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Blog El atril

Fray Antonio Praena Segura, OP

de Fray Antonio Praena Segura, OP
Sobre el autor

5
Dic
2012

El jazmín y la noche

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“El jazmín y la noche” es uno de los volúmenes más felices de este año. Reúne la poesía de Almudena Guzmán desde 1981 a 2011 y abre ante nuestros ojos, como un abanico, ese misterio de la madurez, la madurez por dentro y por fuera.

 

 

A cierta altura de una vida y de una vida poética fiel a sí misma, echamos la vista atrás y descubrimos asombrados cuántas de las que han sido nuestras realidades latían ya germinales en aquel que fuimos con 17 años, que es la edad en que Almudena publicó su primer libro, “Poemas de Lida Sal”. Ahora descubrimos que en aquella adolescente ya estaban la capacidad de deslumbramiento y el deseo de mantener una mirada infantil, nueva y fresca sobre las cosas del mundo. También estaban la pasión como fuerza motriz, la conciencia de las propias sensaciones como forma de conocimiento del mundo y del mundo interior, el amor como energía para transformar la realidad, la ironía como inteligencia para apuntar hacia lo injusto… Todos estos elementos latían allí y resisten al desengaño con que el paso de la vida nos va signando a todos.

 

Por eso, cuando llegamos a su último libro, “Zonas comunes”, descubrimos que la poesía tiene un potencial de resistencia misterioso para hacer que sigamos siendo los mismos a pesar de haber cambiado tanto. Incluso nos ayuda a decir con más claridad las cosas más complejas del mundo que fuimos, del que ahora somos y del que nos rodea. Tras el camino confirmamos aquello que decía Claudio Rodríguez, que el desengaño en el poeta no significa desamor, sino afirmación y reconocimiento.

 

Crecer puede entenderse “como una broma de mal gusto”, pero ese sentimiento –señala Luis García Montero en el prólogo- no invita a la renuncia de la vida. Se trata de asumir las contradicciones, las marcas de la soledad, las realidades descarnadas de la existencia, y de buscar un diálogo con el presente y el porvenir, un hueco para la dignidad en medio de la intemperie. Almudena lo hace.

 

Invito a disfrutar de este camino que “El jazmín y la noche” despliega ante nuestros ojos. Particularmente he disfrutado releyendo aquel “Usted” con que Almudena sorprendió a público y crítica en los años ochenta. Aquel desenfadado y descarado poemario contenía en el fondo de sí mismo unas terribles ganas de vivir que Almudena ha conservado, de distinta manera, muchos años después a pesar de lo que ha llovido y le ha llovido, como da cuenta también en “El príncipe rojo”.

 

Almudena nos ha enseñado cómo se mira el poeta por dentro y como esa mirada es penetrante cuando se vuelve hacia fuera y se dirige a la realidad; un rasgo que, aunque la poesía de Almudena no sea nada mística, comparten sólo los poetas verdaderos y los hombres de verdadera espiritualidad.


Quien hace del dolor ajeno
impasible,
rentable y vanidosa inspiración,
no debería pasar a la historia
ni como hombre ni como poeta.

 

Hombres y poetas hay pocos.

 

Raposas entre las viñas los más.

 

 

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