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Blog El atril

Fray Antonio Praena Segura, OP

de Fray Antonio Praena Segura, OP
Sobre el autor


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22
Dic
2012
Una caja de bombilla
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Como decíamos ayer, liberada la mirada, uno encuentra un nacimiento en que poner los ojos.

 

 

Decidido a hacer mis compras navideñas en las tiendecitas de mi barrio –esta Navidad sólo he comprado una bombilla- me dirigí a la de productos eléctricos. La dependienta del pequeño local, seguramente la propietaria, tenía un bebé en brazos mientras en el mostrador un niño de unos 8 años hacía los deberes.

 

-¡Hombre! estás haciendo los deberes aquí
-sí
-¿y de que son?
-de lengua.
-¿Te gusta la lengua?
-no. Me gusta leer.
-¿Y te enteras bien de lo que lees aquí en la tienda?
-sí, porque en mi casa no hay nadie ahora.

 

Y bueno, pues ya está. Eso es todo. Ah, me olvidaba: la mamá dependienta me sacó una amplia gama de bombillas de bajo consumo. –Esta es, esta es la que necesito. –Ya pero de 60 o de 100? –Pues creo que de 60 va bien. –Bueno, lo que hace es que no rompa la caja y si la luz le parece floja, la guarda de nuevo y me la trae y le doy una de 100, que cuesta lo mismo.

 

Y repongo mi bombilla fundida con una de 60. Y se encienden de pronto los deberes hechos en el pequeño negocio del pueblo, aquellos tubos fluorescentes de las tardes de invierno, la humildad de todo lo que se había apagado y perdido.

 

Ah: en la caja de la bombilla de 60 he escrito unos versos. Y ando por la casa buscando bombillas estropeadas. Aunque temo volver y que ya no esté la dependienta ni el bebé ni el niño de 8 años haciendo los deberes de lengua en el mostrador.

 

Me quedan, al menos, unos versos en una caja de bombilla y la certeza de que nada se perderá, que sólo hay que esperar y limpiar la mirada.

 

Feliz Noche Buena
Bon Nadal i feliç any nou
Gabon zoriontsuak eta ondo izan
Bon Nadal e ano novo


 

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20
Dic
2012
Lugares comunes
0 comentarios


 

 

Reconozco que estos días previos a la Navidad me alteran interiormente. Apenas quiero salir a la calle, porque una sensibilidad extrema y poco saludable despierta en mi mente comentarios irónicos, sarcásticos y hasta corrosivos. Todo me parece falaz y muy aparente. Se detiene mi mirada sólo en los aspectos negativos. Me da la sensación de que cubrimos con una inconsistente pátina de dulzura una realidad personal no dispuesta a mejorar más allá de un puñado de bonitos gestos, sensiblonas palabras y lugares comunes del comportamiento muy recurrentes para días como estos.

 

Por otro lado, advierto en todo una soledad que también en estos días se hace más visible; la ansiedad, las ganas de consumir y su correspondiente vacío. En fin, no continúo, porque el problema está en mí, seguramente, que, como ya me conozco, me pongo a mí mismo entre paréntesis y en cursiva para no hacerme demasiado caso.

 

Me salva el decirme: “quédate con lo esencial. El Dios cuya bondad es tan grande que no encontramos nombre con que llamarla, se hace absolutamente pequeño, indefenso hasta el extremo de ser un niño que se confía al cuidado de unas personas insignificantes a los ojos del mundo, y nos salva de la infinita soledad y de nuestras irresolubles contradicciones.”

 

Y me quedo en paz. Me introduzco en un abismo de silencio y oración y aguardo y recibo cuanto amor significa y es de hecho este pequeñín en el cual toda verdad, todo sentido, toda belleza, toda palabra verdadera.

 

Así es y así lo reconozco, pese a la posible consideración de poco literario, demasiado subjetivo, excesivamente piadoso que a algunos colegas del gremio artístico les pueda parecer esto. Quienes nos comprenden nos van a comprender de todas las maneras, aunque sus sentimientos, sus ideas y sus versos sean completamente diferentes a los nuestros.

 

Y, así las cosas, se libera la mirada y se encuentra, por fin, un nacimiento en que poner los ojos. Pero eso lo contaremos en el capítulo siguiente.

 


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11
Dic
2012
Religión y poesía
2 comentarios

 

 

Últimamente mi cama está rodeada de volúmenes de obras completas. No soy uno de esos autores tan geniales y tan originales que dicen no leer mucho a otros por si les influye demasiado, por si les resta originalidad o afecta a su estilo. Es un camino completamente erróneo.

 

A mí me gusta que me influyan, necesito que me influyan y que me influyan bien. Por eso estoy rodeado de otras voces, cientos de voces, para que así ninguna pueda fagocitar tal variedad ni tome el control de las demás.

 

Voy pasando de un autor a otro en una misma noche, a veces hasta altas horas de la madrugada. A veces leo y releo cuando encuentro un poema que me sorprende. ÚltimamenteLuis Alberto de Cuencaha compartido mi almohada y este “Religión y poesía” me ha parecido deslumbrante. Por su valentía al dar cabida al tema teológico tan descaradamente -¡cuánto le agradecemos a Luis Alberto que escriba lo que quiere sorprendiendo a propios y extraños, sin mirar a derecha o izquierda!-. Por su profundidad tan naturalmente traida a este estilo de “línea clara”. Por su culturalismo completamente desprovisto de pedantería. Por esa matemática perfecta del 11 que parece que no ha sido medido, completamente naturalizado y sin sonsonete.

 

La alabanza, el júbilo se ser y de serlo con sentido y el drama: lo que el catolicismo puede aportar (no sólo) a la poesía. Una sesuda conferencia no lo expresaría mejor.

 

Os lo dejo sin más preámbulos.

 

 


RELIGIÓN Y POESÍA

 

(Paul Claudel)


Mi religión, o sea, la católica,
aporta a la poesía tres conceptos
que son fundamentales: la alabanza
de lo creado y de su Creador
(como en Akenatón, los himnos védicos,
San Francisco, Espronceda, Pound y Perse);
el júbilode ser, pero el sentido
también de ser, al margen del azar
y de las ciegas fuerzas naturales;
y, por último, el drama, la tensión
de la lucha en un mundo relajado
que prescinde del cielo y del infierno.

 

Feliz quien, al amparo de la fe,
escribe poesía desde el júbilo,
el drama, la alabanza y el sentido.

 


De Por fuertes y fronteras.

 

 

 

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5
Dic
2012
El jazmín y la noche
0 comentarios

 


“El jazmín y la noche” es uno de los volúmenes más felices de este año. Reúne la poesía de Almudena Guzmán desde 1981 a 2011 y abre ante nuestros ojos, como un abanico, ese misterio de la madurez, la madurez por dentro y por fuera.

 

 

A cierta altura de una vida y de una vida poética fiel a sí misma, echamos la vista atrás y descubrimos asombrados cuántas de las que han sido nuestras realidades latían ya germinales en aquel que fuimos con 17 años, que es la edad en que Almudena publicó su primer libro, “Poemas de Lida Sal”. Ahora descubrimos que en aquella adolescente ya estaban la capacidad de deslumbramiento y el deseo de mantener una mirada infantil, nueva y fresca sobre las cosas del mundo. También estaban la pasión como fuerza motriz, la conciencia de las propias sensaciones como forma de conocimiento del mundo y del mundo interior, el amor como energía para transformar la realidad, la ironía como inteligencia para apuntar hacia lo injusto… Todos estos elementos latían allí y resisten al desengaño con que el paso de la vida nos va signando a todos.

 

Por eso, cuando llegamos a su último libro, “Zonas comunes”, descubrimos que la poesía tiene un potencial de resistencia misterioso para hacer que sigamos siendo los mismos a pesar de haber cambiado tanto. Incluso nos ayuda a decir con más claridad las cosas más complejas del mundo que fuimos, del que ahora somos y del que nos rodea. Tras el camino confirmamos aquello que decía Claudio Rodríguez, que el desengaño en el poeta no significa desamor, sino afirmación y reconocimiento.

 

Crecer puede entenderse “como una broma de mal gusto”, pero ese sentimiento –señala Luis García Montero en el prólogo- no invita a la renuncia de la vida. Se trata de asumir las contradicciones, las marcas de la soledad, las realidades descarnadas de la existencia, y de buscar un diálogo con el presente y el porvenir, un hueco para la dignidad en medio de la intemperie. Almudena lo hace.

 

Invito a disfrutar de este camino que “El jazmín y la noche” despliega ante nuestros ojos. Particularmente he disfrutado releyendo aquel “Usted” con que Almudena sorprendió a público y crítica en los años ochenta. Aquel desenfadado y descarado poemario contenía en el fondo de sí mismo unas terribles ganas de vivir que Almudena ha conservado, de distinta manera, muchos años después a pesar de lo que ha llovido y le ha llovido, como da cuenta también en “El príncipe rojo”.

 

Almudena nos ha enseñado cómo se mira el poeta por dentro y como esa mirada es penetrante cuando se vuelve hacia fuera y se dirige a la realidad; un rasgo que, aunque la poesía de Almudena no sea nada mística, comparten sólo los poetas verdaderos y los hombres de verdadera espiritualidad.


Quien hace del dolor ajeno
impasible,
rentable y vanidosa inspiración,
no debería pasar a la historia
ni como hombre ni como poeta.

 

Hombres y poetas hay pocos.

 

Raposas entre las viñas los más.

 

 

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25
Nov
2012
Emoción formal
2 comentarios

El Premio Nacional de Poesía de este año ha sido concedido a Antonio Carvajal, el poeta granadino cuya obra representa la continuidad del clasicismo formal más exigente así como su renovación en temas.

 

 

El Premio Nacional de Poesía es una distinción que otorga el Ministerio de Cultura y, aunque se otorga a un libro concreto, en realidad se trata del reconocimiento a toda una trayectoria.

 

La obra premiada en este caso es “Un girasol flotante”, la recopilación de los poemas de Carvajal dedicados a amigos. Es de agradecer que el libro premiado coincida con una celebración de la amistad y de las relaciones personales y literarias fraguadas a lo largo de toda una vida entregada a la poesía. Vida y obra, palabra y amistad unidas en este caso.

 

Como director que era en aquel momento de la Cátedra García Lorca de la Universidad de Granada, Antonio quiso presentar la primera lectura que hice en esta ciudad y desde entonces la confianza entre nosotros ha ido en aumento. Tanto que intrépidamente le dije en una ocasión que me gustaba su obra, que he disfrutado mucho y aprendido en ella –Antonio es uno de los mejores especialistas en métrica española- pero que siempre he echado en falta algo de emoción, que la belleza formal de su poesía es perfecta, pero que me quedaba siempre una necesidad de ir más allá, de unir a la experiencia estética una llamarada, un no sé qué…

 

Bueno: supongo que Antonio justificó mi impertinencia con dosis de magnanimidad y paciencia. Pero la cosa es que un día, no sé cómo, llegaron a mis manos unas fotocopias de unos poemas compuestos por él para acompañar la interpretación de las 7 palabras de Jesús en la Cruz de Haydn. Se trata de 7 poemas nacidos de cada una de estas palabras y en los que por primera vez encontré la angustia vital, la soledad, la impotencia, la desolación por el amor traicionado, la oscuridad y el silencio de Dios en la voz de Carvajal a través de unos poemas de belleza tan rotunda que rayaba lo sublime.

 

Tiempo después, en el transcurso de unas jornadas a las que Antonio, hombre poco dado a ambientes religiosos, tuvo la osadía de invitar a un cura -con la mala prensa que da eso en algunos ambientes intelectuales- para dar una conferencia… Digo, en el transcurso de esos días de reflexión y arte, volví con mi habitual impertinencia a decirle a Antonio que me habían conmovido esos poemas. Y que me llamaba la atención que hubiera sido precisamente en el abordaje poético de este momento de la vida de Jesús donde yo había encontrado más espléndidamente desarrollada su genialidad.

 

En fin, Carvajal ya me aguanta todo tipo de impertinencias. Supongo que me da por un caso perdido. O que la amistad suple.

 

Le felicito por este reconocimiento y espero seguir aprendiendo de él y en su compañía.

 

 


 

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14
Nov
2012
Amor bajo el espino blanco
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“Amor bajo el espino blanco” es la última película de Zhang Yimou estrenada en España.

 

 

Vuelve en ella el mejor cine de este singular artista tras algunas experiencias comerciales -no por ello de menor calidad- y olímpicas –dirigió para el gobierno chino la ceremonia de apertura de Pekín 2008-.

 

Sabemos de los graves problemas de censura que Yimou sufrió por parte del partido comunista antes de que este, como parte de sus reformas políticas, urdiera finalmente tenerlo como aliado antes que como enemigo.

 

Sus películas reivindicaban el valor de la persona individual frente a la homogeneización que, en profundidad, era una de las consecuencias del maoísmo para el que es más importante la consecución de un ideal colectivo que la individualidad personal y que, por tanto, daba por bueno el sacrificio de un hombre concreto si las condiciones históricas y revolucionarias lo exigían.

 

Frente a ello, Zimou daba todo el protagonismo a los rostros concretos y olvidados de la China más pobre y alejada de las estructuras del poder. Los campesinos y su hambre, los maestros rurales sin tiza ni papel o las niñas innecesarias según las políticas demográficas llevaban sobre sus hombros la carga de la historia nunca contada.

 

Yimou rescataba junto a ellos el valor de las cosas más pequeñas. No sabemos cómo lo conseguía pero elevaba a símbolo un trozo de pan, un resto de tiza, un pequeño cuenco roto y recompuesto varias veces.

 

Con letra minúscula levantaba relatos incontestables precisamente por su ausencia de pretensiones mayúsculas. Y en ello un factor fundamental era la poesía, la delicadeza rozando la debilidad y a punto de fractura que siempre emanaba de cada plano. Podía filmar un charco y era bello, unas manos ancianísimas y daban ganas de besarlas.

 

En “Amor bajo el espino blanco” retoma el mejor Yimou. Los planes de homogeneización siempre se rompen cuando alguien ama contracorriente. Una pequeña historia de amor encierra en su ausencia de soflama toda la dignidad de la persona. Tan sólo es necesario que alguien mire limpiamente dejándose mirar por las cosas. Que alguien espere.

 

Zhang Yimou sabe mostrar mejor que nadie las cosas que no pueden mirarse.

 

 


 

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6
Nov
2012
Manuel Broullón
1 comentarios


Mi primer encuentro con Manuel Broullón no pasó de ser fortuito. Presentaba libro en Sevilla y Ángel le había avisado para que se pasara. Vi a un chico hacer fotos por la sala y poco más. Al cabo de unos días enviaron esas fotos y parecía que su autor había captado con su cámara mucho del misterio de los poemas que se estaban leyendo.

 

 

Después de algunas conversaciones a distancia, Manuel ha visitado Granada y vamos a trabajar en un proyecto conjunto.

 

Me sorprende el talento con que mira. En el making-off que colgamos aquí habla varias veces de escribir con la cámara. Escribir con la cámara es contar la realidad -aunque en el cine que él prefiere no se trata de contar sino de captar- con el movimiento o la quietud, con el punto de mira o el desenfoque, con la velocidad o la lentitud, con la distancia o la cercanía, con lo que se oculta o se muestra...

 

He encontrado muchas similitudes entre la manera en que Broullón entiende el cine y la forma en que aparece un poema y se deja escribir. Ver y escribir son analógicos en este caso. Es algo que se aprende pero –cuanto más pasa el tiempo más convencido estoy de ello- tiene un componente innato en el que reside el talento del autor.

 

Manuel tiene ese talento innato e inmenso. Basta contemplar unos fotogramas de cualquiera de sus cortos para descubrir que hay más de lo que hay. Su arte está en decir y en dejar en eso que dice un inmenso hueco que es el misterio y que es lo que importa en arte, lo que queda, pero que no quedaría ahí si la cámara hubiera estado en otras manos.

 

Sustentado por un inteligente y bien medido guión firmado por Ángel Fariña, Manuel Broullón estrena ahora “Lo conocido por conocer”. Y es muy valiente, muy valiente que un joven director con un futuro brillante por delante se detenga a captar algo tan inasible, contracultural y poco comercial como la vocación religiosa. Lo felicito y me uno a su coraje, esperando ya ansioso el día de rodar en Granada.

 

 

MAKING OFF "Lo conocido por conocer" from Manu Broullón on Vimeo.

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1
Nov
2012
Los justos
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El festivo de Todos los Santos es un día en que muchos aprovechan para visitar el cementerio y adecentar el lugar donde descansan los restos de los suyos. Sin duda porque al día siguiente es el día de todos los difuntos. Pero, si bien entre nuestros difuntos hay seres que posiblemente llevaron una vida anónimamente santa, el día de Todos los Santos es una fiesta que nos recuerda el paradigma de la verdadera santidad, la santidad según Jesucristo.

 

 

Y es necesario recordarlo festivamente, porque, si hay una palabra que ha desgastado y deformado su significado, esa es la palabra “santidad”. Me alegra por ello que el Evangelio de este día sea el de las Bienaventuranzas. No puede ser distinto y otro el camino de la felicidad humana del camino de la felicidad que Dios desea para el hombre. Felices, bienaventurados, los pobres en el espíritu, los limpios de corazón, los que construyen la paz, los perseguidos por la justicia injusta, los que lloran y aun así -o quizá por ello- son capaces de compasión…

 

Y es que el paso del tiempo ha cargado el ideal de santidad de connotaciones que desvían la atención de su esencia. Nada de excéntricas manifestaciones, fríos comportamientos, impasibles reacciones, inalcanzables vidas, tristes perfiles, ñoñas vidas, almidonadas aventuras. Un santo triste es un triste santo. La gracia perfecciona la naturaleza humana sin desnaturalizarla ni deshumanizarla. La santidad está al alcance y es entre nosotros, para el obrero, para el político, para el estudiante, el deportista, la escritora, la gótica y el existencialista… O es una llamada a la plenitud o no es nada.

 

Hay muchos santos anónimos que anónimamente sostienen con su bondad, su sacrificio, su justicia, su esperanza y su alegría este mundo.

 

Y como este blog va de arte y esas rarezas, digámoslo con un poema pagano. De Borges. Casi nada!

 


Un hombre que cultiva su jardín, como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
El tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada.
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
EI que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.

J. L. Borges

 

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28
Oct
2012
Misericordia veritatis
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En una de las homilías del pasado encuentro europeo de regentes de estudio el predicador nos narró la historia siguiente:

 

 

Un día el obispo del lugar se dirigió a un monasterio. Habló con la priora y le expuso la necesidad que tenía de que una de las hermanas se dedicara a anunciar el Evangelio. “Señor obispo, nosotras somos contemplativas. No salimos de aquí y no sabemos hablar en público”. El obispo insistió, porque la situación era apremiante.

 

La comunidad se reunió y eligió a una hermana para predicar el Evangelio. Le asignaron el oficio más humilde. En realidad la hicieron pasar por todos los oficios. Fue portera, tornera, enfermera, sacristana, cocinera, procuradora…

 

Tras un tiempo decidieron que era conveniente enviarla a estudiar. Con la bendición de las hermanas partió a la universidad en donde realizó el cursusapropiado al caso. Estudió filosofía, artes y teología. Se esforzó en comprender, someter las cosas que creía al análisis de la razón desmontando sus razones propias para volver a levantarlas desde diversos puntos de vista. Volvió un día. Pero, ante el capítulo monástico reunido, la hermana manifestó que aún no se sentía preparada para predicar.

 

La comunidad entonces la envió de nuevo a completar su preparación. Esta vez la monja vivió en la calle, fue mendiga, sintecho, parada… Durmió en casas de acogida, comió en comedores sociales en compañía de perroflautas. Convivió con prostitutas, drogadictos, alcohólicos. Lloró, sufrió, sintió vergüenza. Contrajo el sida. Le lamieron los perros las heridas. Envejeció de pronto varios siglos.

 

Volvió a su monasterio y entonces sí, consideró que ya estaba preparada para hablar de Dios.

 

 


La historia es muy hermosa y muestra por sí misma sus implicaciones. Pero, pasados unos días desde el momento en que la escuché, me pregunto cuál sería nuestra reacción ante una situación similar. Qué tipo de comentarios harían algunas hermanas ante la monja que vuelve de ese modo al monasterio. Qué opinión le merecería al obispo.

 

Ante mis dudas, tan sólo la certeza de que a Dios esto le parecería bien me devuelve la paz.

 

 

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23
Oct
2012
La inspiración y sus argucias
2 comentarios

 

Llena de pájaros está la vida esta mañana de septiembre. He soñado con ellos, he volado con ellos hasta detrás de las fronteras que dividen la vida de la muerte. Y he visto a mis antepasados. Están bien, están muy bien, están felices. Me han dicho que me esperan y ya no tengo miedo. Porque después de haber volado con los pájaros -y esto no es sólo una metáfora: yo he volado con ellos-, morir sólo es cuestión de domicilio. Y he escrito en sueños un poema, quizás este poema que me dice quién soy. Ahora lo sé: un pájaro feliz entre las manos de tantos como quiero y hasta en manos de quienes nunca me quisieron. Vivir es sólo eso. Volar sin más razones

 

que el gozo de volar.

 

Es extraña la inspiración. En cierto modo inexplicable, aunque a veces, como hoy, descubra sus argucias. Sí: sé cómo ha funcionado esta vez. Lo resumiría diciendo que un cúmulo de momentos sencillos pero plenos se ha confabulado de manera diferente a cualquier otra lógica gracias al trastorno del sueño.

 

Verán: anoche me acosté bien pasadas las cuatro de la mañana –nada de juerga: trabajo de pasillo y vigilancia nocturna no desprovista de alguna anécdota graciosa-. A las ocho de la mañana estaba despierto con un vaso repleto de café entre las manos. He meditado un salmo que describía las maravillas del cosmos creado por Yahvé y un pasaje del Evangelio que hablaba del Espíritu Santo. Dado mi estado irracional, me he encomendado a él.

 

En el claroscuro gótico de la iglesia, arrodillada en un banco, he visto de repente a lo lejos una vieja amiga que marchó a la India en busca de paz y sabiduría y que hacía años que había dejado de creer en el Dios cristiano. He ido hacia ella, la he buscado y ya no estaba. Así es que he pensado que o bien la he confundido o bien mi cerebro ha comenzado a mezclar la realidad y la ficción.

 

Al volver a mi habitación el mensaje de otra amiga me citaba a tomar otro café. Estaba tan cansado que hemos compartido a tumba abierta nuestras últimas alegrías y tristezas. Me ha acompañado de vuelta al convento para recoger un libro y hemos estado largos minutos escuchando la suavidad de la lluvia sobre los magnolios del claustro y el suave revoloteo de los pájaros. “Recordaré este momento –ha dicho al despedirse- la próxima vez que tenga que interpretar a un personaje tierno”. Es actriz.

 

He vuelto a mi ordenador y, como era de esperar, me he quedado dormido en la butaca. Me ha despertado el teléfono. Pero al ir a responder se ha cortado. Y mis manos se han ido al cuaderno porque veía claro un poema que lo mezclaba todo. Es la primera vez que sorprendo a la inspiración haciendo su trabajo.

 

 

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