Se estableció que no tendrían posesiones para no entorpecer el ministerio de la predicación
Testigos de canonización
Blog de: Fray Antonio Praena Segura, OP

Ultimus romanorum

miércoles, 13 de junio de 2007 | Hay 5 comentarios

Antes del examen final de Trinidad, celebramos el final de curso comiendo en un chino decente y baratito. Con el dinero que nos sobra decidimos tomar café y, como la Casa del Libro queda cerca, les propongo ir a la cafetería que esta librería tiene en la planta dedicada a la poesía. A mis alumnos les sorprende lo peculiar de una cafetería en medio de los estantes de libros. Una vez sentados, hago acopio de un par de poemarios, abro y les digo que les voy a leer un poema titulado Ultimus Romanorum.

¿Quién es el último de los romanos? –pregunto. Casi nadie sabemos de quien se trata. Pero el poeta se refiere a muchos últimos romanos: así es que, sin vergüenza ninguna, me pongo a recitar en voz alta ese poema que aúna la voz de S. Agustín con la de Robbie Williams y muchas otras referencias contemporáneas. El camarero mira divertido. Entre el café y la charla mis alumnos y alumnas ojeamos libros, especialmente esos que son tan caros y sólo se ojean en los estantes.

Son ellos los que tienen que abrir su camino a través del misterio para encontrar a Dios en cualquier sitio.

 

Yo me siento a gusto, porque, sin complejos, leemos en voz alta como estudiantes de teología que somos en medio de otros jóvenes que acuden a leer poesía mientras toman un café. Y porque ¿hay una manera más original de acabar el curso que enseñarles a mis alumnos que entre los paganos anaqueles también hay kilómetros de versos que aún aúllan por Dios y cantan, por ejemplo, palabras de S. Agustín al ritmo del último disco de Robbie Williams?