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Blog El atril

Fray Antonio Praena Segura, OP

de Fray Antonio Praena Segura, OP
Sobre el autor

3
Oct
2007

Morada de la luz

1 comentarios

La sección Uni-versos del ABC de las artes y las letras de esta semana adelanta un poema del que será el próximo libro de Antonio Colinas. Colinas es una de las voces más consolidadas, libres y profundas de la actual poesía española. El próximo poemario se llamará La ofrenda silenciosa y el tono del poema adelantado es un perfecto ejemplo de cómo en una poesía verdaderamente profunda confluyen la gracia divina y el arte humanos. Esa es, precisamente, la finalidad de este blog: abrir la perspectiva cristiana a los lugares en que es posible la convergencia con el arte y la cultura humanas; abrir el arte de los hombres a la perspectiva cristiana.

Les copio el poema: es largo, pero merece ser releído.

 

Morada de la luz

 

El hosco cielo va rodando arriba

y amenaza sobre los montes negros.

 

Al fin será esta casa mi morada

y hasta lo que es más duro en ella (el muro

de piedra tan rotundo),

dormirá sosegado en mi pupila.

En esta casa el tiempo es la ternura

y siempre callo hasta que sea el silencio

lo que discurra dentro de mis venas.

 

En mi morada no hay días ni noches.

Mi morada es mi día y es mi noche.

Cada mínima estancia es azotea.

Floto en su soledad, bebo en su sombra;

si asciendo a los desvanes de la luz

desciendo hasta un saber que ya no sabe.

La casa, en quietud, está girando

-planetario de amor-

en torno del remanso de los cuerpos.

En ella voy, sin ir, a cada sitio

y a sus goces regreso sin marcharme.

Todo cuanto busqué, aquí lo encuentro.

 

Esta morada es mundo sin el mundo.

En ella suena música que arrastra hasta el sin fin,

marea en la que voy

y vengo (¡mas tan quieto!)

recibiendo respuestas sin palabras

a preguntas que no mueven mis labios.

Y siento que tú estás aquí, aunque no estés,

y que yo estoy en ti, aunque no estoy.

Centro donde te veo al fin ¡tan cierta!;

centro donde, por fin, no estando tú,

en plenitud estás para salvarme.

 

Al fin el corazón ya ha retornado

a escucharse a sí mismo.

¡Qué dulzura este ir cerrándose a todo

para poder abrirse y comprenderlo todo:

nada hermosa que llega acariciando

mi piel para acallarme,

para acallarme aún más, y serenarme!

Morada del amor, con sus anillos

de silencio que silban, mas no ahogan,

porque la sangre de los nuestros ya

no está para dolernos.

(La sangre de los nuestros ahora es sólo

la luz de cobre que está ardiendo lenta

en torno de la copa del ciprés).

 

¡Morada en la marea de la vida,

marea en la morada de la luz!

Del libro "La ofrenda silenciosa".

A punto ser publicado

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polvodestrellas
7 de octubre de 2007 a las 14:10

ver el mundo en un grano de arena
y el paraiso en una flor del campo
albergar el infinito en la palma de la mano
y la eternidad en una hora

W.Blake

Hay otros mundos, pero están en este. Tambien la Eternidad

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