Las calamidades las gestaba en el santuario de su compasión
Bto. Jordán de Sajonia
Blog de: Fray Antonio Praena Segura, OP

Él quería

domingo, 25 de octubre de 2009 | Hay 3 comentarios

 

Él quería otras circunstancias. Quería haber formado parte de la estela de poetas que, desde la locura de Dios, siempre han ensanchado los márgenes de la literatura y la han revolucionado. Él se había esforzado por tener voz en el mundo de fuera de las sacristías, algo por lo que las generaciones anteriores habían luchado. Pero ahora el panorama era distinto, y también, a los ojos del mundo, los curas, mejor que se quedaran diciendo misa y se dedicaran a sus cosas. ¡Como si no tuviera bastante con lidiar con los que desde dentro le decían: que no, que no, que tú no pintas nada con esa gente, que son ateos, raros; llevan mala vida y al final te van a meter sus ideas en la cabeza! Él quería otro contexto, otras facilidades. Porque hasta lo que para él resultaba obvio, ahora no lo era, y para la gente de la cultura resulta que la religión, los frailes, las monjas, han sido los enemigos del saber y del arte. Los fundamentalistas. En fin, desolador: ¡tantos siglos de historia tragados por el sumidero! Pero él tenía prisa, él era ambicioso; estaba seguro de sí. Él. Él. Él quería estar en las antologías, en las bibliografías; cambiar con un poema el curso de las cosas. Él quería un panorama más permeable. Él quería navegar con otros vientos, menos cambiantes, más favorables; por ejemplo, haber nacido en otros paradigmas, coyunturas, escenarios. Otra década, otro siglo, un siglo diferente… Pobre tonto. Y no se daba cuenta.

 

No se daba cuenta de que su siglo era su reto. De que no hay siglo más hermosos que el siglo de uno. De que uno nace cuanto tiene que nacer y muere cuando tiene que morir. De que no hay siglo más hermoso que este día: Granada, 25 de octubre de 2009.

 

Las 5 y media de la tarde.

 



Insoportable

martes, 20 de octubre de 2009 | Hay 4 comentarios

“No hay cerro, ni selva, ni desierto, que nos libre del daño que otros preparan para nosotros”. Eso no es fascinante. Es terrible. Intento comprender por qué sufrimos.

Estas frases, la primera de las cuales es el comienzo de su nueva obra, forman parte de la entrevista que El Cultural dedica esta semana a Angélica Liddell.

 

Siempre me pasa igual. Me ocurrió con Amy Winehouse y Juan Manuel de Prada y ahora reincido con Liddell y… todo un padre Provincial. Me ocurre que me autocensuro, me corto, decido no hablar de algo y luego resulta que ese algo es no sólo muy bien visto, sino hasta de las preferencias de alguien cuya opinión es más autorizada y prudente que la mía, tal la de de Prada o un Provincial. También L. M. Ansón se ha dejado arrastrar por su violencia. Pero basta de justificaciones: nunca aprenderé a ser libre, ni tan siquiera como para poner aquí un link al blog de esta catalana.

 

Sí. Nunca he asistido a ninguna representación de Angélica Liddell -cosas de vivir en provincias, que decía el pedante-, pero he leído bastante sobre ella y me he matado a buscar sus videos en internet. Ejerce sobre mí ese atractivo de las personas de alto voltaje, de los seres raros y brutales en quienes todo lo que tiene que doler y emocionar duele y emociona en un grado de pureza que raya lo insoportable.

 

Liddell estrena nueva obra y promete no dejar indiferente a nadie. Tanto que la realidad será llevada al escenario y la realidad quedará convertida en un teatro mirado desde las tablas.

 

¿Por qué sufrimos? ¿Por qué tenemos que sacrificar lo que más queremos? ¿Por qué nos preguntamos por qué?

 

Pongo aquí dos videos de esta mujer. Y aviso: el segundo de ellos es muy fuerte. Si eres, amigo lector, aprensivo y sensible, muy sensible… posiblemente hasta te guste.

 

 



Ni ético ni estético

jueves, 15 de octubre de 2009 | Hay 4 comentarios

 

Hace unos días recibía un correo con un link hacia un cortometraje, el que aparece aquí. Vale la pena verlo.

En la larga cadena por la que el mensaje había pasado, alguien anotó un comentario al corto: El "suicidio" moral de la humanidad al olvidar la ética para pasar a la "estética"...

 

Después de ver el video y seguir, solamente, el sentido común, que en mi caso se comporta raramente, llegaba a estas conclusiones:

 

Al final del video se premia a la periodista por, se supone, las impactantes fotografías que ha tomado en el frente de batalla. Ella dejó que el soldado matara a la niña y la fotografió muerta. Ahí se supone que radica la falta de ética a cambio de la estética a la que alude el comentario del mensaje. Pero, ¿de verdad? ¿Van los periodistas a los frentes de guerra a hacer fotos estéticas? ¿No se juegan la vida, más bien, por dejar testimonio de su compromiso, de su voluntad de que la verdad se sepa? Van a dejar constancia del desastre. Pero -¡ay dolor, dolor!- también a dejar clara su valentía y su profesionalidad. Lo que hace que esta fotógrafa no impida la muerte de la niña no es su compromiso estético, sino su voluntad de dar el notición, de hacer el reportaje más valiente y arriesgado, más en primera línea y testimonial, más visceral y denunciante. Tan denunciante que ella no hace lo que podría hacer a cambio de… la gloria de un premio periodístico y el aplauso a su trabajo de corresponsal.

 

Los premios a corresponsables de guerra no se dan por estética. Para esos hay otros "certámenes". Se dan para reconocer el compromiso y la testimonialidad.

 

No es la estética lo que pervierte la labor de esta periodista. A lo sumo, es su ego, su voluntad de firmar el reportaje más impactante.
 

Ni es ético ni es estético. Simplemente es vanidoso y cobarde. Y, si por algo han premiado a la periodista, es por su “aparente” buen hacer como tal. No por la belleza de sus fotos. Eso es lo que le duele a ella: que su testimonio es sólo una mentira, una claudicación de su compromiso ético a cambio de ser reconocida y aplaudida.

 

Recomiendo la que es mi película favorita hasta la fecha: Before de rain, de Milcho Manchevski. Volveré alguna vez sobre ella, porque tiene mucho que ver.



Misterium Lunae

martes, 13 de octubre de 2009 | Hay 7 comentarios

 

Hojeando el otro día en un conocido suplemento el comentario al cuadro conocido como “La Inmaculada de Soult”, de Murillo, me indignaba leer la interpretación que se hacía de la media luna a los pies de la Virgen. Según alcanzo a entender, esa media luna corresponde a la que el libro del Apocalipsis (12, 1) pone a los pies de la mujer que representa a la Iglesia (puesta siempre en relación con María, la Nueva Eva). Pero en el suplemento se decía que esa media luna representaba la victoria sobre el Islam.

 

Mi indignación crecía por el hecho de que, precisamente ese día, en los Cultos en honor de la Virgen del Rosario había predicado sobre el Misterium Lunae: la luna como metáfora tanto de la Virgen como de la Iglesia, según lo cual, así como la luna refleja la luz del sol, María y la Iglesia reflejan la luz de Dios en medio de la noche.

 

Pero no. Parecía que la referencia a Ap. 12, 1 era desconocida para el comentarista del cuadro de Murillo.

 

Llevado por la prudencia, pensé en investigar, aunque fuera superficialmente, en el asunto. Mi sorpresa ha sido descubrir que en Internet esta interpretación de victoria de la fe o la Iglesia sobre el Islam está presente en muchas páginas y es extensible a otros muchos cuadros de la Inmaculada donde aparece la media luna bajo sus pies. Por lo que ya no sé qué pensar: si se trata de una idea falsa que ha corrido como la pólvora, con el agravante de que esta interpretación vuelve a darles a los turistas esa ración tópica de que la Iglesia es intolerante y se jacta de su supremacía sobre las otras religiones, o si que, realmente, en algún momento de la historia se le sumó a la obvia alusión al texto del Apocalipsis la intención de que la alegoría representase también esa lucha contra el Islam, en una especie de interpretaciones sumadas y concomitantes.

 

No sé si alguien sabe más. Pero, incultura religiosa o no, lo cierto es que referencias al texto del Ap. pocas he encontrado y muchas, en cambio, a esa victoria de una religión sobre la otra.



Miguelillo el Pavero

domingo, 04 de octubre de 2009 | Hay 2 comentarios

 

Ha muerto José Antonio Muñoz Rojas (Antequera, 1909) un poeta con un siglo a cuestas. Un poeta difícil de encasillar en ninguna generación –parece que cada vez es más difícil, quizá por inservible, establecer generaciones en poesía, pues ésta suele desbaratar cualquier intento de domesticación, incluyendo a sus domesticadores-.

 

En este enorme poeta andaluz podemos encontrar a la naturaleza frente a la palabra, la pasión por la tierra, el valor de lo próximo, la contemplación de lo pequeño, todo envuelto en una insobornable conciencia de la eternidad.

 

Pero quiero ofrecer un poema y una impresión suya del mismo poema tras el paso del tiempo. Aquí el poema:

 

MIGUELILLO EL PAVERO

 

Es bajo, achaparradete, rubio, tostado, cabezón.

Yo le digo:

-Miguelillo, ¿cuántos años tienes?

-Catorce.

-¿Qué haces?

-No tengo nada que hacer.

-¿Y tus padres?

-No tengo.

-Pero hombre, Miguelillo.

Se queda un momento con la caña en suspenso.

-Miguelillo, ¿no tienes zapatos?

-No, señor.

-¡Pero hombre, Miguelillo!

-Desde que se fue mi abuelo no tengo de nada. Antes, con los pájaros, se vivía. Los zorzales dan mucho. Mi abuelo ponía las perchas y yo iba a recogerlos. ¿Usted no ha visto los zorzales? En acabando la aceituna se van. A mí me extravían los zorzales todos los años cuando se van. Mientras hay zorzales se vive. Dos, tres docenas, según los días. Y ahora no tengo a nadie.

-¡Hombre!...

-Y hoy no he comido.

-¡Pero hombre, hombre, Miguelillo!

 

(De Las cosas del campo, 1953)

 

Y lo que en 1975 anota el poeta asomándose al paso del tiempo:

En cambio Miguelillo el Pavero se me presentó hecho un hombretón, con una chaqueta de cuero imponente, en su coche nuevo.

-En Alemania lo he comprado.

-¡Pero, hombre, Miguel!

-Vengo a casarme y allá me vuelo en cuanto me case.

-¡Pero, hombre, Miguel!

-Mientras aguante. Que no será mucho.

(...) ¡Ay de los que olvidaren!

Comenzaba este libro diciendo: "Sé algo de la tierra y sus gentes." Hoy diría: "quisiera saber algo de la tierra y sus gentes."

 

En homenaje a Muñoz Rojas y a todos los Miguelillos de nuestros pueblos.