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Fray Antonio Praena Segura, OP
Antonio Praena Segura es dominico. Nació en 1973 en Purullena, Granada. Actualmente, como una dimensión más de su predicación, se dedica a la enseñanza e investigación teológicas en la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. Allí ha impartido también algún seminario sobre fe y cine contemporáneo.
Ha sido seleccionado en alguna antología poética, la última, 12 voces al sur (existe una versión digital). Ha recibido alguna distinción por su poesía, como el Accésit del Premio de Poesía Iberoamericana Víctor Jara por su obra Humo verde. Ha sido varias veces finalista de premios como el Adonais y el de la Academia Castellana de la Poesía.
En el 2006, su poesía Poemas para mi hermana ha sido reconocida con un Áccesit del premio Adonais. En la actualidad, prepara un nuevo libro.
miércoles, 30 de septiembre de 2009
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Pasando ayer por la habitación del P. Lobato, descubrí en su librería el volumen La poesía y el arte de Jacques Maritain. Lo tomé al acostarme, para ir cogiendo el sueño y, la verdad, me ha fagocitado media noche. Así ando hoy, que no sé ni lo que digo.
Porque he encontrado perlas de alto calibre: hay poesía en la obra de todos los grandes matemáticos. Hubo secreta intuición poética en las concepciones filosóficas primarias de Heráclito y de Platón, de Aristóteles y de Santo Tomás de Aquino, de Plotino, de Spinoza y de Hegel; sin esa intuición poética, Aristóteles no habría podido extraer de la experiencia el diamante de sus definiciones fundamentales. La poesía sostuvo a Francisco de Asís, a Colón, a Napoleón y a Cagliostro.
Especialmente he disfrutado el capítulo en el que razona cómo la poesía excede y está por encima de lo que entendemos por belleza y por arte. Resumiendo la idea, es algo así como que la verdad en la poesía no es, como en el arte o la prudencia, una conformidad con el apetito recto, sino una conformidad con el ser, con el ser aprehendido a través de la emoción. Por más elaborada, por más “bella” incluso que sea una obra de arte, no emocionará ni alimentará si no tiene poesía. La poesía no se mide por el arte, mientras que el arte sí se mide por la poesía. La poesía sólo se mide por algo que nace de ella y que empuja más allá de todo fin señalable. Es, esto lo sobrentiendo yo, como si en toda obra en la que verdaderamente hubiera poesía, la sed que ésta engendra sólo se saciase con más sed de ella misma. Como vemos, estamos en el nivel más cercano a la experiencia mística.
En otro lugar cita Maritain a un texto de Eliot acerca del aspecto negativo de la poesía: en tales momentos, caracterizados por una repentina cesación de las cargas de ansiedad y temor que pesan sobre nosotros, en nuestra vida diaria, lo que ocurre es algo negativo; es decir, no se trata de la inspiración tal como se la entiende corrientemente, sino de un derrumbamiento de barreras o impedimentos habituales... El sentimiento que acompaña a esto, se asemeja... a un repentino alivio debido a la desaparición de un peso intolerable. Me parecía que me estaban leyendo las entrañas.
En fin. Que me temo que me quedan muchas horas de insomnio junto a Maritain, porque el libro se ha instalado junto a mi cama y no deja de imantar.
viernes, 25 de septiembre de 2009
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Uno de mis poetas favoritos recordaba, en un libro reciente, la importancia de no hacer nada. Yo pronto lo asocié a los tiempos en que no pasa nada poético, pero en los que un poso de algo totalmente nuevo –para que lo sea ha de venir realmente de la nada- se va asentando hasta que, a veces sorprendiéndonos desprevenidos, estalla en un torrente de inspiración.
Durante las horas de insomnio de nuestro último capítulo provincial pasó algo parecido. Surgió un poema. Y, mientras intento ponerme al día de por dónde va eso de la cultura, que para eso es este blog, os lo dejo sin más.
martes, 22 de septiembre de 2009
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Sé que a algún lector le horroriza la idea de que un fraile, como yo o como otro, vaya a ver películas como esta, en la que el sexo es una parte tan importante en la trama.
La última película de Isabel Coixet, Mapa de los sonidos de Tokio, deja mucho que desear. Tiene varios problemas serios. El primero, que la historia está impostada y no te la llegas a creer. El segundo, que los actores, especialmente un Sergi López que recita robóticamente las frases de un personaje que no se traga, están desaprovechados. Me encanta Rinko Kikuchi, que estaba brillante en la maravillosa Babel, pero aquí la directora parece no haberle transmitido el alma de lo que podría haber sido, perdiéndose en las superficies de su personaje.
Hay otros problemas más, comenzando por el guión y acabando por los prescindibles 5 minutos finales que estropean lo que, al menos, podría haber sido un final más poético, abierto, dramático..., pero en el fondo todos se resumen en uno: la falta de profundidad y alma y la consecuente disolución de toda garra en puras apariencias. Apariencias, sí, porque Coixet quiere parecerse a Won Kar-way, quedándose en una serie de escenas, planos y sonidos al estilo Deseando amar pero sin el fondo, el misterio y la poesía de esa película ya antológica. Como en otros tramos de su trayectoria –no en todos- esta obra de Coixet parece un largo anuncio publicitario que seguramente a ella la hace sentir muy cool y muy intelectual. Es de justicia decir, por otro lado, que Coixet me cae bien y que le alabo el desmarcarse de la tónica y la planicie del resto del último cine español.
Pero hablemos de sexo, pues éste me parece un aspecto salvable de la película. Unos personajes perdidos, solitarios e incomunicados encuentran en el sexo un asidero. A ver, que luego me malinterpretan: no me resigno a que el sexo sea una solución compensatoria para vidas sin deriva. Sólo digo que, desgraciadamente, lo es. Y eso, el hecho de que así sucede, es lo que Coixet refleja en toda su materialidad. Vacíos de amor y de sentido, la necesidad de contacto físico y directo, brutal y hasta suciamente orgánico, deja preparadas al sólo sexo las riendas de nuestra sin deriva. Pero ¿qué es higiénico y qué no lo es entre cuerpos?
Algo muy lejos de lo que el deseo y el contacto profundo de nuestros cuerpos podría ser si fuera comunicación, comunión, fusión oblativa, locura de tú... Pero real como la vida misma. Aunque siempre habrá quien se escandalice de que un fraile sepa de estas cosas.
jueves, 17 de septiembre de 2009
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Probablemente muchos de vosotros ya lo habéis visto, pues sé que ha estado pasando de correo en correo y que también ha tenido un montón de visitas en internet, pero yo acabo de verlo y no quería dejar pasar un minuto más sin compartirlo. Se trata de este cortometraje que fue elegido de entre muchos otros para proyectarse en el Festival de Berlín de hace algunas ediciones.
Es tan directo, tan claro, tan honrado, tan elocuente sin usar palabras, que sólo después de sobreponerse a las imágenes se puede pensar.
Es un mensaje bueno para tiempos de crisis, no por aquello del otros están peor, sino por una verdad que lo es sin términos relativos. Siempre hay un motivo para dar gracias a Dios, siempre podemos hacer algo en medio de la pobreza, siempre es tiempo para preguntarnos: ¿me estoy comportando como un auténtico egoísta que se cree el centro del mundo? Y, por supuesto: ¿Qué puedo hacer?, ¿qué está más cerca de mi mano?
La dignidad y la felicidad están en cómo nos situamos en medio de cualquier adversidad. Si esta crisis que tantas familias están sufriendo nos sirviera para hacernos más sensibles, más solidarios, más generosos… Y sobra decir más. Dar, darse, estar es lo que nos devuelve la felicidad y nos despierta la dignidad que hemos dejado apagarse enredados en el tener, disfrutar, sobresalir.
Si una oración de acción de gracias brotara de estas imágenes, ¡cuánta luz entraría de una bocanada en nuestro corazón!
lunes, 14 de septiembre de 2009
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Volver a empezar. El curso, el blog, el pulso a la vida. Hay que ponerse al día en lo que toca a cultura, pues ese es el interés de nuestro blog, que parece que cada vez más se alejan la fe y las expresiones culturales del hombre de nuestra España. De tanto separarnos, el lenguaje se vuelve equívoco haciendo a los hombres esquivos.
Una de las cosas primeras que encuentro es la promoción de Hipatia. Más que el hecho de la película en sí, el darte cuenta de cómo funciona el mercado y de los enlaces más o menos subrepticios de los “eventos artísticos”. Me explico: comienzas leyendo una columna a propósito del año de la astrología, después una portada y algunos artículos a propósito de esta mujer astrónoma y filósofa en la revista La aventura de la historia y al final todo viene a explicarse porque es que resulta que se estrena la última película de Amenábar, Ágora, sobre la figura de Hipatia de Alejandría. Se habla y se hablará mucho de ello, porque hay que amortizar los, al parecer, alrededor de 50 millones de euros que ha costado la que sería la película más cara del cine español hasta la fecha.
Nada tengo contra ello, aparte de que las críticas de Amenábar, no sólo contra la iglesia sino también contra el cristianismo, siempre me han parecido de brocha gorda. (También algún crítico nada beato se lo ha señalado en otras ocasiones, pues en Mar adentro llegaba a dar risa la caricatura que hacía).
Pero sí que quería expresar la sutileza de los lazos de algunas cosas: tentáculos que no parecen tener nada que ver entre sí, tienen, siguiénndoles la pista, la misma cabeza que los mueve. Declara Amenábar que Ágora pudiera interpretarse como un film anticristiano pero –añade- también he encontrado paralelismos en el martirio de Hipatia con el Cristianismo, y la tortura y martirio de Jesús. Es una película contra el fundamentalismo que elimina al que piensa diferente de lo que se considera ortodoxo. Ojalá esté siendo sincero.
En gran manera la filosofía antigua se salvó precisamente en las bibliotecas monacales y en el cultivo y continuidad de la misma por los pensadores cristianos. Pero sobre eso no habrá película ni campaña promocional. Tampoco hace falta.