El trigo amontonado se pudre, disperso da fruto
Domingo de Guzmán
Blog de: Fray Antonio Praena Segura, OP

La infancia de Dios

miércoles, 26 de diciembre de 2007 | Hay 3 comentarios

¿Y qué le puede faltar a un Dios para arrojarse a este mundo a amar lo pequeño? ¡Desde Hegel se ha hablado tanto de la muerte de Dios!, de la debilidad que Dios elige al humanarse... Mas ¿por qué no hablamos de la infancia de Dios?: Dios ha sido niño.

Si en la encarnación Dios se ha unido en cierto modo a cada hombre, a todo lo humano se ha unido, y a cada niño que ha sido se ha unido, para empaparse de infancia también, para conocer todas las edades del hombre, del hombre de cada época y...

 

Sentir la mano de su madre María que lo lleva a la escuela...

 

El cansancio de un partido de futbol (-que anacronismo, ¿verdad?)...

 

Un beso sobre la herida de la rodilla...

 

El olor de los polvos de talco...

 

Los tirones del peine en el pelo...

 

El peso del cuerpo sobre las hojas crujientes...

 

El misterio de los nidos en los árboles...

 

Un dedo por un zapato roto...

 

Una carrera de caracoles...

 

El pasmo silencioso de una mañana nevada...

 

¿Sería demasiado ingenua una teología de la infancia de Dios, de la juventud de Dios, del vitalismo de Dios... ya que tanto se ha escrito de la pasión de Dios, de la muerte de Dios, de la temporalidad y debilidad de Dios? Tan ciertas son las unas como las otras: Feliz natividad de Dios siempre joven para todos.



"La Angelines"

lunes, 17 de diciembre de 2007 | Hay 6 comentarios

Todo mi discursito había ido de lo mismo: que si el hombre posmoderno, como es un ser fragmentado y del instante, no tiene una visión del tiempo y de la historia lineal ni proyectada hacia el futuro -propia del judaísmo, del cristianismo o del marxismo- y que por eso sobrevalora el instante, el aquí y ahora, la posible felicidad que pueda sacar de las cosas en su inmediatez. Que si la falta de fe en los proyectos de la modernidad, los cuales han mostrado su cara cruel, atroz, asesina en el siglo XX, ha hecho al hombre de hoy desconfiado para los grandes ideales, para las palabras mayúsculas, para la verdadera esperanza... etc.

 

Pero en ese momento Angelines se levantó y me dijo:

-Mira, curita mono y sabiondo:, ya tas pasao un rato. Si es verdad que esperanza no me sobra, digamos que mucha pues que no tengo, es porque estoy un poco hartilla de palabritas bonicas –los granadinos es que hablamos así- y no me da la gana que me engañen más. –Mu escéptica sí soy, pero ya que te fijas en todo, a ver si te das cuenta que mi escepticismo es pa proteger algo que quiero mucho ¿sabes? Espero más que tú, quiero más que tú, sueño más que tú y hago más cosas que tú.

 

Aunque al salir me dio un abrazo, llevo tres días con este lado del cuerpo agarrotado del golpe.

 

Toda lectura puede hacerse también a contraluz. Formas extrañas de esperar lo que parece no esperarse.



Blasfemar

martes, 11 de diciembre de 2007 | Hay 1 comentarios

No todo lo que se nos presenta como un descubrimiento lo es en su sentido más original.

 

Publica el último Babelia tres poemas inéditos de Rafael Alberti con ocasión del 80 aniversario de la generación del 27. Dos de ellos están fechados en 1920. El tercero no tiene año fijo pero queda datado poco tiempo después que éstos.

 

Ese tercer poema es de un blasfemo subido. La artífice del hallazgo lo sitúa en la estela de Sermones y moradas y como excluido seguramente por el propio autor por tremendamente irreverente. Escrito cuando Alberti acababa de sufrir una profunda crisis sin vuelta atrás, en este y otros poemas similares el poeta desecha las creencias en las que ha crecido para dejar paso a un sistema de irracionalismo poético y de provocación incendiaria y blasfema cuya huella se sigue en sus poemas de la Guerra Civil. La investigadora lo califica de poesía del conflicto.

 

No encuentro ni conflicto ni irracionalismo ni poesía en el poema. A lo sumo, desahogo sin más. Como si fuera un ejercicio que el sicólogo te manda para tu propio curamiento y que después has de romper como una parte más de la escritura misma: rajar un papel, tirarlo a la basura, forma parte del rito mismo de escribir; prolongación de la literatura, la papelera es a veces la mejor culminación de un poema.

 

Si no fuera porque Poeta en Nueva York de Lorca está compuesto entre 1929 y 1930, diría que el inédito de Alberti tiene pretensiones lorquianas. Pero el ridículo de dejar al descubierto las intenciones provocativas, por la mala calidad de los materiales empleados en la argucia, hace doblemente ridícula la empresa. Por algo el mismo Alberti lo excluiría.

 

No todo es un descubrimiento. La basura de los mitos sólo contribuye a mitificarlos más, sí, pero a costa siempre de nuestra dignidad de hombres corrientes que pierden la cabeza a cambio de una efímera pátina de erudición. No les quita valor a ellos, pero sí obliga a pensar en nosotros mismos. En deslindar el valor documental de algo de su valor artístico está la clave, así como en valorar al artista en sus justos términos de ser humano.

 

Me parece más interesante el retrato que, unas páginas más allá, hace Antonio Muñoz Molina del último Alberti: no tiene desperdicio.

 

Y aprovecho: a Babelia le importa cada vez menos la poesía y mucho más el mercado. Pero que mucho más.

 



Ni un cadáver nos es dado

domingo, 02 de diciembre de 2007 | Hay 3 comentarios

 

El Premio Cervantes de este año ha recaído en Juan Gelman. Era el candidato propuesto por Gamoneda, el ganador del año anterior, al parecer –méritos tampoco le faltaban- con todo el apoyo de Zapatero. Ya se ha anunciado la reforma del código por el que se rige la designación del jurado del premio más importante de las letras hispanas, actualmente fuertemente dependiente del gobierno de turno, a fin de democratizarlo. Bienvenida sea la reforma.

 

Yo me alegro del premio a Gelman por dos razones. Primera: por cruzar una vez más el Atlántico, pues en América están la fuerza mayor y el futuro del idioma español. Segunda: por tratarse nuevamente, sobre todo, de un poeta. Ante tanto exceso de palabrería, la poesía, la buena, sigue siendo el reducto de la palabra, el lugar de su pureza. Los lectores de poesía son una inmensa minoría. Pero la fuerza de ella va por delante abriendo siempre camino. Lo que permanece, dijo Hölderlin, lo fundan los poetas.

 

Conocí, poco y mal, la obra de Gelman hace unos años. Pensé, sinceramente, que era un poeta menor. Pero admiré el modo en que las circunstancias de su vida arrasaban en su poesía. Tanta ruptura y dolor en la persona entraban a romper la sintaxis de los poemas. Tanta persecución llenaba de abolladuras la semántica. Tanta asfixia y angustia buscaban una salida en los neologismos.

 

El asesinato de su hijo y la tortura de su nuera por parte de la dictadura argentina me impresionaron entonces. Ni tan siquiera le fue dado el cadáver del hijo. Y escribí un poema en el libro inédito Del libro de la Gloria que les ofrezco a continuación:

 

LOS DESAPARECIDOS

 

Recipientes mis manos de un tajo para la habitación de la ceniza

que no nos fue entregada.

Caña, madera, hueso: nada.

Astilla funeral sin relicario

es el dolor que no tendrá con duelo

el fruto de su vientre y su mortaja.

 

Tampoco así.

 

Nadie concede que lloremos.

 

Carne de amar que no madura puerta por si asoman:

como el ciervo:

con el ciervo:

ciervos ya como la aurora.