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Blog El atril

Fray Antonio Praena Segura, OP

de Fray Antonio Praena Segura, OP
Sobre el autor

30
Dic
2016

Gominolas

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Virgilio

Con una mezcla de perplejidad y admiración, leía un artículo de Javier Lorenzo Candela propósito del éxito editorial de la nueva poesía española. Entre otras cosas, porque me revelaba algo al tanto de lo cual yo estaba al margen.

Sí, conocía el enorme éxito de ventas de una serie de nuevos poetas cuyo nombre hace poco me era totalmente desconocido. Los venía viendo en la lista de los más vendidos que publican los suplementos, pero como dejé de fiarme de los suplementos culturales más o menos importantes básicamente al conocer los mecanismos que rigen en ellos, no me había interesado mucho más.

El voto de pobreza -o la austeridad presupuestaria real- es un buen filtro y un buen antídoto contra el mercado, la publicidad y hasta el capitalismo salvaje (a veces también literario). Es decir: que como no puedes comprar muchos libros, lees de prestado, lees en una biblioteca, lees en una librería y tienes muy claro lo que merece la pena y lo que no.

Y conste que me parece muy respetable el fenómeno, que estos autores hayan conquistado al gran público, que muchos adolescentes lean esta poesía frente a la ninguna poesía que antes leían. Pero el fenómeno comercial no sustentaba mi interés por esos versos. Simplemente lo que leía no me justificaba el precio. Ni iba conmigo ni me resultaba tan diferente a lo que iba conmigo que realmente despertara mi interés.

Por eso este artículo de Javier Lorenzo me ha parecido iluminador. Básicamente viene a decir que el éxito editorial de esta supuesta poesía -digo supuesta porque muchos niegan que se trate de poesía más allá de sensiblonas anotaciones de cuaderno adolescente- estriba en aportar una respuesta a la demanda creada en el receptor desde el punto de vista del contenido. Se trataría de una poesía que le viene a decir al lector, un lector que es más público que lector, aquello que quiere escuchar de una manera no muy complicada de entender y que, en el fondo, sigue una estructura similar a los mecanismos publicitarios.

Un amigo lo decía de forma más bruta en una sobremesa: “para ser poeta hoy, tienes que tener miles de seguidores en Twitter, Facebook, Youtube…; poner una frase bonita cada pocas horas, a ser posible con imagen, versos así como de anuncio de colonia o de compresas… Pero ojo, expón tus sentimientos de una forma que no sea muy inquietante. Vende gominolas.”

A mí me parece muy respetable el fenómeno. Tantas veces se ha acusado a los poetas al uso de haber espantado a los lectores que, oye, no está mal otra manera de enfocar las cosas. Que cada cual elija.

A mí lo que me interesa del análisis del fenómeno es lo que realmente dice de nuestro tiempo. Nos habla de un gran desamparo ideológico. Nos habla de un desamparo sentimental que requiere como compensación el consumo de sentimientos y experiencias frente a un vacío emocional difuso. Nos habla del desfondamiento intelectual, del hecho de desconocer que sobre ciertas experiencias vitales se ha ido mejor y más al fondo desde hace muchos siglos. Nos habla de un vértigo frente a propuestas verdaderamente diferentes, frente a lo no sabido, para aferrarse a lo asimilable: lugares comunes que graviten sobre lo estable, emociones que parecen cambios pero no lo son y que, en cuanto tal, se hacen deseables.

Como señala Javier Lorenzo: "El arte de hacer desear, de necesitar de manera inmediata, está descrito como una de las características de mensaje publicitario, iniciando un enfoque de atracción del receptor hacia la idea que queremos vender. “El medio es el mensaje”, que diría McLuhan."

Para terminar, en lo que nos dice de nuestro tiempo, yo señalaría que ante estas falsas novedades de supermercado literario es cuando los clásicos muestran su verdadero carácter de auténticos innovadores. En medio de la moda consumista, Virgilio o Francisco Brines son la verdadera vanguardia.

 

 

 

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