¿Quién será capaz de imitar en todo la virtud de este hombre? Podemos admirarla y a la luz de su ejemplo, apreciar la flojedad de nuestro tiempo
Testigos de canonización
Blog de: Fray Antonio Praena Segura, OP

Se fue la primavera

martes, 26 de junio de 2007 | Hay 1 comentarios

El calor ha llegado a Granada justo con el verano. Hemos sobrevivido a otra primavera.

Y no es poética, de verdad que la primavera -nos ahorraremos las citas- no es la estación preferida por los poetas. ¿Recuerdan aquello de abril, el mes más cruel...? Es una confabulación de vida cuando el cuerpo no puede resurgir.

De un lado, la naturaleza, independiente, tirana, desconociendo a la razón y al espíritu, puja y puja por todos sitios cíclica e irremediable. De otro lado, la pereza de renacer. Y el riesgo: de vuelta a casa hallo un pequeño pajarillo derrumbado sobre el asfalto. Las alas abiertas muertas y desplomadas. La falta de plumaje deja ver que no han podido resistir el primer vuelo. La naturaleza desconoce a sus criaturas y la muerte se muestra como la contrapartida cruel de la pujanza de la vida y sus primaveras. Pensemos que la triste estampa no es la del pájaro-niño muerto sobre el asfalto, sino la de la banalidad de su muerte: ¿para quién han sido sus cortos días? ¿Para que nació y saltó de su nido? Su muerte sin morirse. ¿Cuántos paseantes habrán pasado por su lado sin verlo? Lo miro mirándome.

La naturaleza es ciega. Sólo Dios no es ciego. Sus tristes segundos de vida sólo tienen sentido porque han sido tres inexplicables segundos de gloria de Dios. Tres segundos de gloria de Dios justifican el tiempo entero del universo. Y, si, además, alguien se da cuenta de ello, piensa en ello, la espesura de este descubrimiento bien compensa sobrevivir otra primavera.



Ultimus romanorum

miércoles, 13 de junio de 2007 | Hay 5 comentarios

Antes del examen final de Trinidad, celebramos el final de curso comiendo en un chino decente y baratito. Con el dinero que nos sobra decidimos tomar café y, como la Casa del Libro queda cerca, les propongo ir a la cafetería que esta librería tiene en la planta dedicada a la poesía. A mis alumnos les sorprende lo peculiar de una cafetería en medio de los estantes de libros. Una vez sentados, hago acopio de un par de poemarios, abro y les digo que les voy a leer un poema titulado Ultimus Romanorum.

¿Quién es el último de los romanos? –pregunto. Casi nadie sabemos de quien se trata. Pero el poeta se refiere a muchos últimos romanos: así es que, sin vergüenza ninguna, me pongo a recitar en voz alta ese poema que aúna la voz de S. Agustín con la de Robbie Williams y muchas otras referencias contemporáneas. El camarero mira divertido. Entre el café y la charla mis alumnos y alumnas ojeamos libros, especialmente esos que son tan caros y sólo se ojean en los estantes.

Son ellos los que tienen que abrir su camino a través del misterio para encontrar a Dios en cualquier sitio.

 

Yo me siento a gusto, porque, sin complejos, leemos en voz alta como estudiantes de teología que somos en medio de otros jóvenes que acuden a leer poesía mientras toman un café. Y porque ¿hay una manera más original de acabar el curso que enseñarles a mis alumnos que entre los paganos anaqueles también hay kilómetros de versos que aún aúllan por Dios y cantan, por ejemplo, palabras de S. Agustín al ritmo del último disco de Robbie Williams?



Manu Chao

miércoles, 06 de junio de 2007 | Hay 3 comentarios

Manu Chao no es un artista cristiano, ni siquiera creyente. Pero es un artista que a mí me gusta y que me provoca mucho. Creo que sus planteamientos pecan a veces de ingenuos y de dualistas: los malos y los buenos sabemos quienes son y están donde están. Pero cuando se pone a criticar es interesante seguirlo. Sobre todo porque refleja cómo la tradicional y antigua canción protesta ha quedado convertida en otra cosa, nada dramática, sino festiva y divertida en su denuncia y en su profundidad. El tema religioso siempre está presente y suele salir mal parado.

Acaba de publicar gratuitamente -en su web- un tema de su próximo disco: Rainin in Paradize. A mi me gusta su música; y  sus videos y su estética me divierten. Les pongo su último tema, a ver qué les parece. Pinchar aquí. Es donde se oye mejor.

Y para ver el video, pinchar aquí (ver vídeo) que es donde aparecemos los clérigos, aunque se oye un poco peor.



La abadía era bellísima

lunes, 04 de junio de 2007 | Hay 1 comentarios

Antes de dejar Valencia, he pasado a despedirme de mi amigo Jaime Siles. He ido a su despacho en la Facultad de Filología y me he despedido.

-Acabo de llegar de Austria. El congreso fue en una abadía bellísima. Un día ofició un prelado. –me dice.

Jaime Siles me rescató mi primer librito, Humo verde, de un cajón, camino de la basura. Yo compartía siempre el segundo libro. Pero él me dijo que el primero era más interesante. Más bruto, más espontáneo, más radical, más incisivo, fresco, original. Tenía más rabia: -no se parece a nadie. Y tenía razón, porque en cuanto empecé a moverlo tuvo accésit en el Premio Iberoamericano Víctor Jara. Así publiqué mi primer poemario, gracias a su consejo.

-Una abadía bellísima...

Desmentido el camino de una verdad una –troceada- y pisoteado el camino de la bondad –desmentida, humillada y desangrada-, se ha dicho que al intelectual contemporáneo sólo le queda el camino de la belleza para acercarse a Dios y al cristianismo. –La abadía era bellísima.

Yo sé que este análisis es mentiroso, pero Jaime repite una y otra vez que la abadía era bellísima.

Yo le estoy agradecido a Jaime, porque me mandó el original de Humo verde corregido y anotado desde Suiza: se lo tomó en serio siendo un tío muy ocupado –es también el que hace la crítica sobre poesía europea en el cultural del ABC todas las semanas, después de haber pasado por Babelia y El Cultural de El Mundo-. Pero hoy, de la belleza de la abadía no salimos.

¿Sólo le queda al cristianismo la belleza de sus abadías?

-... bueno Jaime, no trabajes tanto.

-Jeje, llámame cuando vuelvas a Valencia.

No sé si lo haré.