Antonio Praena Segura es dominico. Nació en 1973 en Purullena, Granada. Actualmente, como una dimensión más de su predicación, se dedica a la enseñanza e investigación teológicas en la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. Allí ha impartido también algún seminario sobre fe y cine contemporáneo.
Ha sido seleccionado en alguna antología poética, la última, 12 voces al sur (existe una versión digital). Ha recibido alguna distinción por su poesía, como el Accésit del Premio de Poesía Iberoamericana Víctor Jara por su obra Humo verde. Ha sido varias veces finalista de premios como el Adonais y el de la Academia Castellana de la Poesía.
En el 2006, su poesía Poemas para mi hermana ha sido reconocida con un Áccesit del premio Adonais. En la actualidad, prepara un nuevo libro.
miércoles, 10 de marzo de 2010
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Hay 3 comentarios
Se temía Nietzsche que todavía no nos libraremos de Dios, porque aún creemos en la gramática.
Parece que tampoco la poesía, por más vueltas que han dado las cosas, acaba de librarse de la cuestión de Dios. Hay en ella algo muy importante que encuentra en Dios su máximo parecido: la gratuidad. Dios no necesita nada ni porqué alguno para ser. Es porque sí. Y un buen poema debe escapar también a las razones para existir. Es, y punto. Se capta, viene, llega y no hace falta nada más.
En esto la poesía parece no escapar al hecho de que hay cosas que son, sin más. Se reciben y no pueden construirse, justificarse, inventarse. Podemos llamarlo inspiración, pero con ello se da cuenta de que hay algo independiente de nosotros, que sólo habla, es poesía, cuando quiere.
Sucedía en la conversación del otro día:
-Este poema tiene un defecto.
-¿Cuál?
-Responde a una función, quieres que cumpla la misión de establecer un puente entre el libro anterior y este, tan distinto. Cuando algo es hermoso, lo es sin más. Y no necesita justificar su existencia mediante ninguna otra razón.
-Es verdad. Pero te aseguro que el poema llegó solo.
-A ver, vuélvelo a leer…
A Dios sólo le basta ser Dios para llenar la existencia. Es como el siguiente video. Se le puede llamar post-rock. Pero sólo su hermosura basta.