Porque amaba a todos, de todos era amado
Jordán de Sajonia
Blog de: Fray Antonio Praena Segura, OP

Expiación (y II)

viernes, 25 de enero de 2008 | Hay 1 comentarios

No sé en qué ocasión leí o escuché de Benedicto XVI que es muy importante para un joven desear y procurar realizar algo grande, importante, en su juventud. Nada mejor contra vacíos y sin-derivas que mantener el esfuerzo por dejar algo apreciable, aportar a este mundo algo digno, una huella, incluso corriendo el peligro -¿quién puede ser joven si no?- de incurrir en la vanidad.

 

Yo quería haber realizado, escrito,  una verdadera obra de arte antes de cumplir los 35. Y voy, jeje, camino de no conseguirlo. Por lo que, en esta vida dominicana que he tomado, tendré que consolarme con incluir ese deseo incumplido como una más de las renuncias de mi voto de pobreza. (El que no se consuela es porque no quiere).

 

Y lo cuento en este blog de cultura y fe –no es un blog de discusión de problemas sociales ni eclesiales...- porque me alegra y me sorprende ver que son artistas irritantemente jóvenes los que han realizado algunas de las películas más maduras y profundas que he visto últimamente. El director y adaptador de la densa y compleja novela Expiación, Joe Wright, tiene 35 años. Y más sorprendentemente aún, la que quedará como una de las mejores películas de la década, La vida de los otros, es la obra prima de Florian Henckel-Donnersmarck, y la realizó con 33 años. Claro, se trata de un tipo que desde su adolescencia ha devorado la obra de Thomas Mann, Stefan Zweig, Tolstoy, Dostoyevsky, y pierde el sueño porque no conoce más que un par de ensayos de Kleist. ¡Necesita las obras completas!

 

Las dos películas derrochan inteligencia y buena construcción. Consiguen ese milagro de, al final, con-fundir vida y arte. Muchas horas de lectura, esfuerzo, síntesis... En España, por ser este país de ricos nuevos que hemos llegado a ser, se nota que nos alimentamos de mala cultura –no generalizo- y nuestras creaciones son planas, tópicas, poco originales, ancladas en la trasnochada dialéctica progre versus carca y viceversa, subvencionadas... Véanse, si no, los pésimos resultados del cine español de este año.

 

Como expiación por tantas horas perdidas, por tantas lecturas a medias, por la falta de disciplina, por la falta de valor y riesgo, por no haber aportado una verdadera obra de arte ni a mi tiempo ni mí mismo ni a la Gloria de Dios, me dedicaré a escribir mediocres post. Y a recomendar, eso sí, las cosas buenas de los buenos de mi generación.



Expiación (I)

viernes, 18 de enero de 2008 | Hay 4 comentarios

Es un gran error ese que, movidos por cierto complejo y cierta culpa, hemos cometido en nuestro catolicismo con pretensiones de actualidad. Consiste en dejar fuera de nuestras categorías conceptos que no son sólo conceptos sino realidades contundentes de la vida. Por ejemplo: relegar al olvido palabras como sacrificio o expiación.

 

Y es un gran error porque el sacrificio y la expiación están presentes irremediablemente en la vida. Si nuestro cristianismo los margina o relega, se queda sin responder a algo que, de suyo, ya está marcando nuestra existencia. La expiación existe, nos demos o no cuenta de ella. Expiamos errores, expiamos decisiones, expiamos opciones, expiamos culpas, expiamos omisiones, expiamos maldades, expiamos cegueras. Las cosas se pagan. Aunque nadie nunca lo sepa, las podemos estar pagando durante toda nuestra vida. La fe lo que hace es inundarlas de sentido. Sin ser asumidas por la fe, se expían demasiado humana, desesperada y angustiosamente. La fe las transmuta en partos de redención, de renacimiento, de superación y de esperanza. Las santifica.

 

Pero por aquello de querer agradar, de actuar clientelistamente, omitimos nombrarlas y por lo tanto rebajamos la vida y su carga existencial inherente a un cristianismo light y sentimentaloide que al final acaba por no ser atractivo para quien busca respuestas rotundas y vive su condición humana a todo riesgo.

 

Tienen, claro, que venir algunos artistas o simplemente algún buscador de intensidad para retomarlas. Y entonces nos queremos incorporar a la actualidad de aquello que nosotros mismos habíamos defenestrado.

 

Se acaba de estrenar la película Expiación, la versión de la novela homónima de Ian MacEwan. Me parece conmovedora. Volveré a hablar de ella. Porque ahora sólo quería apuntar a ese pseudoprogresismo para con la fe que lo único que hace es depauperarla y, lo más triste, dejarnos sin redención experiencias que son y que se imponen como puños en la vida, con tal de que queramos reconocerlas.



Ha muerto Ángel González

domingo, 13 de enero de 2008 | Hay 3 comentarios

Durante los años que estudié en Salamanca formé muy activamente parte de la tertulia literaria Papeles del Martes, que tenía lugar en el convento de San Esteban y en Sotomayor. Una tarde, al acabar la tertulia, el poeta Salmantino José Manuel Regalado me pidió que le acompañara a una tradicional librería. Cogió la edición del año 2000 de Palabra sobre palabra y allí mismo me la regaló. Me dijo que era fundamental que leyera a Ángel González.

 

Efectivamente: sin que sea un poeta que me haya influido directamente, su lectura es fundamental para atravesar esa línea a partir de la cual se comienzan a percibir las posibilidades poéticas del tono menor, de la ironía, del humor... Su obra es importante para pasar de una poesía engolada o vociferante a la apreciación positiva de cuanto de poético y rítmico puede existir en el tono coloquial y prosaico. Y no como rebaja de estilo, sino como ejercicio de llaneza, una llaneza y simplicidad, lejos de lo que a primera vista parece, llenas de esfuerzo, trabajo, complejidad bien escondida.

 

Ángel González dijo de sí mismo: me acostumbré muy pronto a quejarme en voz baja, a maldecir para mis adentros, y a hablar ambiguamente, poco y siempre de otras cosas. (...) Si acabé escribiendo poesía fue (...) para aprovechar las modestas habilidades adquiridas por el mero acto de vivir.

 

Dado que este es un blog para escuchar la voz de nuestro tiempo, ya que sin ello difícil es dialogar con nuestro siglo, les dejo con unos poemas de Teoelegía y Moral (de su libro Prosemas o menos, todo recogido en Palabra sobre Palabra). Cosas que no gustan pero están dichas. Y con todos los premios.

 

REVELACIÓN

 

Dios existe en la música.

En el centro

de la polifonía

se abre su reino inmenso y deslumbrante.

Incesante, infinita,

la creación extiende sus fronteras.

¿Qué improbable

constelación

se atrevería a brillar

más allá de sus límites?

Escalas luminosas tienden puentes

de firmamento a firmamento,

fundan el poderío de la evidencia.

                                                     Asombro.

Es la verdad:

                     ¡Dios existe

en la música!

 ( Cuatro compases más, y otra vez solos.)

 

EPÍLOGO

 

Cuando el músico guarda el violochenlo

en su negro sarcófago,

el cadáver de Dios huele a resina.

 

 

INVITACIÓN DE CRISTO

 

Dijo:

          Comed, éste es mi cuerpo.

          Bebed, ésta es mi sangre.

 

Y se llenó su entorno por millares

de hienas,

de vampiros.



La belleza de las cosas pobres

domingo, 06 de enero de 2008 | Hay 3 comentarios

En encontrar la belleza de las cosas pobres reside parte del secreto de la vida.

 

Paso la víspera de reyes en casa de mi familia y, antes de abrir nuevos regalos, descubro que mi sobrino ha estado jugando estos días con los mismos juguetes que jugábamos mi hermana y yo. Y algunos aún parecen nuevos. Además Emmanuel ha sembrado la casa con las figuritas del belén que nosotros poníamos: las mismas casitas, el mismo pozo, los mismos pajes, las mismas ovejas salen a relucir por todos los rincones. De pequeños nos enseñaron a cuidar las cosas, pero nunca pensé que muchos de aquellos juguetes sin marca registrada pudieran pasar a la próxima generación.

 

En la limpieza, delicadeza y cuidado de las cosas más simples y menos valiosas reside la dignidad del pobre. Las mujeres de mi pueblo que aún vivían en sus cuevas siempre tenían en alguna esquina un cubo con cal y una brocha con la que procuraban devolver la blancura a la fachada cada vez que salía un desconchón o chorreaba barro desde los cerros. La limpieza y el aseo era su dignidad. Las madres de los niños pobres lavan los juguetes, los cosen, los ponen en un lugar seguro, enseñan a sus hijos lo afortunados que son de poder jugar con ellos y custodiarlos a pesar de su poco valor material. Porque las cosas valen el cariño y el esfuerzo puestos en ellas.

 

Se pierde la ilusión cuando no se deja de abrir un paquete tras otro. Al final todo nos cansa. Y, al crecer, nuestra costumbre posesiva y utilitaria se ha instalado ya en nuestras manos y corremos el peligro de abrir con ellas corazones y vidas como se desempapelan paquetes de regalos. Y, una vez abiertos, la ilusión no dura más que unas horas y entonces arrojamos a un rincón los corazones desnudados y las vidas que fueran entregadas a nosotros en obsequio.

 

En descubrir la belleza y dignidad del más sencillo y pobre de los regalos está el secreto de, en la vida, recibirlo siempre todo como un tesoro inmerecido y todo agradecerlo porque nada en realidad nos pertenece en exclusiva.

 

Espero que los juguetes de la infancia de mi hermana y mía sigan poblando los juegos de mi sobrino. Y que en abrir con infinito asombro cada cosa recibida, por más pobre que sea, encuentre el tacto justo con que en la vida abrir cada corazón que al suyo se le entregue.

 

¡Feliz día de Reyes!