viernes, 10 de agosto de 2012
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Hay 7 comentarios
Estos días de verano son propicios para mirar desde una perspectiva distanciada los momentos más significativos del pasado curso.
Vienen a mi cabeza algunos versos de “Actos de amor” y trato de cerrar ese capítulo poético con un cortafuegos a veces inútil. Se quería allí verso, entre otras influencias, la afirmación de Balthasar según la cual ser y amor son coextensivos. Con cierto desenfado playero, de forma un tanto alucinada por los baños de sol, magullo si es cierto eso de que nuestro ser queda irreversiblemente marcado por el amor. Y como para mí amor es siempre alteridad, me pregunto, sin excesivo rigor, si la vida de los otros cala hasta la esencia de nuestro ser.
Más por fortuna que por desgracia concluyo que sí. Unos ejemplos.
Nos nacen, no nacemos.
En un orden ya personal, mi vida ha quedado determinada, sin retorno, por el nacimiento y el crecimiento de Emmanuel. De alguna forma la trastoca; no en la dirección de un desvío de su órbita, sino en el sentido de llevarla auténticamente a lo que es, a lo que está llamada a ser desde lo que era. Cuidar de él, acompañarlo en la maratón de la vida, empujarlo a su misma e inintercambiable persona, son aspectos que me definen ya. No me son un accidente.
Otro ejemplo. La separación de una vida, la imposible recomposición de una relación, permanece en nosotros como por vía negativa, a manera de vacío definidor de lo que somos. Casi casi una ausencia metafísica que se instala en lo que habremos de ser. Porque somos, también, lo que ya jamás será. Algunas ausencias son tan profundas que quedamos convertidos nosotros mismos en una especie de ausencia.
En estos ejemplos la vida de los otros es la nuestra. Me atrevería a decir que hasta lo es con intolerable arrogancia, si no fuera porque conceder intolerancia a este aspecto no haría sino instalar en nosotros mismos una intolerancia a nuestra propia realidad. Aparte, claro está, de ser un error, porque nada hay tan hermoso como esa inevitable coexistencia del amor con la esencia que de otro modo no seríamos.
Es este el camino de la verdad y la belleza. Encuentra, en cierto modo, un paralelismo con la encarnación, la cual, a su vez, no revela sino la esencia verdadera de Dios: hacerse existencia para los otros porque desde siempre era alteridad. Descubrirlo es la fuente de la paz y de ese motor de creación inagotable que es la costumbre de trato con el misterio.
Comentarios de esta entrada:
Estupendo post, Antonio. Me he quedado tocado con el ejemplo de la imposible recomposición de una relación, con aquellas ocasiones en que el individuo se vuelve ausencia, lugar abandonado, desamparo. Es durísimamente cierto. Es un destrozo irreparable, inimaginablemente desproporcionado; ya no se puede volver a ser feliz ni hay absolutamente nada en el mundo que pueda subsanarlo ni llenar el vacío, si no es Dios. Lo tengo comprobado: Jesús no me ha abandonado nunca, Antonio, si alguna vez no se le ha oído no ha sido por estar Él callado, sino por estar yo sordo. Es la única pareja que nunca se aburre ni se cansa de uno, ni causa decepciones, ni se marcha.
¡Buenas noches, y mejórate! :-)
Javier G.
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22/08/2012 23:37:43
Hace tiempo que no leía palabras tan bellas y profundas. Muchas gracias!!
Moises
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22/08/2012 12:47:58
Pienso que todas las personas que conocemos llegan a nuestra vida por un motivo, aunque sea doloroso. Buen post. C.
Pandorabuscasusitio
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19/08/2012 19:36:47
Te preguntas; si la vida de los otros cala hasta la esencia de nuestro ser.Quisiera pensar que si y así lo pienso,llamados a la existencia, sin concurrencia propia, nadie nos lo pregunta, arrojados a la existencia, el amor a los otros, en sus distintas manifestaciones y en los recorridos personales, dejan que nosotros vayamos encontrando las respuestas..conocemos,damos y recibimos, así experimentamos, la generosidad, la belleza, la soledad, la renuncia, la angustia.La esencia del ser va conformándose y unificando en lo que es la aspiración del ser humano mas profunda y costosa, ser amor y transmitir amor.
Un post precioso, Antonio, un saludo
Miaumiau
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18/08/2012 10:51:21
a veces dudo de Dios pero enseguida vuelvo a pensar que es el Creador
juan viejo
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14/08/2012 21:39:50
Querido Luis: qué bien lo dices, nos hacen nacer.
Y lo de la des-orbitación, pues sí, no estar en lo que somos y en lo que somos que se juega en lo que queda fuera de nosotros es causa de vivir ausentes de nosotros mismos.
De que Dios es angustia y silencio tantas veces es tan veradero, pero verdaero desde la experiencia.
Un fuerte abrazo en comunión contigo
Praena
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11/08/2012 18:32:36
Querido Antonio, agradezco a los baños de sol que te hayan inspirado un post tan bello y profundo. Comparto sin dudar tu conclusión, creo como tú que nuestro ser queda irreversiblemente marcado por el amor.
Pero como yo gozo del sol de una forma diferente; esto es, poniendo a prueba mis límites con temperaturas más cercanas a los cincuenta que a los ya olvidados cuarenta, busco en la fiebre solar excusa para proponer un itinerario alternativo hasta tu misma conclusión:
-Nos hacen nacer, no nacemos.
-Desde ese momento, el amor es experiencia de des-orbitación, de empeño porque no lleguemos a ser lo que estamos llamados a ser
-Y así acabamos, enajenados, siendo ausencia de nosotros mismos.
Dios, verdaderamente, es alteridad. Esa es la esperanza. Pero también es angustia y silencio.
Luis
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11/08/2012 17:34:54
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