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Sep2007Neobarroco
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Sep
Volví hace unos días de un congreso sobre el barroco, y una de las conferencias a las que no me pude quedar trataba sobre la época neobarroca en la que, supuestamente, vivimos. Como coincidí con el conferenciante en los ratos libres, me contó por encima de qué iba a hablar. Se trata del carácter abigarrado, saturado, efectista, sensitivo y sensual, provocador, emotivista, etc., de la época en la que vivimos. Mutatis mutandi, a eso se refiere el carácter neobarroco de nuestro tiempo.
Afecta a todo: al famoseo, a la vacuidad de muchas manifestaciones, al desfondamiento de algunas éticas, al maquillaje continuo y mutante de muchas ideologías,...
Especialmente afecta, al arte: entre tanta propuesta ¿cómo destacar? Ante la incapacidad de aportar una sugerencia de las que nacen de los estratos profundos del alma o del cuerpo, ¿por qué no insultar a los cristianos con imágenes obscenas de sus personas y símbolos sagrados? No he visto la exposición de Ibiza. Mejor no hacerle ni caso, porque eso es lo que busca: publicidad. Ni una palabra más, pues.
Acababa el otro día con la pregunta de si el dolor es necesario para ser poeta. Era Machado quien decía que se canta lo que se pierde... Y, gracias a Dios, no parece tener razón del todo.
A veces la belleza paraliza. La realidad, cuando es bella y cuando nos tiene completamente sumidos en su goce, se parece a un sueño del que no se puede salir.
El calor ha llegado a Granada justo con el verano. Hemos sobrevivido a otra primavera.
Antes del examen final de Trinidad, celebramos el final de curso comiendo en un chino decente y baratito. Con el dinero que nos sobra decidimos tomar café y, como
Son ellos los que tienen que abrir su camino a través del misterio para encontrar a Dios en cualquier sitio.
Manu Chao no es un artista cristiano, ni siquiera creyente. Pero es un artista que a mí me gusta y que me provoca mucho. Creo que sus planteamientos pecan a veces de ingenuos y de dualistas: los malos y los buenos sabemos quienes son y están donde están. Pero cuando se pone a criticar es interesante seguirlo. Sobre todo porque refleja cómo la tradicional y antigua canción protesta ha quedado convertida en otra cosa, nada dramática, sino festiva y divertida en su denuncia y en su profundidad. El tema religioso siempre está presente y suele salir mal parado.
Antes de dejar Valencia, he pasado a despedirme de mi amigo
A lo largo de un trecho decisivo, el camino de la santidad y el del arte corren muy juntos. Es el trecho del sacrificio. Por el sacrificio - todo por lo desconocido- se puede libar miel de la amargura, luz de las pérdidas.
Por el sacrificio sabemos realmente qué es lo que nos importa y qué aquello que sólo tenia aspecto de importarnos. Si tenemos algo en el corazón o sólo nos importamos a nosotros mismos. Descubrimos quienes somos en realidad a través de todo aquello que no somos, de aquello prescindible en nuestra vida. Porque, como dijera von Balthasar, la belleza del amor sólo se ve en su inutilidad.
No sé si hablo sólo del artista cristiano, pero pretendo hablar de todo arte: más allá de la pose, toda obra comunicativa es fruto de una intensa batalla interior, aun cuando el artista recubra esta dimensión de su persona con la carcasa de un personaje que está por encima del bien y del mal.