20
Mar2009qué le podríamos decir
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Mar
Provocaré un aborto en estos versos.
Haré que el resplandor que está acechando en estas líneas
no llegue a derramar su radiación sobre la tierra.
Es sólo una cuestión de vida o muerte
en su sentido literal, porque si acaso,
si acaso lo que aquí quiere decirse
llegara a ver la luz en unos ojos,
los ojos sin su luz no querrán verse.
No queda alternativa:
lo tengo que matar antes que a ti,
lector que aún no has nacido,
su existencia te lea.
Así es que procedamos cuanto antes
lidiando con su fuerza primordial, este insolente
latir palabrativo y desbocado
que sueña y da patadas en mis sueños.
Golpeemos mi sesera contra cosas
rotundas –el amor, el sentido-
hasta descomponer en pedacitos
su frágil estructura aún incipiente.
Metamos una mano por mi boca
buscando cada cuajarón: lo licuaremos
hasta restablecer la aséptica palabra
-ese lugar donde no hay nadie-
y así sentir al fin que está salvado
el mundo para siempre de una nueva
revolución –gestada en mí culpablemente-
que sólo cuando el mundo con el tiempo
madure reconozca como un acto
de desactivación bizarro y justo.
Será, por último, el olvido.
Será lo más difícil, no nos engañemos.
Pero, si se hace necesario,
habrá que decretar que nadie se formule
preguntas inservibles:
cómo habría sonreído,
con qué ojos miraría,
qué le podríamos decir.


Miedo me da Aristóteles. ¡Mira que si tiene razón! Dice en la Poética:
Me ruboriza reconocer que todavía veo la gala de los Goya. Es uno de esos residuos de la juventud, de cuando había que apoyar al cine español y éste lo merecía (esa
La vida vegetal, la vida animal, no tienen que definirse a sí mismas. Sólo la vida del hombre tiene que definirse a sí misma, so pena de convertirse en una vida amorfa. Son cosas de la libertad. Si no la tuviéramos, el problema ni se plantearía. Pero la tenemos y por eso hemos de definirnos en nuestras elecciones.