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Blog El atril

Fray Antonio Praena Segura, OP

de Fray Antonio Praena Segura, OP
Sobre el autor

22
May
2018

El derecho a odiar

3 comentarios
derecho a odiar

Pues no, no le reconozco derechos al odio. Una cosa es reconocer que odiamos, que podemos sentir odio, que a veces lo mejor sea reconocerlo si de verdad queremos superarlo, y otra admitir impasiblemente que el odio tenga carta de legitimidad, que sea uno de los derechos que nos otorgamos a nosotros mismos.

Porque la fuente del derecho no es el capricho autoindulgente, sino la dignidad de la persona concebida en su verdadero ser, que es relacional. “El otro” forma parte de mí. Odiando, me rebajo a mí mismo. ¿Y a qué viene esto?

El anonimato de las redes sociales, cierto periodismo que algunos, con razón, denominan “de cloacas”. Cierta telebasura que hace omnipresentes en los medios a personajes absurdos y frívolos que venden su vacuidad a precio de oro por platós televisivos en los que se aplaude el lenguaje soez, el insulto y la descalificación gratuita. La falaz equiparación de la sinceridad con la mala educación. La intención de hacernos creer que es libertad de expresión o derecho a la información lo que en realidad es un modo de hacer dinero fácil mediante un amarillismo especialmente diseñado para las audiencias más vulnerables, las de aquellas vidas cuya aventura más apasionante es proyectar sobre ridículos famosos, famosos por nada interesante, su propio aburrimiento o su propia frustración. El espectáculo de tertulianas maquilladas como puertas que lo mismo lanzan hipótesis sobre el asesino, que se convierten en especialistas en derecho, o en psicólogas, o en filósofas sociales y chupan cámara tratando de mantener el pico de audiencia según les vayan indicando por el pinganillo que suban o bajen el tono mientras el video morboso se repite y se repite en bucle… A esto me refiero.

Hace años se pusieron de moda los estudios que analizaban hasta qué punto las convenciones sociales influían en nuestras convicciones morales. Simplificando, se ponía de relieve cómo el hecho de ser aceptados, de acomodar nuestros valores morales a lo aceptable o a lo correcto socialmente hablando, nos podía llevar a mantener posiciones morales “convencionales”, incluso cuando en nuestro fuero interno o privado no coincidiésemos exactamente con aquello que en nuestro comportamiento externo dejábamos entrever. Es decir, el contexto social hacía de “molde” moral. Y no era lo mejor, pero al menos ayudaba a “contener” lo peor. Cuando el muro de contención social se corrompe, ¿qué más da lo moralmente bueno, si en la anarquía del anonimato podemos vomitar contra los demás nuestro malestar consciente o inconsciente?

Decía San Agustín que, cuando un hombre se eleva, todos nos elevamos. Pues bien: cuando un hombre se degrada, entre el aplauso y el regocijo, todos nos degradamos.

Reivindico una ética de los medios. De lo contrario, lo que se deteriora es la convivencia.

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AdmiradoraDeOlgaPujadas
26 de Mayo de 2018 a las 04:26

"Porque, muy al contrario de lo que predican muchos "iluminados", expresar el odio no lo aumenta, sino que lo exorciza. Y sólo así, aligerándonos de esta antigua y pesadísima carga (y del tremendo esfuerzo que nos conlleva ocultarla), podremos, por primera vez en nuestras vidas, explorar y potenciar los aspectos más bellos, sanos, creativos y amorosos de nosotros mismos, de los demás y del mundo. No hay otra manera y nunca la habrá"
Fuente: http://olgapujadas.blogspot.com.es/2017/06/odio-al-odio.html?m=1

2
Hormias
27 de Mayo de 2018 a las 11:06

Fray Antonio de los últimos programas que me entusiasmaba fue el jm de prada. ..que grandes tertulianos después de la película. ..nos queda la dos..
No tengo tv de pago reitero mi felicitación por su blog y el de los demás dominicos.

..son una balsa donde agarrarse. ..mil gracias

Son s

3
Pilar Galán
30 de Mayo de 2018 a las 13:58

Realmente vivimos en una sociedad en que los valores, en que una generación fuimos educados, han perdido su esencia y ya no son argumentos de autoridad.
Hoy día el cuarto poder, osea se la prensa sensacionalista y los ídolos de papel cuché son ahora las voces que claman en el desierto, pero no como San Pablo exhortando a preparar los caminos del Señor.
Estas voces a cuál más chillonas e incongruentes, van dirigidas a las almas vacías por el hastío y abrumadas por la crisis, que buscan olvidarse de sus problemas y embrutecerse un poco más para no pensar.
Tampoco estamos para discursos filosóficos pero sí, para que cada uno desde su lugar en la sociedad grite que no todo vale, que estamos creados a imagen de la belleza, la sabiduría y el bien supremo.
Y eso se tiene que notar!!

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