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Fray Antonio Praena Segura, OP
Antonio Praena Segura es dominico. Nació en 1973 en Purullena, Granada. Actualmente, como una dimensión más de su predicación, se dedica a la enseñanza e investigación teológicas en la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. Allí ha impartido también algún seminario sobre fe y cine contemporáneo.
Ha sido seleccionado en alguna antología poética, la última, 12 voces al sur (existe una versión digital). Ha recibido alguna distinción por su poesía, como el Accésit del Premio de Poesía Iberoamericana Víctor Jara por su obra Humo verde. Ha sido varias veces finalista de premios como el Adonais y el de la Academia Castellana de la Poesía.
En el 2006, su poesía Poemas para mi hermana ha sido reconocida con un Áccesit del premio Adonais. En la actualidad, prepara un nuevo libro.
martes, 28 de abril de 2009
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¿Imagináis una sala medieval del monasterio de Santo Domingo de Silos en donde el Museo Reina Sofía promete una acción artística totalmente sorprendente?
Van llegando los espectadores. No hay nada en la sala: sólo la luz de atardecer que se filtra por los ventanucos. La gente se sitúa donde quiere, de pie. Comienza a sonar una melodía en la voz de la artista convocada. Pero la artista no está. El canto está inspirado en la Salve Regina gregoriana. Pero la pieza, Appear to me, juega además con el canto de pájaros que se elevan. Susan Philipsz se ha inspirado para componerla en los pájaros del monasterio: pájaros en los capiteles, pájaros dormidos en el viejo ciprés, buitres que ha visto en el camino de La Yecla…
Hemos dicho que la cantante no está. No hay nada en la sala. Nada, nada. Sólo evocación. Y la pieza dura muy poco. Muy, muy poco. ¿Tanta expectación para esto? La decepción se abre paso entre los asistentes. Todo ha acabado.
Pero la obra comienza precisamente aquí.
¿Imaginais escuchar una melodía en una voz extraña? La salve, el gregoriano, pájaros que se elevan… Y no volverla a escuchar nunca más en la vida. No poder volverla a escuchar. Es imposible.
Perseguir algo que ocurrió y nunca más volverá a ocurrir. Perseguirlo y buscarlo en todo. Como el único amor de una vida: buscarlo en todos los rostros, en todos los besos… Y no, no ser ya nada igual, no encontrarlo nunca…
Todo es evocación y todo es futuro, aun cuando un día descubramos que en ningún futuro aquello volverá a suceder.
No he asistido a esta instalación. Pero quienes asistieron dicen que vale la pena la decepcionante experiencia: nos abre a cuantas cosas en la vida nunca más serán. Porque ni tan siquiera en la memoria volverán a ser lo que fue.
jueves, 23 de abril de 2009
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domingo, 19 de abril de 2009
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Para muchos poetas la primavera no es nada hermosa. No es esa algarabía floral y delicada que todo lo embellece a la manera de una decoración modernista. Más bien es una lucha, la lucha entre la costumbre del frío -aquel que somos en nuestro cuartel de invierno, nuestro refugio interior- y la vitalidad que puja y puja con la naturaleza, incluso absorbiéndonos las fuerzas del ánimo.
El equilibrio personal se rompe a veces con la virulencia de esa lucha. Todo esto en algo se parece a la vida nueva que irrumpe con la resurrección, pero que encuentra la resistencia de lo viejo, a lo que casi ya nos habíamos acostumbrado. Algunos amigos me comentan cómo su sensibilidad se encuentra en estos días alterada, rara, irritable... Cómo su carácter tornadizo…
Y en esta coyuntura he recordado La tierra baldía, de T. S. Eliot. Se trata de un poemario de no fácil lectura actualmente considerado una obra maestra. La imagen principal que recorre el poema es la del agua en contraste con la sequía, simbolizando ésta la esterilidad y deshumanización del mundo contemporáneo, mientras que el agua sería algo así como la fe, el amor, el sentido unificador y salvador, la vida.
En este abril tan siempre extraño he recordado aquellos versos ya clásicos de Eliot:
Abril es el mes más cruel, hace brotar
lilas del interior de la tierra muerta, mezcla
la memoria y el deseo, estremece
las raíces marchitas con lluvia de primavera.
El invierno nos mantuvo calientes, cubriendo
la tierra con nieve de olvido, alimentando
un poco de vida con tubérculos secos...
Mas, como la Pacua nos ha dado decisión para vivir, añadiré que
...con el agua, lo mejor
de abril es siempre mayo.
lunes, 13 de abril de 2009
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Esta mañana entraba por las puertas de la iglesia la imagen del Dulce Nombre de Jesús, la imagen de Jesús niño que la cofradía de la Humildad (popularmente La cañilla) procesiona por las calles de Granada cada Domingo de Resurrección. Es una preciosa talla atribuída a Torcuato Ruiz del Peral. Vestía de blanco y triunfaba sobre una cruz que mostraba vacía. La tradición manda que los costaleros sean los niños, los niños del barrio y todos los que espontaneamente se arriman a portarla. Volvía cubierto de pétalos de flores, rompiendo con la luz al oscuro interior de la iglesia y al del alma.
Tradicionalmente a esta procesión se la llama en Granada de los facundillos, y, a su paso, van sonando cientos de campanas de barro que extienden por las calles el tintineo de la alegría en armonía con las risas de los niños. Es la imagen de la Resurrección que se ha quedado en mi mirada.
¡Cristo ha resucitado! Todas las cosas son nuevas, sobre todo porque Él nos hace nuevos a nosotros. Nueva visión, nueva oportunidad, nuevo inicio, nuevo corazón, nuevos caminos. ¡Feliz Pascua florida!
viernes, 10 de abril de 2009
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En esta noche de vela y oración, de contemplación y espera junto a Jesús que ya ha emprendido el camino de la entrega entera de sí mismo a las manos de la locura y la violencia de este mundo, quiero compartir esta joyita de poema.
Junto al monumento de su cuerpo y de su sangre, junto al monumento que hace palidecer todos los monumentos de este mundo, yo lo rezaré:
Terroristas del mundo, alucinados,
drogadictos, pilotos de la muerte,
pervertidos de la profunda noche:
habéis equivocado los caminos.
En Dios está el terror y la violencia
y la gloria y el sexo y la ignominia.
En Dios está la ciencia y la locura
y el fruto prohibido y el horror.
Venid, adoradores, al peligro
y a los vértigos de su santo rostro.
José M. Ibáñez Langlois
jueves, 09 de abril de 2009
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Hoy, Jueves Santo, un poema de J. M. Ibáñez Langlois:
JESÚS es el más siervo de los siervos 13
Jesús está lavando los 24 polvorientos pies
esos pies del oriente llevan mugre auténtica del oriente
no son los pies hermosos de Adán y Eva por el paraíso
son los pies de la historia
son las extremidades del animal caído
que camina pecando por el polvo
que peca de los pies a la cabeza
con el mundo al revés entre sus párpados
a sus pies está Dios lavando sus pies con la propias lágrimas
oh vosotros que pasáis por el camino
decid si hay una flor un ángel una mosca
más humilde que Dios
no es humilde el pequeño que se inclina ante el grande sino el viceversa
el Eterno se ha puesto de rodillas
tiene manos de madre para los pies de Judas
vosotros que pasáis por el camino
decid si hay un amor como el de Dios madre.
viernes, 03 de abril de 2009
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Lo tenía claro: el hombre sin Dios, en nada es diferente al animal. Y como animales, simios o babuinos, representa Bacon al hombre. Con brutal sinceridad.
Una vez visto, podremos decidir si abrazamos la animalidad o pasamos la vida con nostalgia de Dios… O aceptamos amorosamente la invitación de Dios, que puestos a que todo valga, ¿por qué esto va a ser menos válido?
El problema es que hoy esta invitación los cristianos no la podemos hacer sin mirar a nuestro mundo desde los ojos más distintos a los nuestros. Nos horroriza mucho de lo que vemos y lo rechazamos de plano, es cierto. Pero algunas cosas, una vez expresadas, no se pueden ignorar, porque su fuerza forma parte del acervo visual de nuestro tiempo. De lo contrario, los cristianos, refugiados en nuestras imágenes de siempre, corremos el riesgo de ser ingenuos y de hablar un lenguaje superado e infantil.
Y no somos mejores cristianos ignorándolo o haciendo aspavientos indignados ante él: Bacon nos pone delante una realidad y esta realidad grita.
Bocas angustiadas y violentas. Sexo descarnado, hombres que se devoran sexualmente, que se amalgaman y revuelcan en su propia bestialidad.
Sus crucifixiones no tienen alusión directa al tema religioso –eso dice Bacon al explicar su pintura: pero, así como su pintura misma no miente, Bacon sí que solía mentir al explicar su pintura-. En ellas la carne está retorcida, descuartizada, amontonada, exponiendo paroxisticamente el grado de violencia con el que el hombre puede tratar al hombre.
En los retratos, a sus amigos los descompone buscando el fondo de sus entrañas, en un ejercicio que sólo con amigos podía hacer, pues sólo la amistad le garantizaba el perdón de tal brutal exposición de intimidad.
Y ¿qué decir de sus versiones del Inocencio X de Velázquez? Pues que nos pone sin piedad ante los horrores del poder, del abuso de autoridad y violencia al que el poder sobre las conciencias puede llegar. Lamentable, pero siempre a tener presente.
Bacon se acomoda a la animalidad. En esto, no nos miente. Y -creo- la lección que podemos sacar es que nadie debe ignorar el animal que le acecha dentro, que convive con nosotros, que somos nosotros. Mirándolo –mirándonos- a los ojos podemos saber mejor qué hacer con nosotros mismos y quién puede salvarnos de nuestros peores redaños.
A lo mejor Bacon no es más que un mito (más) del mundo postcristiano. Por lo pronto, acercarse a esta exposición única, irrepetible, que sólo se verá, además de en el Prado, en Londres y Nueva York, es una oportunidad de comprobarlo yendo a las obras. Y de liberarse de la mojigatería.