Construir el Reino implica una lucha contra todo aquello que dificulta su crecimiento: el pecado en todas sus formas
Fr. Damián Byrne
Blog de: Fray Antonio Praena Segura, OP

Cementerio

viernes, 28 de septiembre de 2007 | Hay 4 comentarios

El cementerio de Granada es uno de los más bellos que conozco. El que más, yo diría. Está construido sobre una colina paralela a la colina de la Alhambra. Todo sobre él es azul. No hay nada más que azul sobre él y, enfrente, está Sierra Nevada, aún sin nieve, a cuyas faldas se extienden varios pueblos entreverados de bosque, de chumberas, de barrancos.

 

Las intervenciones arquitectónicas recientes no han podido ser más acertadas. El arquitecto ha introducido sobrios miradores de gigantescas láminas de hierro en formas de ventanas al sólo azul o a la sierra, de tal modo que, de repente, entre una hilera de nichos abigarrados de flores, de letras, de inscripciones, de nombres, imágenes de distintas advocaciones de la Virgen, angelotes, retratos... se abre un inesperado hueco hacia el espacio. Me sugiere la resurrección. Artísticamente me recuerda a los contrastes de Rothko.

 

Esta tarde hacía sol. El sol queda bajo y el atardecer es un violento incendio prolongado sobre los panteones. Me acompañaba mi amigo Ramón y en silencio hemos limpiado el panteón de los dominicos. Yo barría contra el viento y el viento volvía contra mí las flores secas, los hierbajos, el polvo...: era la viva imagen del pensamiento de la muerte. Siempre contra el rostro.

 

Pero el balance era tan hermoso, que al final el panteón ha quedado limpio, como el azul, y ha comenzado a atardecer y nos hemos asomado a un mirador y me sentía hermanado y hemos rezado silenciosos, para no romper la comunión, celebrando el triunfo de la belleza sobre lo que la tierra nos reserva.



Neobarroco

sábado, 22 de septiembre de 2007 | Hay 2 comentarios

Volví hace unos días de un congreso sobre el barroco, y una de las conferencias a las que no me pude quedar trataba sobre la época neobarroca en la que, supuestamente, vivimos. Como coincidí con el conferenciante en los ratos libres, me contó por encima de qué iba a hablar. Se trata del carácter abigarrado, saturado, efectista, sensitivo y sensual, provocador, emotivista, etc., de la época en la que vivimos. Mutatis mutandi, a eso se refiere el carácter neobarroco de nuestro tiempo.

 

Afecta a todo: al famoseo, a la vacuidad de muchas manifestaciones, al desfondamiento de algunas éticas, al maquillaje continuo y mutante de muchas ideologías,...

Especialmente afecta, al arte: entre tanta propuesta ¿cómo destacar? Ante la incapacidad de aportar una sugerencia de las que nacen de los estratos profundos del alma o del cuerpo, ¿por qué no insultar a los cristianos con imágenes obscenas de sus personas y símbolos sagrados? No he visto la exposición de Ibiza. Mejor no hacerle ni caso, porque eso es lo que busca: publicidad. Ni una palabra más, pues.



Se canta lo que se gana

jueves, 13 de septiembre de 2007 | Hay 1 comentarios

Acababa el otro día con la pregunta de si el dolor es necesario para ser poeta. Era Machado quien decía que se canta lo que se pierde... Y, gracias a Dios, no parece tener razón del todo.

¡Hay tanto que cantar! Hasta hay cosas que se ganan porque se cantan.

En una reciente entrevista al poeta Carmelo Guillén (pinchar) en Poesía Digital  (pinchar) he encontrado respuestas a la pregunta, tan manida por otro lado, por el dolor de la poesía. Y es que, como dice un amigo, somos geniales inventando dramas. Y los artista, mucho más... nosotros y nuestro dolor. ¡Qué poco pregonan los santos su dolor! Lo sabio es buscar con el arte sanación. El controvertido Jodorosky (pinchar) decía, tras la muerte de su hijo, que sólo le interesa el arte que cura, no el que busca mostrar las geniales neurosis del artista.

Les dejo con un poema sacado de la citada entrevista con Carmelo Guillén. Ya verán cómo ayuda...

Se canta lo que se gana

                                   (Frente a Antonio Machado)

Empezaré dejando las cosas claras:
yo canto lo que gano cada jornada.

De verso melancólico me libre Dios,
que de amable memoria es mi canción.

Voy sufriendo en la vida mis propias guerras
pero no quiero penas por compañeras.

Bien me sé lo que dejo y lo que llevo,
a todo lo que tengo saco provecho.

Mala amiga del hombre es la tristeza,
sobre todo si habita dentro de ella.

Nunca se pierde nada; cuanto se vive
es un don gratuito que nos redime.

Lo que se deja atrás, nunca es lo nuestro;
lo que se es se canta, ése es mi sello.



Septiembre

miércoles, 05 de septiembre de 2007 | Hay 2 comentarios

A veces la belleza paraliza. La realidad, cuando es bella y cuando nos tiene completamente sumidos en su goce, se parece a un sueño del que no se puede salir.

Septiembre me ha sumido en él. Las tardes son dulces y el mar aún perdura como una especie de espuma en mi memoria. Los abrazos irracionales de mi sobrino aún me aprietan el corazón y los largos días de conversación con mi mejor amigo me han devuelto una cierta extraña cordura que ya me hacía falta.

Las cosas malas que me ocurren en septiembre siempre me duelen menos. Es mi segunda Pascua y Dios se vale de cualquier mínima textura, luz o recuerdo para llegar a mí. Bastará el olor de los membrillos para reconciliarme con los frutos de la tierra y del cielo.

Doy por bueno todo, hasta la perdurabilidad del daño en las partes de mi alma que el pecado siempre aflige con pecado de tristeza.

Escribo esto mientras escucho a Dolores O´Riordan y su Ordinary Days. Sin embargo, los ordinarios días de septiembre no me dejan escribir lo que yo quiero decir realmente: todos los versos del verano me parecen absolutamente feos. Pero el verano ha sido muy hermoso y prefiero vivir la hermosura que escribir sobre ella o provocarla con artificios verbales. Así que hasta la falta de inspiración poética que arrastro me provoca un canto agradecido al Señor de la belleza, que ahora que me rodea de ella no me la deja decir.

 

Tan sólo una pregunta: ¿será que es necesario el dolor para ser poeta?