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Blog El atril

Fray Antonio Praena Segura, OP

de Fray Antonio Praena Segura, OP
Sobre el autor

28
Oct
2015

Hotel Mediterráneo

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HOTEL MEDITERRÁNEO

de Alejandro Pedregosa

Planeta

 

El “Hotel Mediterráneo” es un lugar en el bosque fundado para acoger a mujeres maltratadas lejos por completo de su entorno de violencia. A él llega Tamara y de ella se enamora Francesc, el pianista de este peculiar hotel cuyos habitantes arrastran también sorprendentes historias. Una transgresión de las normas por parte de la nueva inquilina hace que salten todas las alarmas. La trama está servida.

¿Por qué recomiendo esta novela?

“Hotel Mediterráneo” es una novela coral. Si es cierto que el narrador es Francesc, no es menos cierto que la suya es una personalidad premeditadamente poco contundente. Pedregosa ha señalado en alguna entrevista que se trata de un personaje un tanto “naif”. Y, en efecto, Francesc es perfilado con la suficiente blandura como para que su perfil quede dibujado por la marca que el resto de personajes, de aristas más contundentes, van dejando en él. Se trata de un ejercicio de difícil debilidad. 

Se consigue así un personaje polifónico, colectivo, el personaje de todos los que forma este hotel refugio, su razón de ser, los vínculos que los unen, su pasado y sus circunstancias, sus contradicciones, sus batallas y sus deserciones.

“Hotel Mediterráneo” es la historia de personas que ya han elegido. Hay un punto de fuga que unifica el relato. Y me atrevo a decir que es este: elegir, o, más bien, haber elegido ya, subrayando este “ya”; el haber tomado una opción a sabiendas de que no es ni la única, ni la más fácil ni, posiblemente, la más conveniente. Pero en la vida hay que optar y luchar por aquello que se elige asumiendo sus pros y sus contras, sus sentido y la certeza de que había otras opciones posibles. Contemplada a la distancia suficiente, este punto de fuga da a la novela una perspectiva que no se nos quiere poner fácil, una profundidad que sólo en la visión total de su panorama podemos recomponer aunque se nos haya sugerido desde dentro.

Porque de lo que se trata no es de ponerse del lado de las víctimas porque éstas traigan tras de sí un historial impoluto y sean de una inocencia tal que les merezca la protección que se les brinda en el hotel. No. Se está de parte de ellas porque se ha tomado la opción de estar del lado de las víctimas porque hay que estarlo, al margen de cualquier buen rollo, cualquier simpatía o cualquier consideración infantil, fácil o maniquea de las personas, según la cual los buenos son siempre y en todos los sentidos buenos y los malos son siempre y en todos los supuestos malos.

“Hotel Mediterráneo” es una novela que, como las buenas obras de arte, se nos queda dentro y vuelve a ser releída por nosotros después de cerrar la última página.

Que estamos ante novela de madurez nos lo pone de relieve también otro aspecto: algunas cosas no son lo que parecen. Y así, partiendo de retratos recurrentes y arquetípicos, Alejandro Pedregosa nos va a llevar a situaciones y personajes un poco diferentes de lo esperado. El efecto es calculado y la habilidad de Pepo consiste en trazar la evolución de las cosas sin que se note. Es el caso, por ejemplo, de los legionarios que actúan de parte del maltratador para convencer a Tamara de que regrese con su esposo.

Otra de las características que subrayan la madurez de esta novela la encontramos en su difícil adscripción a la tabla de los géneros. Se trata de una construcción original en la que Alejandro Pedregosa ha destilado la mejor parte de su experiencia en otros derroteros y se ha desprendido de la limitación que supone tener que responder a determinadas expectativas, ingredientes y ritmos de género.

Lo interesante es la pericia constructiva para que cimientos, pilares, tuberías y ensamblajes no se adviertan. El amor –aunque exento de sensiblerías románticas-, el repaso a la actualidad política y sus casos de corrupción –atreviéndose incluso a hacernos simpatizar con un tipo que ha estafado grandes cantidades-, el compromiso social con las víctimas –evitando cualquier forma de moralina ideológica- y, por supuesto, la problemática que rodea a la violencia machista sin ponernos fácil la empatía hacia Tamara, la víctima de violencia, son retos muy complicados que “Hotel Mediterráneo” afronta sin que la complejidad se advierta como tal, sin que se noten cortes o traídas al caso forzadas. Más bien la contención, la elección de los tiempos en que ir tejiendo las diferentes historias, y el equilibrio de su mirada coral consiguen que, sin darnos cuenta, estén sucediendo más cosas de las que parecen y su intensidad nos resulte así ligera.

En realidad “Hotel Mediterráneo” habla de nuestro tiempo desde una perspectiva diferente, quizá en ello consiste parte de su capacidad de fascinación. Porque, en un mundo –tambien en lo literario- en el que sobreabundan la palabra y la opinión, las diagnósticos y las recetas, la literatura elevada al cociente de las nuevas tecnologías y las redes de difusión, retirarse a un bosque apartado es innovar e ir contracorriente. Ni desde el dogmatismo reaccionario o mesiánico, ni desde el juicio moral o la inhibición ética, esta novela sencillamente se centra en un grupo de personas que hace algo y que lo hace desde sus propias heridas y contradicciones en un lugar apartado del mundo. Es decir: hay otras formas de compromiso legítimas y eficaces a las que quizá copan los medios y las ofertas de implicación.

A veces el mundo tiene más sentido contemplado desde un claro en el bosque. Hacer algo por alguien, por pequeño y desapercibido que sea, puede tener un valor moral mayor que infinitos discursos o construcciones literarias de sesuda intencionalidad ineficaces por su misma grandilocuencia.

En este sentido, cobran plena vigencia los pasajes de resonancia ecológica, casi casi como guiños a un cierto franciscanismo –preciosa la historia de Francesc(o) y el lobo. Léanlo-. O los brotes de humor, tan propios del estilo de Pedregosa, que contribuyen a desarticular cualquier forma de pretenciosidad, pues, como señalaba Chesterton, las cosas importantes hay que tratarlas con humor precisamente porque son importantes.

No es o género negro o rosa. Sobre todo no es gris. No es o una novela romántica, o una novela policiaca. No es o una novela social o una novela contemplativa. No es una obra lírica ni una obra de acción. No es o una narración comercial o un ejercicio de estilo. Es una novela de Alejandro Pedregosa, mi amigo Pepo.

(Extracto de la presentación)

Biblioteca de Andalucía

27 de Octubre de 2015

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