Antonio Praena Segura es dominico. Nació en 1973 en Purullena, Granada. Actualmente, como una dimensión más de su predicación, se dedica a la enseñanza e investigación teológicas en la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. Allí ha impartido también algún seminario sobre fe y cine contemporáneo.
Ha sido seleccionado en alguna antología poética, la última, 12 voces al sur (existe una versión digital). Ha recibido alguna distinción por su poesía, como el Accésit del Premio de Poesía Iberoamericana Víctor Jara por su obra Humo verde. Ha sido varias veces finalista de premios como el Adonais y el de la Academia Castellana de la Poesía.
En el 2006, su poesía Poemas para mi hermana ha sido reconocida con un Áccesit del premio Adonais. En la actualidad, prepara un nuevo libro.
lunes, 07 de mayo de 2007
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Hay 1 comentarios
No buscando otra cosa que la gloria de Dios, creo el cristianismo tiene que dialogar con el arte contemporáneo. Esto tan elemental, no para todos es evidente. Algunos creyentes se niegan simplemente a reconocer a su interlocutor, en cuyo arte ven no sólo falta de belleza sino también de sentido moral.
Sirvan estos ejemplos que algunos creyentes exponen para ilustrar su rechazo: Duchamp le pintó bigotes a Mona Lisa y exhibió un urinario de porcelana como escultura. Piero Manzoni vendió su aliento en globos de colores, y en 1961 creó su obra Mierda de artista, consistente en noventa latas, firmadas y rellenas con sus propios excrementos. Leo Castelli exhibió latas de cerveza vacías arrugadas. Un tal Chris Burden se hizo disparar a quemarropa en el brazo derecho, y otra vez se hizo crucificar, bajo los efectos de la novocaína, a un volkswagen. Ron Jones ha sometido su rostro a nueve operaciones de cirugía plástica para convertirlo en un collage con la frente de la Mona Lisa y el mentón de la Venus de Boticelli, además ha vendido frascos que contienen su grasa corporal. La argelina China Adams colocó un anuncio en varios periódicos solicitando un trozo de carne humana; alguien donó una tajada de un muslo; luego la artista lo guisó con sal y ajo, y lo comió ante los sorprendidos asistentes en el museo Armand Hammer de Los Ángeles. Damien Hirst coloca animales muertos en enormes recipientes de cristal que contienen una solución de formol, lo cual permite tener una panorámica de las partes internas del animal, en algunos casos una vaca entera o un cerdo.
¿Es este arte un interlocutor válido? ¿Tiene algo que decir? ¿Se le puede decir algo? ¿Pasa por aquí el aggiornamento?