15
Ene2011¿Cómo se hace un poema?
5 comentarios
Ene
Estamos de reunión en Scala-Coeli, un convento en la sierra cordobesa. A poca distancia de aquí existía una finca en la que Góngora comenzó alguna obra: hablo de memoria y si no recuerdo mal se trata del Polifemo. También aquí comenzó Fray Luis de Granada su Introducción del símbolo de la fe. Parece que este lugar está inclinado del lado de la palabra. La cuestión es que, a lo mejor por el recuerdo de estos dos autores, nada más llegar se me ha aparecido un poema. No lo puedo escribir pero ya existe. Al menos me permite contemplar cómo se fragua un poema y dar cuenta de ello.
Tengo el principio:
En la sierra de Góngora y Fray Luis
de Granada…
Sé que estará lleno de encabalgamientos abruptos, como el anterior. Las rocas, los aguerridos pinos gongorinos, que aparecerán en el poema, me lo piden. Además parece que viene en estilo prosaico: me alejo así de Góngora –a quien no me puedo acercar- y me aproximo a Fray Luis. Soy muy partidario de la poesía en metros prosaicos –sé que a muchos no gusta- porque me parece prodigiosa esa manera en que endecasílabos perfectos se disponen sin parecer endecasílabos. Una matemática exacta que atenúa el artificio y es fruto sólo de una musicalidad muy connaturalizada, de mucho esfuerzo que esconde su dificultad en la apariencia de facilidad.
La sencillez del momento hace que el poema no pueda ser un poema culturalista al uso y quizá por eso pide una incursión personal. Será en estos versos:
Sin apenas haberme dado cuenta
soy carne de palabra y compasión
Esta referencia me lleva inmediatamente a la persona de San Álvaro de Córdoba:
Me acuerdo de San Álvaro que un día
camino del convento halló un mendigo
al que llevó sobre sus hombros…
El desenlace de esos versos vendrá sólo, pues en germen ya está en ellos. Sólo es cuestión de esperar. Mientras, habrá que tomar una actitud contemplativa, la de mirar y dejar decirse lo que veo. Y al ver lo que veo, no tengo que hacer ningún esfuerzo para que el poema se sitúe donde está, en el siglo 21. La referencia posmoderna viene, por tanto, sola y queda perfectamente engarzada sin impostura ni alarde contextualizador. Quedará así:
cajas de pizza y de preservativos
vacías forman parte del paisaje
Me encantan esos encabalgamientos brutales. Y alguna cosa más ocurrirá. Llegará de un momento a otro porque la estructura ya está montada. Queda el final, que para dar al poema redondez estará en relación con el principio. He empezado con Góngora y Fray Luis, pero yo no estoy a la altura de ellos. Así es que, simplemente, lo digo:
Quisiera yo tener una palabra
análoga a la suya. Pero no:
Como no estoy a la altura de ellos, más me valdrá volverme hacia lo elemental y simplemente decir lo que escucho. Y he aquí que lo que escucho tiene relación con el libro en el que irá el poema, un libro sobre el vuelo y los pájaros. Así es que no hay nada que pensar. Sólo decirlo:
Quisiera yo tener una palabra
análoga a la suya. Pero no:
oigo los pájaros y lloro.
Como quien no quiere la cosa, ha pasado una década más. El tiempo engendra décadas como el poder caballos y, en última instancia, la agrupación numérica de años no es más que una convención, una manera de clasificar, medir, que a la realidad, sinceramente, le afecta poco.

Ayer celebramos el primer acto del ciclo Poesía y música en los conventos. Estuvo dedicado a la poesía espiritual y mística India. La lectura de los textos en estos actos nunca va acompañada del nombre de los autores; y así, los asistentes pudieron escuchar juntos, pero sin saber de quiénes eran, desde versos devocionales indios a oraciones de Teresa de Calcuta, Ghandi, Clara Janés o 

Mientras todavía tenemos en la retina las imágenes de esa osamenta habitable, casa desprendida de las nubes, que es la Sagrada Familia de Barcelona, voy a hablar de otra catalana, Angélica Liddell.