos.</p> <p>&ldquo;V&eacute;rtices&rdquo;, de Francisco Onieva (Visor 2016) es un poemario impecable y ejemplar en ese sentido. &iquest;C&oacute;mo ir m&aacute;s all&aacute; en estas cosas de la emoci&oacute;n sin sucumbir al confesionalismo sensiblero que aquello que tiene que ver con la propia biograf&iacute;a parece demandar alg&uacute;n tipo de lector? Perd&oacute;n, que a&uacute;n no lo he dicho y sin decirlo estos comentarios no se entienden: &ldquo;V&eacute;rtices&rdquo; aborda, como poco, la paternidad del poeta.</p> <p>Las hijas se convierten en patria: <i>Sois la &uacute;nica patria / en la que vale la pena creer</i>, leemos en un poema titulado &ldquo;Blanca y Marta&rdquo;, y que no necesita m&aacute;s de dos versos para estar pleno.</p> <p>Ya aqu&iacute; hay un elemento fundamental. El poeta est&aacute; separado de s&iacute;. No mira su rostro. No le importa su imagen. Si algo queda de un &ldquo;yo&rdquo;, es su fuga. Si hay primera persona, lo es desubjetivada, mediada a trav&eacute;s de quien ha salido de s&iacute; y se contempla desde los ojos de sus ni&ntilde;as -esto no es s&oacute;lo un retru&eacute;cano-, o desde los propios ojos, no ya despose&iacute;dos, sino luminosamente ofrendados, plenificados de don.</p> <p>Es esa plenitud de saberse en el t&uacute; del otro la que madura tambi&eacute;n a nuestro autor, pues llega, de alg&uacute;n modo, a la experiencia de lo inefable, la que no puede ser transcrita, sino s&oacute;lo testimoniada. Los poemas son una forma de mirar con los ojos cerrados, la manera de eternizar la dicha. <i>No pienso en transformar la armon&iacute;a en palabras. / Tampoco creo que sea posible.</i></p> <p>Luego s&oacute;lo hay que dejar que la poes&iacute;a cumpla su destino. Y eso hace con el lector: la verdad vital que estos poemas nos regalan, lejos de apegarnos al ego, a la subjetividad excrecida, por medio de un ejercicio de plena madurez, ascesis y vigilancia intelectual del autor, nos mantiene en el espacio tensionalmente abierto entre la voz pronunciada/escuchada y el referente vital ofrecido/recibido. Este &uacute;ltimo es as&iacute; trasmutado en referente literario universalizable.</p> <p>Seg&uacute;n el DRAE, "v&eacute;rtice" es el "punto en que concurren los dos lados de un &aacute;ngulo".Dos realidades configuran ese v&eacute;rtice. Pero si pasamos al plano de le tridimensionalidad, como parece recoger el mismo DRAE en su segunda acepci&oacute;n, tendremos que "v&eacute;rtice" tambi&eacute;n es "punto donde concurren tres o m&aacute;s planos".Tres son ahora los elementos que entran en la constituci&oacute;n del mismo.</p> <p>Los poemas de este libro se constituyen como verdaderos v&eacute;rtices en la concurrencia de las vidas, las del padre con las de sus hijas. Pero no s&oacute;lo la vida, encarnada ya en poema, es fruto del encuentro, de la confluencia libre con el otro o las otras. V&eacute;rtice es, igualmente, ese lugar donde se funde certidumbre e incertidumbre, lo decible y lo indecible. Y as&iacute; -lo que hace de este un poemario absolutamente especial-, la escritura misma concurre en una dimensi&oacute;n ya tridimensional.</p> <p>Porque estamos ante una obra que redimensiona, sin complicar ni oscurecer los diferentes planos de lectura, el hecho mismo del acto po&eacute;tico. Metaliteratura, metapo&eacute;tica, Onieva nos hace asistir a la dif&iacute;cilmente plasmable confluencia de ser, ser-en-otro y ser-escrito, constitutivos mismos del acto creador. Tres vidas en una sola escritura o tres escrituras en una sola vida. El padre engendra, pero el padre es engendrado como padre por y en el ser del otro, y, ambos, son en cuanto que acto de ser escrito.</p> <p>Parece complejo, pero es sencillo. Parece sencillo, pero es complejo. Pocas veces una metaf&iacute;sica (de la paternidad, de la creaci&oacute;n) tan elevada alcanza una claridad tan meridiana:<i> La hibridaci&oacute;n de tiempo y luces / habilita un paisaje que me exige cuentas. / Lo simplifico. </i></p> <p>Lo m&aacute;s hermoso de este hermoso libro es que estas consideraciones pueden ser pasadas por alto perfectamente para quien prefiera prescindir de ellas, porque es cualidad de toda verdadera obra de arte hablar desde s&iacute; misma ajena a sus an&aacute;lisis. El arte s&oacute;lo por el arte se conoce, el poema s&oacute;lo por el poema se justifica: <i>Os llamo con las palabras del hombre / que observa lo que no comprende y se estremece.</i></p> <p>Y, de este modo, lo que tiembla, lo que est&aacute; profundamente emocionada, no es una dimensi&oacute;n sentimental del individuo, sino la inteligencia toda transversal del entero autor y del lector entero.</p> <p>Cuando la emoci&oacute;n es inteligente, la inteligencia ya es toda ella emoci&oacute;n. Lo cual conlleva ausencia de artificio, trucos, efectismo: <i>Hoy vuelvo a mi habitaci&oacute;n primera. / Todo parece estar en el lugar de siempre. / Incluso yo. / Por fin escribo de m&iacute; sin disfraces. / Es una inexplicable paz de fuego encendido.</i></p> <p>S&oacute;lo queda dejar constancia de una cosa. Que este milagro (el que ocurre dentro del libro y el que el libro significa para nosotros, sus lectores), este asombro de ser sin ser, se desvanezca un d&iacute;a. Pues si la madurez y la paternidad ha llevado a Francisco Onieva a regalarnos estos poemas, tambi&eacute;n la madurez nos lleva a atisbar, cada vez m&aacute;s escueta y terrible, la certeza de la muerte: <i>Y me da miedo mi alegr&iacute;a.</i></p> <p>No importa. Esto es ya eterno: <i>La l&aacute;mpara apagada a&uacute;n conserva el mundo.</i></p> <p>Tambi&eacute;n contra la muerte nace la poes&iacute;a: <i>Amarte es la resurrecci&oacute;n de un hombre / que agradece los dones recibidos / &mdash;no s&eacute; muy bien a qui&eacute;n&mdash; / porque vivir es una invitaci&oacute;n, / y no un cr&eacute;dito hipotecario.</i></p> <p>Bienaventurado el don que Francisco Onieva ha recibido. Correspondan al Creador de todos los dones leyendo este poemario.&nbsp;</p>Fray Antonio Praena Segura, OPTue, 16 May 2017 00:00:00 +0200http://elatril.dominicos.org/articulos/del-hombre-que-observa-lo-que-no-comprende-y-se-es/Obreros de la palabrahttp://elatril.dominicos.org/articulos/obreros-de-la-palabra/<p>Esta entrada nace de un comentario que, con ocasi&oacute;n del d&iacute;a del trabajador, he hecho en Facebook y que ha provocado una animada conversaci&oacute;n.</p> <p>&iquest;Debe cobrar un poeta, como obrero de la palabra, por leer sus poemas? En mi caso, es algo que contradice mis principios. Pero entiendo que yo, en mi voto de pobreza y sin tener un salario propio ni siquiera para comprar y "poseer" los libros que me gustar&iacute;a, disfruto del regalo impagable de tener un plato de comida todos los d&iacute;as. Porque nuestros bienes, para mucho o para poco, son en com&uacute;n. Es una elecci&oacute;n personal y, por lo tanto, no puedo contradecir ni juzgar a quien no&nbsp;ha hecho mi misma -rara- elecci&oacute;n.</p> <p>Ello me lleva a pensar que alguien entregado a la escritura y que no disfrute del regalo de los bienes compartidos por una comunidad conventual -que es mi caso- s&iacute; deber&iacute;a recibir su salario, por m&aacute;s que la poes&iacute;a sea un don.&nbsp;</p> <p>Otra consideraci&oacute;n distinta me merece que poetas cuya obra no ha tenido a&uacute;n m&aacute;s trascendencia que la de ser una moda exijan 1.000 euros para hacer una lectura de 45 minutos.</p> <p><a href="https://www.facebook.com/antonio.praena">En el debate de redes</a>, hay quien ha recordado esa distinci&oacute;n entre precio y valor. Hay quien, como autor, se&ntilde;ala que, si hablamos estrictamente de la poes&iacute;a, es totalmente leg&iacute;timo que&nbsp;un poeta cobre por leer: est&aacute; ofreciendo algo valioso. Que sea inmaterial no reduce su valor.</p> <p>El mismo Jos&eacute; Mart&iacute;n Vayas, quien fue bastantes a&ntilde;os responsable del <a href="http://www.juntadeandalucia.es/cultura/caletras/opencms/es/portal">CAL (Centro Andaluz de las Letras)</a> nos ha recordado que el trabajo de un autor literario, incluidos los eventos como las lecturas p&uacute;blicas, deb&iacute;an ser remuneradas: &ldquo;otra cosa son los actos que promocionan la presentaci&oacute;n de un libro y buscan una mayor venta del mismo. En mi etapa como responsable del CAL as&iacute; lo establec&iacute;&rdquo;.</p> <p>Por otro lado, un lector nos ha hecho notar que, &ldquo;frente a la cultura del <em>gratis total</em> hay que exigir una remuneraci&oacute;n, aunque sea simb&oacute;lica, cada vez que se publica, que se leen poemas, que se realiza alguna actividad literaria. De lo contrario, solamente se contribuye a que la figura del poeta se desvalorice cada vez m&aacute;s ante la sociedad en general. Quien produce bienes culturales (como la poes&iacute;a) tiene tanto derecho a participar de la econom&iacute;a como los dem&aacute;s, sencillamente porque no vive del aire.&rdquo;</p>Fray Antonio Praena Segura, OPMon, 01 May 2017 00:00:00 +0200http://elatril.dominicos.org/articulos/obreros-de-la-palabra/La vida enormehttp://elatril.dominicos.org/articulos/la-vida-enorme/<p>Hay rarezas que nacen de la deliberaci&oacute;n. Otras son, en cambio, rarezas resultantes de una manera diferente de relacionarnos con el mundo. Ning&uacute;n juicio est&eacute;tico merecen a priori. Pero las segundas nos dejan unas ganas de saber m&aacute;s all&aacute; del propio saber po&eacute;tico, pues, aunque en su ficci&oacute;n la relaci&oacute;n con la vida no ha de ser necesaria, tambi&eacute;n en su ficci&oacute;n la relaci&oacute;n extra&ntilde;a con la vida puede ser una elecci&oacute;n consciente.</p> <p>Creo que &ldquo;La vida enorme&rdquo; (T&eacute;menos Ediciones, 2017), de Xavier Rodr&iacute;guez Ruera, nos trae una rareza vitalmente aceptada. Y, aunque el contenido transcurra sobre materia literaria -un culturalismo sin pretensi&oacute;n y apariencia de tal,- es la textura de su gram&aacute;tica la portadora de autobiograf&iacute;a. Consciente o no de ello, esa es ya una aportaci&oacute;n de este poemario.</p> <p>Esta belleza rara es un servicio que nos hace Rodr&iacute;guez Ruera frente a un panorama donde abunda la belleza del Photoshop, tambi&eacute;n los poemas Photoshop.</p> <p>&ldquo;Los poemas los escribe un yo al borde de la alienaci&oacute;n que lucha por integrarse en el mundo&rdquo;, se sinceraba el autor en un wasap con el epiloguista, Carlos Robles Lucena, quien consiente en la indiscreci&oacute;n de compartirlo con los lectores y se refiere a la voz de Xavier como una l&iacute;rica de la reinserci&oacute;n emocional.</p> <p>Y as&iacute;, este &ldquo;La vida enorme&rdquo; traza un camino de vuelta, el de alguien que ha estado al borde del abismo y, desde all&iacute;, trenza con los versos una terap&eacute;utica soga tendida al muelle de la realidad. En ese muelle asoma Barcelona como ciudad madre, una Barcelona a veces hist&oacute;rica y m&aacute;gica, otras desmitificadamente extraradial.</p> <p>Desde la infancia de la primera parte a la &uacute;ltima secci&oacute;n, habitada por una Ofelia Yonki y gentes que deambulan por el metro, atravesaremos la insolaci&oacute;n, la desolaci&oacute;n, la templanza marcada por la voz de Valente y una serie de estampas literarias en las que lo anecd&oacute;tico se convierte en el punto de fuga.</p> <p>Tanto en los versos m&aacute;s cenicientos como en los m&aacute;s atemperados, Rodr&iacute;guez Ruera habla como hablan los ojos vivos de los peces muertos.</p> <p>Este es un libro verdegr&iacute;s, como el mar algunas veces que no son recuerdo. Est&aacute;n en boca de uno de sus personajes, pero estos versos bien podr&iacute;an aplicarse el mismo yo entrecomillado del poeta: &ldquo;Me gustan los libros complicados,/ las canciones sencillas, las mujeres/ con ojeras y los hombres/ que miran a los ojos al estrechar la mano.&rdquo;</p> <p>Su forma de encabalgar es un eco del laberinto de lagunas calles, quiz&aacute; las m&aacute;s interesantes, las que un d&iacute;a desembocaron en la enormidad de una vida, la vida, para la que algunos poetas -me incluyo- no estamos preparados. &ldquo;La vida enorme&rdquo; dice eso: que la vida es enorme, que nos queda grande como vida, y que aceptar su llamada po&eacute;tica tambi&eacute;n nos queda grande. S&oacute;lo que algunos, de tanto caerse y levantarse en la trinchera de la comunicaci&oacute;n y la incomunicaci&oacute;n (pues ambas cosas son cosa de la poes&iacute;a), consiguen, como Xavier, al menos recoger en la p&aacute;gina la sombra de esta hipertrofia de sentido y sinsentido.</p> <pre style="padding-left: 30px;">&ldquo;Qu&eacute; vida m&aacute;s jodida. (Canta<br />un p&aacute;jaro).<br />Qu&eacute; vida m&aacute;s hermosa:<br />pero brilla una estrella.&rdquo;</pre> <p>&nbsp;</p>Fray Antonio Praena Segura, OPSat, 29 Apr 2017 00:00:00 +0200http://elatril.dominicos.org/articulos/la-vida-enorme/Locas de alegríahttp://elatril.dominicos.org/articulos/locas-de-alegria/<p>De todo ha habido en lo que a cr&iacute;ticas se refiere, porque algunas la pon&iacute;an por las nubes y otras detestaban eso de que ni te puedes re&iacute;r como en otras comedias ni puedes llorar como en un drama. Pues las dos cosas he hecho yo: re&iacute;rme a pierna suelta y llorar a moco tendido.</p> <p>Hablo de la pel&iacute;cula italiana &ldquo;Locas de alegr&iacute;a&rdquo;, dirigida por<a href="http://cultura.elpais.com/cultura/2016/10/29/actualidad/1477738898_656182.html"> Paolo Virz&igrave;</a>, un director prol&iacute;fico al que parece importarle poco la correcci&oacute;n art&iacute;stica y est&aacute;, sin embargo, empe&ntilde;ado en dejar constancia de cuestiones humanas de nuestro tiempo.</p> <p>La cosa arranca en una instituci&oacute;n para personas con problemas mentales en la que Beatrice tiene problemas de convivencia -qui&eacute;n no- y a la que llega Donatella, una chica joven envuelta en misterio. Beatrice delira constantemente: se cree una condesa y continuamente marca la diferencia con el resto, que son pobres, feas -en sus palabras- y no tienen clase ninguna. En todo se inmiscuye y a ratos no sabemos si est&aacute; loca de verdad o, simplemente, los locos somos nosotros.</p> <p>Pronto querr&aacute; hacerse amiga de Donatella. Y lo consigue, hasta el punto de que la relaci&oacute;n entre ambas se convierte en la espina dorsal de la pel&iacute;cula que alza el vuelo cuando ambas emprenden una escapada, una aventura, un viaje a ninguna parte. Aunque quiz&aacute; s&iacute;: el viaje a un lugar dentro de ellas mismas.</p> <p>La cosa es que el guion tiene serios inconvenientes en lo que se refiere a excesos de casualidades, situaciones forzadamente tra&iacute;das, momentos provocados m&aacute;s por la necesidad del director que por la historia misma. De ah&iacute; las cr&iacute;ticas negativas, que no se dan cuenta de que al director estas cosas le importan muy poco porque su objetivo es otro. Entonces descubres que la pel&iacute;cula en realidad es un gran pretexto, una par&aacute;bola, para decirnos otra cosa; esto: una amiga, una sola amiga, basta para encontrar la luz en la locura. Y ya est&aacute;. Y es emocionante hasta los tu&eacute;tanos.</p> <p>Por lo dem&aacute;s, pues alucinar de admiraci&oacute;n ante el inmenso, inmens&iacute;simo papel de Beatrice, interpretado por <a href="http://www.rtve.es/alacarta/videos/dias-de-cine/valeria-bruni/3988504/">Valeria Bruni Tedeschi,</a> sin la cual esta gran locura se vendr&iacute;a abajo. Si se tiene la suerte de verla en versi&oacute;n original, se aprecia el m&eacute;todo seguido que, seg&uacute;n una amiga con experiencia en esto, consiste en echar a andar el personaje mucho antes de que comience la sesi&oacute;n de rodaje y dejarlo seguir un buen rato despu&eacute;s de que se apaguen los focos.</p> <p>Por otro lado, destacar el trabajo actoral, eso que se nota en escenas corales en las que la c&aacute;mara se carga al hombro y se sumerge en el rollo montado por los actores para que luego el espectador reciba algo intangible, un elemento imposible de planificar y que brota de la manera en que el grupo ha trabajado su relaci&oacute;n fuera de plano. Procesos creativos que dan un sabor especial a esta cinta, a pesar de sus defectos. &iquest;Qu&eacute; importan estos, cuando a cambio nos queda esa huella de amistad y de locura, dos naturalezas en una misma vida?</p> <p>Una chifladura memorable. No os la perd&aacute;is.</p> <div class="youtube" style="width: 350; height: 300;"><object data="https://www.youtube.com/v/2KKcQlGbmB8" type="application/x-shockwave-flash" height="300" width="350"><param name="movie" value="https://www.youtube.com/v/2KKcQlGbmB8" /><param name="wmode" value="transparent" /></object></div> <p class="youtube" style="width: 350; height: 300;">&nbsp;</p>Fray Antonio Praena Segura, OPSat, 22 Apr 2017 00:00:00 +0200http://elatril.dominicos.org/articulos/locas-de-alegria/La simiente del fuegohttp://elatril.dominicos.org/articulos/la-simiente-del-fuego/<p>Se cruzan en mi mesa de lectura (bueno, no es una mesa, sino un pal&eacute; que recog&iacute; en la calle) los dos vol&uacute;menes de &ldquo;Teor&iacute;a de la expresi&oacute;n po&eacute;tica&rdquo;, de Carlos Bouso&ntilde;o, obra considerada como la &uacute;ltima gran publicaci&oacute;n en espa&ntilde;ol que abord&oacute; el hecho po&eacute;tico en s&iacute;, y la presencia paciente de poemarios de j&oacute;venes autores, alguno de los cuales ha despertado mi inter&eacute;s desde una primera cata.</p> <p>Vayamos hoy con &ldquo;La simiente del fuego&rdquo;, de Ramiro Ros&oacute;n (coeditado por Idea y Aguere). Lo primero que llama nuestra atenci&oacute;n es la elegancia reposada y clara de este poemario; una escritura madura para la edad de su autor que denota c&oacute;mo el saber hacer est&aacute; asimilado y es hora ya de trascender la hacia el riesgo de la propia voz y el propio universo po&eacute;tico.</p> <p>Ramiro Ros&oacute;n parte de una escritura cl&aacute;sica y formalmente contenida que da primac&iacute;a al contenido sobre la forma. Quiz&aacute; precisamente porque tiene algo importante que decir.</p> <p>En efecto, sorteando esa tendencia juvenil a llegar y querer parecer poeta, que nos afecta cuando somos j&oacute;venes, esa tentaci&oacute;n del &ldquo;miradme, soy joven, terrible y nunca hab&eacute;is escuchado algo parecido&rdquo; por la que todos hemos pasado, a sus escasos veintitantos, Ramiro Ros&oacute;n mira sin prejuicio ni complejo la condici&oacute;n trascendente del mundo y el ser humano, incluyendo su realidad religiosa, con la particularidad de que, a pesar de los indudables matices cristianos que presenta, no sabemos y no nos importan las creencias del autor: Ramiro ha erigido un texto verdadero que se sostiene en s&iacute; mismo.</p> <p>Al arte le basta el arte en cuanto a arte se refiere. Recogiendo lo que Bouso&ntilde;o manifiesta en el citado cl&aacute;sico, &ldquo;el narrador poem&aacute;tico es un sue&ntilde;o del autor sin comillas, y el `autor&acute; entrecomillado es un sue&ntilde;o del lector&rdquo;. Lo que, en otro orden de cosas, viene a significar que &ldquo;la relaci&oacute;n entre poema y vida se parece a la relaci&oacute;n que media entre dos l&iacute;neas paralelas, que sin tocarse nunca, cada una de ellas sigue las evoluciones de la otra&rdquo;.</p> <p>El hecho es el poema y est&aacute; ah&iacute;. Ros&oacute;n llega a &eacute;l por la v&iacute;a po&eacute;tica misma, al margen de la especulaci&oacute;n, la cual, en poes&iacute;a, suele y quiz&aacute; debe ser un "a posteriori".</p> <p>Y ya que este blog pretende explorar la posible relaci&oacute;n entre arte y fe, resulta satisfactorio encontrar un acercamiento al hecho cristiano en campos ajenos al lenguaje y la simb&oacute;lica tradicionales religiosos. En el fondo, es el argumento m&aacute;s consistente acerca de la validez del Evangelio y de la atracci&oacute;n que Jes&uacute;s de Nazaret sigue suscitando sobre la mirada humana, en este caso, una mirada joven. Intuimos en los versos de Ramiro Ros&oacute;n que no le condiciona lo que la teolog&iacute;a pudiera pensar de su escritura, pero tampoco lo que el resto de las voces po&eacute;ticas puedan criticar, un parnaso donde esconder las creencias o determinados vuelos trascendentes a veces es un requisito para medrar literariamente.</p> <p>Est&aacute; bien que as&iacute; sea la independencia de Ramiro Ros&oacute;n, porque la misi&oacute;n del poeta es otra bien distinta a la de agradar y triunfar. Nuestro vate vuela libre sin m&aacute;s alas que las de la b&uacute;squeda &nbsp;y la belleza.</p> <p>&ldquo;La simiente del fuego&rdquo; es un libro que, desde su t&iacute;tulo, asciende. Parte de bien adentro en la tierra, como la semilla, aunque pronto muestra su aspiraci&oacute;n de fuego. Tiende el fuego a las estrellas, aunque en ese viaje se las haya de ver con la disoluci&oacute;n. Al fin y al cabo, el vuelo es eso que queda tras lo que se marcha porque su esencia es movimiento.</p> <p>Ramiro escribe desde su Canarias natal para, desde una situaci&oacute;n de soledad personal y cierto aislamiento literario, huir y llegar al lector por la &uacute;nica brecha abierta, esa grieta por la que todo se escapa (hay una grieta en todo, nos dec&iacute;a Leonard Cohen) y gracias a la cual somos redimidos.</p> <p>Cipreses, garzas, catedrales, bosques sagrados, vencejos; incluso las afirmaciones cristianas de la Resurrecci&oacute;n y Asunci&oacute;n, desprovistas de categor&iacute;as teol&oacute;gicas, dan tensi&oacute;n y magnitud a los poemas. Todo -desde la voz de las cosas a la interioridad del hombre que escucha y escribe- nos dice que es in&uacute;til acallar el llamado del Misterio. Lo cual nada de extra&ntilde;o tiene, a no ser su cualidad de absoluta otredad. De lo contrario, no ser&iacute;a misterio y no estar&iacute;amos as&iacute;, m&aacute;s fuera de nosotros mismos que dentro.</p> <p>Ser poeta es encontrar preguntas y Ramiro Ros&oacute;n las encuentra. Luego no hay m&aacute;s que resolver el silogismo&hellip; Si bien, al avanzar por su obra, descubrimos que queremos m&aacute;s: que rompa m&aacute;s, que se desconozca m&aacute;s, que transgreda m&aacute;s los l&iacute;mites del discurso. Pero ello es promesa que intuimos cerca, pues es el mismo texto el que nos la despierta, y eso ya es milagro. En realidad, este libro recoge un periodo creativo de 8 a&ntilde;os y se percibe en &eacute;l la evoluci&oacute;n y cada vez m&aacute;s clara conciencia de este autor pese a su juventud. Es un poemario que se sit&uacute;a entre &ldquo;Tratado de la luz&rdquo;, de 2008, y una inminente publicaci&oacute;n en la que las intuidas evoluciones est&eacute;ticas eclosionar&aacute;n con fuerza. Lo esperamos.</p> <p>Para contrapeso, concluyamos diciendo que el car&aacute;cter sapiencial y limpiamente po&eacute;tico de este libro no excluye el compromiso m&aacute;s concreto y directo. Antes bien, &eacute;ste es una conclusi&oacute;n directa y necesaria de la mirada contemplativamente laica de Ros&oacute;n. V&eacute;ase, si no, el poema &ldquo;Inmigrantes&rdquo;, con cuyos versos finales invitamos a la lectura de &ldquo;La simiente del fuego&rdquo;:</p> <pre style="padding-left: 20px;">&ldquo;Los hombres que los miren como espejos</pre> <pre style="padding-left: 20px;">lavar&aacute;n las infamias de la tierra;</pre> <pre style="padding-left: 20px;">los hombres que los miren como espejos</pre> <pre style="padding-left: 20px;">ser&aacute;n alondras puras en el alba.&rdquo;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</pre> <figure class="right" style="padding-left: 20px;"> <p style="padding-left: 20px;">&nbsp;</p> </figure>Fray Antonio Praena Segura, OPThu, 20 Apr 2017 00:00:00 +0200http://elatril.dominicos.org/articulos/la-simiente-del-fuego/A la luz de la luna, los negros somos azules. Moonlighthttp://elatril.dominicos.org/articulos/la-luz-de-la-luna-los-negros-somos-azules-moonligh/<p>Ahora todo el mundo habla de ella, despu&eacute;s del accidentado fin de gala de los Oscar. No soy muy de Oscar. Es un escaparate y un gran negocio. No olvidemos que la industria cinematogr&aacute;fica es una de las mayores fuentes de ingresos de USA (la segunda, seg&uacute;n algunas estimaciones), aparte de pieza clave en la acci&oacute;n cultural del pa&iacute;s americano. Su forma de estar presente hasta en el &uacute;ltimo rinc&oacute;n del mundo, su manera de llevar a nuestros ojos lo que sus ojos ven.</p> <p>Pero a lo que &iacute;bamos. Este a&ntilde;o estaba especialmente descolgado, dada la abultada acumulaci&oacute;n de estatuillas a las que aspiraba la sobrevalorada &ldquo;La La Land&rdquo;. As&iacute; es que este final accidentado en el cual pas&oacute; de ganar el galard&oacute;n a la mejor pel&iacute;cula a haberlo perdido en favor de Moonlight me ha sabido a justicia po&eacute;tica.</p> <p>Ten&iacute;a pensado escribir sobre &ldquo;Moonlight&rdquo; desde que la vi. &iquest;Por qu&eacute; ha ganado? Porque es una obra de arte llena de personalidad, &eacute;pica y estilo frente al vac&iacute;o ret&oacute;rico, el descafeinado guion y las interpretaciones acomodadas en busca de taquilla de &ldquo;La La Land&rdquo;, que es una pel&iacute;cula bastante mediocre, un producto de esos que hacen los especialistas puliendo hasta dar con los est&aacute;ndares que agradar&aacute;n al p&uacute;blico y asegurar&aacute;n el taquillazo. As&iacute; de simple.</p> <p>Moonlight, en cambio, es riesgo y personalidad desde el principio. No sabr&iacute;a delimitar su tema, y eso, en este caso, es un m&eacute;rito, porque, si se tiene el talento suficiente, a veces el tema es la vida sin m&aacute;s. Y saber llevar vida al arte ya es mucho.</p> <p>La identidad -&iquest;qui&eacute;n soy?-, el precio que hay que pagar por ser diferente, la amistad, la bondad de algunos seres buenos que justifican este mundo, las contradicciones con las que siempre hemos de lidiar, las cosas que toda la vida hemos querido decir y no hemos dicho y son m&aacute;s parte de nosotros mismos que todo lo que hemos dicho, la infancia que nunca nos abandona y est&aacute; ah&iacute;, condicion&aacute;ndolo todo, la ternura que buscamos en tantas decisiones como tomamos sin saber muy bien por qu&eacute;&hellip; Todo esto, forma parte de &ldquo;Moonlight&rdquo; sin que tengamos la conciencia de que algo est&aacute; ocurriendo.</p> <p>Pero sabemos que las buenas intenciones suelen producir el peor arte. Por lo que este contenido habr&iacute;a podido producir un pesti&ntilde;o de no ser por el talento que rebosa esta cinta escrita por negros, dirigida por negros, interpretada por negros. S&iacute;, ese talento es lo que la lleva a ser lo que es, un puro ejercicio de poes&iacute;a completamente antipo&eacute;tica, es decir: realizada sin elementos l&iacute;ricos, est&eacute;ticos, efectistas o sentimentales. Y, por supuesto, el magn&iacute;fico empastado de las interpretaciones, ese elemento de comuni&oacute;n que intuimos en toda la obra y nos llega a los espectadores con intensidad. Hay momentos sublimes en su sencillez y sinceridad.</p> <p>&ldquo;Un d&iacute;a tienes que decidir por ti mismo qui&eacute;n vas a ser. No puedes dejar que otros lo decidan por ti&rdquo;. No quer&iacute;a decir que Moonlight es una obra maestra, para no ponernos sublimes. Pero ya lo han dicho otros.</p> <p><iframe src="https://www.youtube.com/embed/eVjyW9EJOTI?rel=0&amp;showinfo=0" width="640" height="360" class="jjcxbqneuvaesjnoupjp"></iframe></p>Fray Antonio Praena Segura, OPTue, 28 Feb 2017 00:00:00 +0100http://elatril.dominicos.org/articulos/la-luz-de-la-luna-los-negros-somos-azules-moonligh/Ciberadaptadoshttp://elatril.dominicos.org/articulos/ciberadaptados/<p style="text-align: right;">Antonio Manilla, "Ciberadaptados"</p> <p style="text-align: right;">Editorial "<a href="http://www.lahuertagrande.com/">La huerta grande</a>"</p> <p>&nbsp;</p> <p>No es f&aacute;cil encontrar claridad y definici&oacute;n en publicaciones que se adentren en el complejo mundo de Internet, las redes sociales y las nuevas formas de edici&oacute;n. Entre otras razones, porque, por m&aacute;s desarrollado que nos parezca, es este un mundo a&uacute;n incipiente, algo que no ha hecho m&aacute;s que despertar y cuya deriva y conquistas a&uacute;n no podemos valorar con suficiente estabilidad, precisamente por su complejidad y por su apenas intuido potencial.</p> <p>Por eso recomiendo desde ya este t&iacute;tulo, &ldquo;Ciberadaptados&rdquo;, del periodista, ensayista y poeta <a href="https://tamtampress.es/2016/07/28/antonio-manilla-un-poema-es-siempre-un-artefacto-de-ficcion/">Antonio Manilla</a>.</p> <p>Destaco su lucidez clara, cuya primera aportaci&oacute;n es lo mucho que nos ahorra. Manilla se ha documentado copiosamente y lo que trae hasta aqu&iacute; son puntos de llegada tras los que adivinamos vericuetos y cuestiones complejas cuyos necesarios pormenores reconstruimos sin que su desarrollo nos desv&iacute;e de la necesidad de alcanzar claridad en medio del denso bosque virtual.</p> <p>El primer cap&iacute;tulo nos delimita un espacio y un tiempo. La revoluci&oacute;n cibern&eacute;tica irrumpe desde una civilizaci&oacute;n, la occidental, en clara crisis -y cu&aacute;ndo no- cultural y de valores. Reuniendo autores tan diferentes como Adorno, Finkielkraut, T. S. Eliot o McLuhan, se describe c&oacute;mo la industria cultural en la era capitalista se ha ido erigiendo en heredera del lugar de socializaci&oacute;n de las formas culturales ante la progresiva disoluci&oacute;n de la familia.</p> <p>Internet es un estado sin gobierno ni capital, inabarcable y ubicuo, que acaba con el sentido lineal del tiempo de la ilustraci&oacute;n y modifica el sentido de lugar. Sobre este panorama, Manilla describe el estado actual de la cultura, en sentido sustantivo y absoluto, posicion&aacute;ndose con Finkielkraut para negar que cualquier tipo de actividad alcance el rango de cultura. A pesar de ser estimables y de que no pueden ser pasadas por alto, numerosas manifestaciones no son un absoluto cultural. Por un lado, se necesita perspectiva: el Siglo de Oro no sabe que es el Siglo de Oro; por otro, es a&uacute;n insuficiente la evaluaci&oacute;n que es caracter&iacute;stica esencial de los organismos realmente vivos.</p> <p>En ese sentido, ante muchos fen&oacute;menos de la red podr&iacute;amos preguntarnos por qu&eacute; lo llamamos cultura cuando queremos decir entretenimiento; constatando, adem&aacute;s, c&oacute;mo lo l&uacute;dico ha venido a sustituir y desplazar lo que tradicionalmente se ha entendido por cultura. Y esto ata&ntilde;e directamente a Internet, en la medida en que esta transformaci&oacute;n se habr&iacute;a iniciado con la conversi&oacute;n de la sociedad de la informaci&oacute;n en una plataforma cuyo elemento fundamental deja de ser la palabra y se rinde a la imagen, el magnetismo del ver.</p> <p>El sistema espectacular produce muchedumbres solitarias. Gran parte del volumen virtual genera un entretenimiento sin relaci&oacute;n con actividades intelectuales, art&iacute;sticas o literarias, ocupado en generar productos perecederos, fabricados para el gran p&uacute;blico por creativos de unas industrias en guerra por el mercado. Predomina la ausencia de b&uacute;squeda de sentido, lo cual tiene consecuencias inesperadas: la banalizaci&oacute;n de la cultura, la generalizaci&oacute;n de la frivolidad y la proliferaci&oacute;n de un periodismo irresponsable de la chismograf&iacute;a y el esc&aacute;ndalo.</p> <p>&ldquo;Cultura es lo que queda entre las ruinas, aquello que aparece cuando se ha derrumbado lo que es apariencia y exterior y ornato. La vida que sosten&iacute;a el andamiaje visible para los dem&aacute;s, el pilar invisible. El lugar del sentido, la bordadora del ser del hombre, cuanto no pasa por nosotros sin dejar huella ben&eacute;fica&rdquo;, nos recuerda Manilla.</p> <p>&iquest;Y qu&eacute; tiene esto que ver con Internet? Sencillamente: para calibrar su lugar y su impacto, ha de medirse con esta reflexi&oacute;n sobre la cultura, de lo cual no ha de salir tan mal parada como podr&iacute;a pensarse desde una mente preventiva y purista. Pero -y es lo que importa- por lo dicho, a&uacute;n falta mucha perspectiva para responder con sabidur&iacute;a.</p> <p>De hecho, Manilla nos regala un sustancioso cap&iacute;tulo donde recoge prevenciones sobre el impacto de la radio, el cine o la televisi&oacute;n que, decenas de a&ntilde;os despu&eacute;s, nos resultan risibles. El fatalismo y la demonizaci&oacute;n de las redes tampoco resulta cre&iacute;ble. Todo es cuesti&oacute;n de hallar las proporciones adecuadas.</p> <p>Porque, entre otras cosas, bajo el techo de Internet se han reunido tres elementos actores de la trasmisi&oacute;n del conocimiento en nuestra &eacute;poca en su versi&oacute;n digitalizada: libros, m&uacute;sica y cine. Sin olvidar la &ldquo;internetizaci&oacute;n&rdquo; del consumo, adem&aacute;s del car&aacute;cter interactivo que convierte a los usuarios en &ldquo;prosumidores&rdquo;, es decir, consumidores a la vez que productores. Elementos todo ellos de gran calado y que ya han dejado su huella en la forma en que hoy entendemos las relaciones sociales y humanas. Como en todo, la respuesta no residir&aacute; m&aacute;s que en la inexcusable tarea de decidir c&oacute;mo y hasta d&oacute;nde queremos que lo que lleg&oacute; como un instrumento para facilitarnos la vida nos la estropee. Y eso depende m&aacute;s de la voluntad y la inteligencia que del medio digital en s&iacute;.</p> <p>Por lo que respecta a esos pron&oacute;sticos catastrofistas, Manilla nos resume tambi&eacute;n los estudios de quienes, con toda seriedad, niegan expl&iacute;citamente que Internet cambie nuestro modo de pensar.</p> <p>&iquest;Y respecto a las nuevas formas de edici&oacute;n digitales? &ldquo;Ciberadaptados&rdquo; nos recuerda c&oacute;mo con el paso del manuscrito a la imprenta ocurri&oacute; igual que con el tr&aacute;nsito de la oralidad a la escritura: &ldquo;aviv&oacute; renuncias y acusaciones, que fueron desde tildar los libros armas del diablo hasta responsabilizarlos de fomentar el aislamiento social del lector&rdquo;.</p> <p>Aunque no sea en papel, la lectura en s&iacute; ha dado un repunte con las nuevas tecnolog&iacute;as. La lectura instrumental, la b&uacute;squeda de informaci&oacute;n, goza de buena salud. De haber una crisis, lo ser&iacute;a de cierto tipo de lector, concretamente el literario. Pero ni aun as&iacute; este aserto es muy defendible. Nada de muerte de la literatura; lo que quiz&aacute; est&aacute; apareciendo es una nueva clase de lector bajo el influjo de lo hipertextual, en direcciones m&uacute;ltiples debido a la libertad de navegaci&oacute;n.</p> <p>Manilla se moja. Y algo que tambi&eacute;n hace este ensayo absolutamente recomendable, es que al h&aacute;bil, l&uacute;cido, ameno periodista que Antonio es se suma su excelente calidad de poeta. No siempre, como tambi&eacute;n subraya el prologuista, se puede disfrutar de una lectura tan pr&aacute;ctica y clara en la que la belleza, lejos de ofuscar, suma y redimensiona.</p> <p>Para tener en nuestras bibliotecas.</p> <p>&nbsp;</p> <p>&nbsp;</p> <p>&nbsp;</p>Fray Antonio Praena Segura, OPTue, 21 Feb 2017 00:00:00 +0100http://elatril.dominicos.org/articulos/ciberadaptados/Prójimoshttp://elatril.dominicos.org/articulos/projimos/<p>No s&eacute; c&oacute;mo llamarlo, porque tampoco &ldquo;equilibrio&rdquo; es la palabra. Para las cosas de vivir, para las de la virtud, bien est&aacute; el equilibrio. Pero no siempre para el arte, aunque ya sabemos que hay tantas teor&iacute;as del arte como teor&iacute;as sin m&aacute;s.</p> <p>Es cuesti&oacute;n de opci&oacute;n, y, en este poemario reci&eacute;n aparecido, Santiago Molina s&iacute; ha apostado por una especie de equilibrio entre lector y poema, entre una direcci&oacute;n y otra, situ&aacute;ndose el autor en parte ninguna.</p> <p>&ldquo;Pr&oacute;jimos&rdquo; (Editorial Enkuadres) apuesta por poner el sentido &uacute;ltimo de sus poemas en el otro, en los otros. A estos versos poco le importan la vida y los sentimientos del autor, a no ser cuando &eacute;stos se saben orientados al diferente. Y funciona, porque, sin explicitarlo, ah&iacute; es precisamente donde entra el autor: un autor que s&oacute;lo se encuentra con su vida y con su historia en la medida en que se desprende de ellas. Y, por el camino, el &ldquo;yo&rdquo; y su &ldquo;yo&iacute;smo&rdquo; han quedado superados, que no anulados.</p> <p>Mucho mejor lo se&ntilde;ala el l&uacute;cido pr&oacute;logo de Juan Peregrina, en cuyas palabras &ldquo;el poeta es, ante todo, testigo de lo que vive: un testigo no dedicado a observar y callar&rdquo;, sino que convive con lo contado, &ldquo;con las personas que cuentan y le cuentan&rdquo;.</p> <p>Por eso, aunque nuestro poeta nos avisa en este libro de lo tremendo que ser&aacute; darnos cuenta de que no muy tarde vendr&aacute; la muerte precedida de soledad y de olvido -olvido que puede conducirnos al rencor, la envidia o la desesperaci&oacute;n a causa de las cuales pasemos por alto la solidaridad, la admiraci&oacute;n y la celebraci&oacute;n-, el poeta puede tambi&eacute;n anticiparse para recordar y metamorfosear esta terrible posibilidad en belleza, elegancia, reconocimiento y celebraci&oacute;n. Y es que:</p> <p>&ldquo;Hay hombres de llanto hondo y &aacute;spero.</p> <p>Hombres que nunca fueron ni&ntilde;os (&hellip;)</p> <p>Custodia las cenizas del mundo.</p> <p>Son bosque talado&rdquo;</p> <p>Pero mejor saberlo y acogerlo en las palabras para que, al hacer acto de &ldquo;Fe&rdquo;, cuando llegue el momento de convertir en gracia la p&eacute;rdida, no quedemos fuera de la realidad sino m&aacute;s dentro:</p> <p>&nbsp;</p> <p>&ldquo;Pero existe,</p> <p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; as&iacute;,</p> <p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; tan imperfecto.</p> <p>&nbsp;Es por eso que creo.&rdquo;</p> <p>&nbsp;</p> <p>Hermoso el &ldquo;Pr&oacute;jimos&rdquo; de Santiago Molina, trasl&uacute;cido en su humildad. M&aacute;s cercano cuanto m&aacute;s arrojado en manos del otro, del distinto. Una po&eacute;tica de la projimidad, la definir&iacute;a yo.</p> <p>&nbsp;</p>Fray Antonio Praena Segura, OPWed, 25 Jan 2017 00:00:00 +0100http://elatril.dominicos.org/articulos/projimos/Liturgia de las horashttp://elatril.dominicos.org/articulos/liturgia-de-las-horas/<p>Aunque su fecha de publicaci&oacute;n es de 2012, a&ntilde;o en que obtuvo el premio &ldquo;San Juan de la Cruz&rdquo;, ha sido en este declinante 2016 cuando lleg&oacute; a mis manos. El tiempo tiene sus misterios y el Misterio tiene sus tiempos (al menos lo ha tenido para que, al fin, nos encontr&aacute;ramos Javier y yo).</p> <p>Lo cierto es que vamos a concluir el a&ntilde;o en este blog con un libro que hace liturgia del paso del tiempo.</p> <p>Se trata de &ldquo;Liturgia de las horas&rdquo; de Javier Asi&aacute;in (Rialp), un poemario sorprendente en contenido y forma. En contenido, porque su estructura en tres partes aborda el paso del tiempo -oraci&oacute;n de la ma&ntilde;ana, de la tarde y de la noche- en torno a una verdadera liturgia cuya peculiaridad consiste en sacralizar el amor hasta llegar al encuentro &iacute;ntimo con la amada. En cuanto a la forma, porque Asi&aacute;in se vale de citas b&iacute;blicas, oraciones, salmodias e invocaciones tomadas de la liturgia cristiana para volcarlas a lo humano.</p> <p>Lo interesante es que Javier procede con tanta delicadeza, con un tino r&iacute;tmico, sem&aacute;ntico e imaginario tan arm&oacute;nico -no desprovisto de ciertas concreciones tan naturales como bien tra&iacute;das-, que muchos de los poemas bien conservar&iacute;an su sentido sagrado y su capacidad de elevaci&oacute;n meramente espiritual. &ldquo;El poema es un c&aacute;ntico / contra la impiedad de este mundo&rdquo;, leemos en un poema titulado &ldquo;Conclusi&oacute;n de oficio&rdquo; y subtitulado como &ldquo;Acci&oacute;n de gracias&rdquo;.</p> <p>Se percibe erudici&oacute;n y respeto por una tradici&oacute;n sacra que aqu&iacute;, en su empleo amoroso, muestra claramente su vigencia plenificadora de otros &oacute;rdenes.</p> <p>En efecto, la liturgia sagrada de las horas es una forma de introducir al ser humano que por ella camina en una realidad m&aacute;s verdadera del tiempo. Es la forma religiosa de hallar el sentido del paso del tiempo, lo cual no puede hacerse sin entrar en el tiempo de Dios, en la relaci&oacute;n con su persona y su historia, con su tiempo, m&aacute;s all&aacute; de nuestra medida del tiempo. Es la forma de encontrar otro transcurrir, otra dimensi&oacute;n que, entonces s&iacute;, derrama su luz sobre el mero paso de los instantes.</p> <p>Porque el paso de una hora a otra, de un a&ntilde;o a otro, poco importa m&aacute;s all&aacute; de la medida y la convenci&oacute;n socialmente sincronizada. Hay d&iacute;as que son a&ntilde;os y a&ntilde;os que se nos fueron como un d&iacute;a. Instantes en que maduramos un trienio y trienios en que nuestra vida se estanca o retrocede. Y si no hubiera un sentido, un porqu&eacute;, un alguien hacia qui&eacute;n, una raz&oacute;n para seguir caminando, el tiempo bien podr&iacute;a convertirse en un laberinto de angustias.</p> <p>Javier Asi&aacute;in ha conducido el tiempo por la liturgia del amor. Son tantas las par&aacute;frasis de lugares b&iacute;blicos y de oraciones y salmodias -a veces trasvasados hasta el patronaje de un haiku-, que adivinamos no s&oacute;lo un recurso utilitario del sucederse lit&uacute;rgico sino una verdadera forma de concitar fuerzas: la del amor -m&aacute;s evidente- y la del tiempo sagrado, seg&uacute;n el cual hay un acto primigenio creador, originante de identidad y dignidad, y un acto final consumador que dota cada instante y cada verso de movimiento, atracci&oacute;n y esperanza consumada.</p> <p>Pasa un a&ntilde;o -quedan horas-, pero poco importa para quien el sucederse del tiempo ya no es un descontar vida, sino la cuenta atr&aacute;s hacia el encuentro con la vida (claro: aqu&iacute; hablo por m&iacute;, que Javier est&aacute; mejor amando y escribiendo, que para eso le ha dado la vida tanto talento).</p>Fray Antonio Praena Segura, OPSat, 31 Dec 2016 00:00:00 +0100http://elatril.dominicos.org/articulos/liturgia-de-las-horas/Gominolashttp://elatril.dominicos.org/articulos/gominolas/<p>Con una mezcla de perplejidad y admiraci&oacute;n, le&iacute;a un <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2016/12/16/la_funcion_del_mensaje_la_ultima_poesia_espanola_58796_1821.html?utm_source=facebook.com&amp;utm_medium=smmshare&amp;utm_campaign=noticias">art&iacute;culo de Javier Lorenzo Candel </a>a prop&oacute;sito del &eacute;xito editorial de la nueva poes&iacute;a espa&ntilde;ola. Entre otras cosas, porque me revelaba algo al tanto de lo cual yo estaba al margen.</p> <p>S&iacute;, conoc&iacute;a el enorme &eacute;xito de ventas de una serie de nuevos poetas cuyo nombre hace poco me era totalmente desconocido. Los ven&iacute;a viendo en la lista de los m&aacute;s vendidos que publican los suplementos, pero como dej&eacute; de fiarme de los suplementos culturales m&aacute;s o menos importantes b&aacute;sicamente al conocer los mecanismos que rigen en ellos, no me hab&iacute;a interesado mucho m&aacute;s.</p> <p>El voto de pobreza -o la austeridad presupuestaria real- es un buen filtro y un buen ant&iacute;doto contra el mercado, la publicidad y hasta el capitalismo salvaje (a veces tambi&eacute;n literario). Es decir: que como no puedes comprar muchos libros, lees de prestado, lees en una biblioteca, lees en una librer&iacute;a y tienes muy claro lo que merece la pena y lo que no.</p> <p>Y conste que me parece muy respetable el fen&oacute;meno, que estos autores hayan conquistado al gran p&uacute;blico, que muchos adolescentes lean esta poes&iacute;a frente a la ninguna poes&iacute;a que antes le&iacute;an. Pero el fen&oacute;meno comercial no sustentaba mi inter&eacute;s por esos versos. Simplemente lo que le&iacute;a no me justificaba el precio. Ni iba conmigo ni me resultaba tan diferente a lo que iba conmigo que realmente despertara mi inter&eacute;s.</p> <p>Por eso este art&iacute;culo de Javier Lorenzo me ha parecido iluminador. B&aacute;sicamente viene a decir que el &eacute;xito editorial de esta supuesta poes&iacute;a -digo supuesta porque muchos niegan que se trate de poes&iacute;a m&aacute;s all&aacute; de sensiblonas anotaciones de cuaderno adolescente- estriba en aportar una respuesta a la demanda creada en el receptor desde el punto de vista del contenido. Se tratar&iacute;a de una poes&iacute;a que le viene a decir al lector, un lector que es m&aacute;s p&uacute;blico que lector, aquello que quiere escuchar de una manera no muy complicada de entender y que, en el fondo, sigue una estructura similar a los mecanismos publicitarios.</p> <p>Un amigo lo dec&iacute;a de forma m&aacute;s bruta en una sobremesa: &ldquo;para ser poeta hoy, tienes que tener miles de seguidores en Twitter, Facebook, Youtube&hellip;; poner una frase bonita cada pocas horas, a ser posible con imagen, versos as&iacute; como de anuncio de colonia o de compresas&hellip; Pero ojo, exp&oacute;n tus sentimientos de una forma que no sea muy inquietante. Vende gominolas.&rdquo;</p> <p>A m&iacute; me parece muy respetable el fen&oacute;meno. Tantas veces se ha acusado a los poetas al uso de haber espantado a los lectores que, oye, no est&aacute; mal otra manera de enfocar las cosas. Que cada cual elija.</p> <p>A m&iacute; lo que me interesa del an&aacute;lisis del fen&oacute;meno es lo que realmente dice de nuestro tiempo. Nos habla de un gran desamparo ideol&oacute;gico. Nos habla de un desamparo sentimental que requiere como compensaci&oacute;n el consumo de sentimientos y experiencias frente a un vac&iacute;o emocional difuso. Nos habla del desfondamiento intelectual, del hecho de desconocer que sobre ciertas experiencias vitales se ha ido mejor y m&aacute;s al fondo desde hace muchos siglos. Nos habla de un v&eacute;rtigo frente a propuestas verdaderamente diferentes, frente a lo no sabido, para aferrarse a lo asimilable: lugares comunes que graviten sobre lo estable, emociones que parecen cambios pero no lo son y que, en cuanto tal, se hacen deseables.</p> <p>Como se&ntilde;ala Javier Lorenzo: "El arte de hacer desear, de necesitar de manera inmediata, est&aacute; descrito como una de las caracter&iacute;sticas de mensaje publicitario, iniciando un enfoque de atracci&oacute;n del receptor hacia la idea que queremos vender. &ldquo;El medio es el mensaje&rdquo;, que dir&iacute;a McLuhan."</p> <p>Para terminar, en lo que nos dice de nuestro tiempo, yo se&ntilde;alar&iacute;a que ante estas falsas novedades de supermercado literario es cuando los cl&aacute;sicos muestran su verdadero car&aacute;cter de aut&eacute;nticos innovadores. En medio de la moda consumista, Virgilio o Francisco Brines son la verdadera vanguardia.</p> <p>&nbsp;</p> <p>&nbsp;</p> <p>&nbsp;</p>Fray Antonio Praena Segura, OPFri, 30 Dec 2016 00:00:00 +0100http://elatril.dominicos.org/articulos/gominolas/Licencia para bailarhttp://elatril.dominicos.org/articulos/licencia-para-bailar/<p>Este a&ntilde;o que ya declina nos ha dejado libros muy hermosos. Uno de ellos, la &uacute;ltima entrega po&eacute;tica de<a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Katy_Parra_Carrillo"> Katy Parra</a>. Quienes la venimos siguiendo, recibimos sus versos expectantes.</p> <p>Si a la precisi&oacute;n impoluta de sus estructuras y a la dif&iacute;cil claridad de una voz fraguada en mil batallas los ponemos contra las cuerdas de lo que de verdad importa, el resultado es este &ldquo;Licencia para bailar&rdquo; (Valparaiso). La madurez desde la que dialogar con la madre y la muerte, con la hija que no ha sido y la misericordia pendiente. Un poemario donde sobrevivir y arder son la misma cosa para, aun as&iacute;, convertir tanta desolaci&oacute;n en canto y baile &uacute;ltimos: la macabra y hermos&iacute;sima danza de la muerte. Katy Parra nos ha tra&iacute;do hasta aqu&iacute; para salvarse y salvarnos de toda rendici&oacute;n.</p> <p>Encontr&eacute; cierta explicaci&oacute;n al resultado formal de la poes&iacute;a de Katy cuando supe que, entre los m&uacute;ltiples oficios de nuestra autora, est&aacute; el saber de confecci&oacute;n. Se trata de medir, cortar, componer, armar piezas de una realidad que no existe y que, sin existir, impone su medida y su figura final sobre el completo proceso creativo. Y hacerlo de tal forma que la diversidad de piezas, formas, medidas, texturas y colores confluyan en un resultado final en el que nada sobre ni falte, adaptada al cuerpo, &uacute;til a la vida a la vez que in&uacute;til en cuanto in&uacute;tiles han de ser las cosas que juegan orden de belleza y de sentido.</p> <p>Como la costura, la poes&iacute;a es un arte m&aacute;s sapiencial que acad&eacute;mico. En ella hemos de lidiar con las materias m&aacute;s dispares en orden a una misma pieza: cremalleras y encajes, gomas el&aacute;sticas y ribetes, retales de r&uacute;stico vaquero sobre las que superponer tulipanes. As&iacute; son los poemas de &ldquo;Licencia para bailar&rdquo;: sin concesi&oacute;n a un mal corte, siguiendo un muy exigente patronaje, dando cabida a materiales corrientes junto a fondos, motivos y peque&ntilde;os elementos cercanos y contempor&aacute;neos.</p> <p>Katy Parra es, adem&aacute;s, maestra en el arte de ayudar a otros poetas a encontrar su voz. Sin embargo, aqu&iacute; tiene el buen gusto de no pasar por tal, pues prefiere despeinarse, arrugarse y disimularse a s&iacute; misma para que, finalmente, el suyo sea un arte destinado m&aacute;s a quien haya de vestir el poema que a la vanagloria de la sastra.</p> <p>&ldquo;Licencia para bailar&rdquo; est&aacute; dividido en dos partes: &ldquo;Canciones para un lunes sin recreo&rdquo; y &ldquo;La danza de las cosas&rdquo; respectivamente. Musicalidad y danza son una marca de la casa, porque, si la poes&iacute;a de Katy tiene un distintivo reconocible, es la interiorizaci&oacute;n de un ritmo naturalizado hasta la sensaci&oacute;n de esa facilidad s&oacute;lo conquistada en muchas horas de lectura y ejercicio.</p> <p>Ya la concepci&oacute;n del libro nos sit&uacute;a en el marco de las danzas de la muerte que hunden sus ra&iacute;ces en la tradici&oacute;n medieval. La muerte acude a estas p&aacute;ginas y nos introduce en su danza, una danza de la que sabemos no vamos a escapar.</p> <p>Sin embargo, nuestra poeta no calca la tradici&oacute;n sin m&aacute;s, sino que la recibe enriqueci&eacute;ndola. Y es que en este libro la danza de la muerte no es distinta de la danza de la vida: &ldquo;la vida es una danza&rdquo;, nos dice, y esa danza que es la vida y todas las cosas que en ella se mueven, nos mueven y nos nombran, es la misma danza que nos arrastra en su ebriedad hasta el final de ella misma, que es la muerte.</p> <p>Apenas hay l&iacute;nea perceptible que divida vida y muerte. Porque es la vida quien nos muere y no es la muerte sino el final del baile. Claro, con tal que hayamos aceptado entrar en su frenes&iacute;, en su convulsi&oacute;n, la cual tanto extas&iacute;a como agota, tanto nos desgasta como nos reconstruye. Hasta el punto de llegar a descubrir que somos esa danza de vital muerte o de mortal vida. Y no salir a la pista es no haber vivido, no haber sido.</p> <p>Lo interesante es la manera en que esta irrupci&oacute;n tem&aacute;tica concurre a la voz de Katy sin traicionar su estilo, sino afirm&aacute;ndolo y haci&eacute;ndolo a&uacute;n m&aacute;s &ldquo;katyparriano&rdquo;: permanece y se acendra la iron&iacute;a que, a pesar de la mayor testimonialidad de algunos poemas -notamos a veces una nueva influencia, la de <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Javier_Egea">Javier Egea</a>-, ejerce su contrapunto mediante el distanciamiento objetivador necesario para esquivar el patetismo, la autocomplacencia o el recurrente tono &ldquo;sepia&rdquo; tan frecuente en los poetas que se asoman a su propia vida a cierta altura del camino con perspectiva de balance.</p> <p>En una especie de personal &ldquo;futurismo&rdquo; (esa corriente de las vanguardias que nos dec&iacute;a que un autom&oacute;vil que ruge es m&aacute;s bello que &ldquo;La Victoria de Samotracia&rdquo;) nuestra poeta deja tambi&eacute;n constancia del baile de las cosas. Y as&iacute;, los alfileres, un ojo de cristal, un guardarropa, un espantap&aacute;jaros, retratos, calabazas, enanos de jard&iacute;n o estatuas de un parque pueblan la segunda parte de este libro. Son, en definitiva, un inventario, un testamento <i>postmortem</i> de cosas premeditadamente intrascendentes para que el efecto sea m&aacute;s intenso por contraste.</p> <p>&iquest;Qui&eacute;n no ha querido ser espantap&aacute;jaros, un espantap&aacute;jaros rebelde contra la espantapajarorolog&iacute;a y as&iacute;, en vez de ahuyentar gorriones, darlas de comer, ser amigo de ellos, escuchar su canto? Si la respuesta es negativa, dif&iacute;cil est&aacute; ser poeta.</p> <p>As&iacute; es Katy Parra Carrillo. As&iacute; queda escrito para despu&eacute;s de la muerte en este baile de la muerte tan licencioso con la vida.</p> <p>&nbsp;</p>Fray Antonio Praena Segura, OPFri, 23 Dec 2016 00:00:00 +0100http://elatril.dominicos.org/articulos/licencia-para-bailar/